Tecnología

Por qué las reuniones por videollamada te resultan tan agotadoras

Por qué las reuniones por videollamada resultan tan agotadoras

Son muchas las personas que, tanto a nivel laboral como personal, se sienten totalmente exhaustas tras finalizar una reunión por videollamada en estos tiempos de coronavirus. ¿A qué se debe este fenómeno?

En estos días, confinados al interior de nuestros hogares para intentar frenar la masiva oleada global de contagios por coronavirus -actualmente se registran 2.972.315 casos confirmados en el mundo y 206.565 personashan perdido la vida-, la videollamada se ha convertido en un formato imprescindible para mantener el contacto con nuestros seres queridos, organizar quedadas de amigos o realizar reuniones de trabajo online. Alternativas como Zoom, aunque con peligros de privacidad y seguridad planeando sobre la app, permiten reunir incluso a 500 usuarios, constituyendo una opción muy atractiva para empresas de mayor tamaño.

Son miles de personas las que han reportado un excesivo agotamiento al colgar su videollamada. ¿Cuál es el motivo? En resumidas cuentas, tu rostro tiene que trabajar increíblemente duro cuando tiene una cámara delante. Por otra parte, interactuar virtualmente con los humanos comporta un gasto energético extra con respecto al cara a cara de carne y hueso.

Nueva York permite casarse a través de Zoom o Hangouts

Jeremy Bailenson, el director fundador del Laboratorio Virtual de Interacción Humana de Stanford, explicó a USA Today, que no hay nada natural en que una cara flotando en una pantalla te hable como si estuvieras allí mismo. Tu cerebro no está acostumbrado a tanto contacto visual directo, y las caras están mucho más cerca de lo que deberían, sin mencionar que están extrañamente agrandadas. Dicho de otra manera, tu cerebro entra un poco en pánico. “Nuestros cerebros han evolucionado para tener una reacción muy intensa cuando tienes una cara cercana a ti”, apunta el experto.

Cuando las personas interactúan en persona, el contacto visual es un poco más sutil, existen cambios de perspectiva y mayor contexto alrededor. Al exceso de contacto visual se suma la sensación de desconexión, algo que también explicó a la BBC Gianpiero Petriglieri, profesor de la escuela de negocios con sede en Europa Insead. “Nuestras mentes están juntas cuando nuestros cuerpos sienten que no lo somos”. Esa misma disonancia provoca que las personas tengan sentimientos conflictivos, no puedan relajarse en la conversación de forma natural y acaben agotadas. 

Además, Zoom y el resto de apps de videollamada provocan que el silencio, habitualmente una pausa natural y necesaria, se convierta en un momento tenso e incómodo. Iniciar la despedida también puede generar ansiedad. Además, para aquellos con terror a hablar en público, sentir la permanente mirada de decenas -o incluso cientos- de usuarios no es el mejor impulso para comunicar sus ideas.

Fuente | Mother Nature Network

Te recomendamos

Sobre el autor

Andrea Núñez-Torrón Stock

Licenciada en Periodismo y creadora de la revista Literaturbia. Entusiasta del cine, la tecnología, el arte y la literatura.