Todos percibimos los resultados de la digitalización en nuestras vidas: desde el mensaje de WhatsApp que llega a nuestro amigo hasta el programa de contabilidad de la empresa con que trabajamos, pasando por la película que vemos en Netflix o la app móvil de turno con que nos entretenemos en el bus.

Pero detrás de todo ello, si rascáramos la superficie, nos encontraríamos con el auténtico corazón de la era tecnológica en que vivimos. Son los centros de datos, el epicentro donde se almacena, procesa e intercambia una cantidad sin fin de información a cada instante.

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Existen ‘data center’ de muy diversa índole (los que poseen las grandes corporaciones o gobiernos, los que dan soporte a Google, Facebook y compañía o aquellos que alojan las páginas web que consultamos a diario) pero hay una tipología específica, los de ‘colocation’, que son donde se produce la verdadera magia de la transformación digital y la hiperconectividad.

¿La buena noticia? Madrid podría convertirse dentro de no demasiado tiempo en uno de los epicentros de esta industria a escala europea. A continuación explicamos el camino que nos ha llevado hasta este punto, la situación actual, perspectivas de futuro y retos para no perder la cabeza de este tren sin frenos y sin paradas intermedias.

De dónde venimos

Robert Assink, director general de Interxion en España, explica a Business Insider que el auge de Madrid como epicentro de los CPD de colocation tiene que ver, y mucho, con el despegue de los servicios cloud.

“Todo viene por la demanda y cada vez hay más grandes plataformas cloud públicas, la mayoría de ellas norteamericanas, que ofrecen economías de escala, menores servicios y una mayor capacidad para llevar las cargas críticas que antes estaban en entornos clásicos”, indica el ejecutivo. Ignacio Velilla, su homólogo en Equinix es de la misma opinión: “Cloud es un aliado. Las grandes empresas del IBEX ya empiezan a llevar sus cargas a la nube y en el 50% de los casos no tiene sentido que tengan su propio data center, por lo que los externalizan”.

Ambos se refieren al creciente rol de Amazon Web Services, Microsoft Azure o Google Cloud como modelo de despliegue tecnológico por defecto para las empresas. Todas ellas poseen grandes centros de hiperescala ubicados, principalmente, en EEUU. En Europa, suelen apostar por ubicaciones como las costas de Escocia o los países nórdicos, por el menor coste energético ya que pueden emplear la temperatura exterior como refrigeración natural.

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Pero, y si bien todos podemos conectarnos directamente a estos servicios a través de Internet, existen situaciones en las que se requiere un acceso directo a través de redes de comunicación específicas. Por ejemplo, cuando hablamos de cargas de trabajo críticas o que requieren poca latencia para funcionar, además de en aquellos casos que se combinan máquinas propias con estos servicios.

Y ahí es donde entran en juego los centros de datos de ‘colocation’, los cuales alojan máquinas privadas de muchas compañías (incluyendo estos grandes ‘players’ del cloud público) y proveen de esa conexión directa -gracias a una interconexión especial con distintos operadores de telecomunicaciones y los grandes cables submarinos que conectan digitalmente el mundo-.

Lo mismo sucede con los proveedores de contenidos online, como Netflix o Amazon Prime Video. Aunque disponen de grandes ‘data centers’ donde gestionan su información más sensible, necesitan de multitud de ubicaciones más cercanas al consumidor final desde las que poder entregar las series o películas con un mejor rendimiento.

“Todos ellos nacieron en Estados Unidos hace muchos años y dieron el salto a Europa hace siete o cinco años con el primer despliegue de infraestructura física en el centro del continente”, detalla Assink. “Fue así porque eran núcleos urbanos, donde había mucha concentración de PIB y gozaban de buenas comunicaciones digitales”.

Tal fue la concentración de centros de datos en algunas capitales europeas que incluso se llegaron a acuñar unas siglas específicas para ellas: FLAP. Y es que Frankfurt, Londres, Ámsterdam o París fueron los puntos neurálgicos en este primer estadio de la revolución digital.

Pero la tendencia está cambiando, moviéndose de Centroeuropa hacia la periferia. “Esas ubicaciones ya están muy concurridas. Hasta ahora, todas las rutas de comunicaciones habían ido por el hemisferio norte, conectando principalmente Reino Unido con EEUU, pero están colapsadas. Todos los nuevos proyectos de cables buscan llegar directamente al continente… y la forma más sencilla de hacerlo es a través de la Península Ibérica”, añade Velilla. A eso hemos de sumar el creciente desarrollo del norte de África o las buenas redes tiradas o en proyecto entre Latinoamérica y España, que nos convierten en la puerta de conexión con dos continentes más.

¿Por qué Madrid?

No en vano, los cables submarinos juegan un papel fundamental en el despliegue de los centros de datos de ‘colocation’, muy exigentes con ese acceso directo a redes de alta capacidad que permitan mover tráfico directamente y de forma segura desde un CPD a otro.

En ese terreno, España está muy activa últimamente. Así pues, nuestro país asiste al despliegue actualmente de tres nuevos cables submarinos que nos conectan con todos los rincones del globo: Marea (desplegado por Microsoft, Facebook y Telefónica, que nos une con EEUU), EllaLink (con Latinoamérica a través de Brasil) y Orval (con el norte de África, vía Argelia).

Todos ellos, junto al despegue del ‘cloud’ y el streaming que hemos mencionado antes, convierten a Madrid en un ‘hub’ perfecto para servir de punto de unión de todas esas redes y de los datos que transportan. A ello le unimos un mercado nacional de más de 46 millones de personas y tenemos la combinación perfecta para que las grandes compañías del mundo del CPD pongan sus miras en la capital española.

Pero, si los cables llegan a la costa… ¿por qué no instalar los centros de datos en alguna localidad con playa? “El punto de Europa donde entran más cables es Marsella: llegan desde Asia, Oriente Medio y este de África. Allí sí se ha instalado bastante ecosistema de ‘colocation’, pero en el resto de casos los cables luego siguen hacia otros sitios que no son el lugar de amarre, normalmente en el interior del país. En Madrid pasará lo mismo”, explica el responsable de Interxion.

Y es que, además de los cables, hacen falta dos cosas más. Primero, empresas locales que deseen llevar parte o toda su carga de trabajo a esta clase de instalaciones. Segunda, que los datos transmitidos por los cables puedan luego distribuirse rápidamente a través de los operadores de telecomunicaciones nacionales. Eso exige contar con un intenso nudo de redes que, en nuestro país, se concentra en Madrid.

Lo que vendrá

Con todo ello, la oportunidad que se le abre a Madrid para convertirse en ‘hub digital’ dentro del concurrido panorama europeo es indiscutible. Y las principales compañías del sector de los centros de datos se han dado cuenta de ello.

Actualmente, en Madrid solo operan dos de los grandes nombres globales (Equinix e Interxion), pero otros dos de los principales ‘players’ (Data4 y e-shelter) ya tienen planes para construir o comprar sus propias instalaciones en la capital.

Por su parte, Interxion abrirá el próximo mes de mayo su tercer CPD en Madrid, ocupado en su gran mayoría por una de estas plataformas de ‘cloud’ pública. La firma de origen holandés ha invertido 45 millones de euros en este ‘data center’, pero ya está pensando en el despliegue de un cuarto, si bien Assink no maneja todavía plazos concretos para el inicio de las obras.

Por su parte, Equinix es en sí misma un reflejo del ‘hype’ existente en torno a esta ciudad. Esta compañía entró en el mercado español hace no demasiado, en septiembre de 2017, cuando adquirió el proveedor local Itconic. Fruto de esta compra, la multinacional se hizo con dos CPD en Madrid, otro en Sevilla y otro en Barcelona.

Actualmente, Equinix está ampliando sus salas tanto del centro de Barcelona como del de Madrid, en donde se añadirán 5.000 metros cuadrados más de espacio para ubicar servidores de sus clientes actuales y futuros. Además, esta compañía es una de las favoritas -aunque Velilla ni confirma ni desmiente- a hacerse con el control del enorme centro de datos que Telefónica construyó en Alcalá de Henares y que la ‘teleco’ nunca ha logrado rentabilizar.

Los retos

Un brillante camino por delante que no está exento de ciertos retos que todavía lastran la competitividad de nuestro país a la hora de atraer inversiones destacadas en el segmento de los centros de datos.

La primera de estas barreras tiene que ver con la capacidad eléctrica que ha de alimentar estas instalaciones tan demandantes de energía. “No estamos totalmente preparados”, denuncia Robert Assink. “Los planes energéticos en Madrid se configuran cada cinco años, mientras que los planes de desarrollo de un CPD son de 12 meses. En París, por ejemplo, se puede ejecutar un proyecto de este calado en apenas dos años, pero aquí tenemos mucha incertidumbre sobre la energía”.

En esa misma línea, Ignacio Velilla reconoce que se necesita un “complejo encaje de bolillos” en materia energética, que supone entre el 30% y el 35% del coste de despliegue de una plataforma en estas instalaciones.

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Lo que es más grave, en opinión del responsable de Interxion, es que este problema no depende únicamente de la buena voluntad de las eléctricas, sino de la compleja maquinaria burocrática de nuestro país: “La planificación depende de muchos ministerios, incluso del de Medio Ambiente, porque nadie tiene una competencia completa en esta materia”.

Otro factor que podría marcar, a corto plazo, la velocidad de crucero a la que crece Madrid como ‘hub digital’ es el ‘brexit’. Sobre este punto, el director de Equinix afirma que no se está notando demasiado desplazamiento de cargas de trabajo desde Reino Unido a España pero sí a la inversa, “compañías españolas que antes tenían menos miedo a usar Amazon Web Services o Azure en Reino Unido pero ahora están haciendo presión para que esos hiperescala se trasladen a España”.

Y para atraer ese interés de los colosos digitales, Velilla reclama que “compitamos en igualdad de condiciones con otros países”. Exige, al respecto, que nuestro país equipare las exenciones fiscales que ofrece Francia para atraer a las multinacionales norteamericanas.

*Artículo original publicado en Business Insider