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2019 batió récords de residuos electrónicos: casi 54 millones de toneladas métricas

residuos electrónicos

La problemática en torno a los residuos electrónicos y su escaso reciclaje engorda cada año: según el Global E-Waste Monitor 2020, el año pasado el mundo generó 53,6 millones de toneladas métricas de desechos electrónicos, un nuevo récord.

Neveras, aparatos de aire acondicionado, portátiles, tabletas y smartphones son desechos electrónicos que no paran de crecer, comportando un grave problema de sostenibilidad que se contrapone a las expectativas de economía circular para los próximos añosEn 2019 los residuos tecnológicos han crecido en un 20%, rebasando récords y sumando un total de 53,6 millones de toneladas métricas. Ya son el flujo de desechos domésticos de más rápido crecimiento en el mundo.

Los datos se extraen del Global E-Waste Monitor 2020, un nuevo informe de las Naciones Unidas, la Unión Internacional de Telecomunicaciones y la Asociación Internacional de Residuos Sólidos. Es la tercera iteración de un informe global sobre desechos electrónicos y parte de un esfuerzo por cuantificar la cantidad de desechos electrónicos generados por cada país y las brechas. El volumen generado en 2019 equivale al peso de 350 cruceros del tamaño del Queen Mary 2, y supone un 21% más que la producción mundial de desechos electrónicos hace cinco años.

El mayor problema es que solamente se recicla en torno a una quinta parte de estos restos de aparatos: en 2019 únicamente el 17.4% fue recolectado y reciclado, según el informe. En todo el mundo, muchos países y ciudades carecen de la infraestructura de reciclaje necesaria para manejar este tipo de desechos, especialmente por su carácter laborioso y los elevados costes que implica.

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En África y Asia, los recicladores a menudo desmantelan la electrónica, pero esa práctica puede ser peligrosa tanto para su salud como para el medio ambiente. Además, solamente escogen las piezas más rentables, y suelen carecer de apoyos gubernamentales. A este problema se suma el de la obsolescencia programada, que acorta la vida útil de los productos y genera una insostenible voracidad y reemplazo de los productos electrónicos.

Las consecuencias de un reciclaje inadecuado o la ausencia del mismo implica que componentes tóxicos no se tratan adecuadamente, además de las emisiones liberadas a la atmósfera. El informe estima que en 2019 los refrigeradores y aires acondicionados desechados incorrectamente liberaron un total de 98 millones de toneladas de equivalentes de CO2 a la atmósfera. Dicha cantidad representa el 0.3% de todos los gases de efecto invernadero liberados en 2019. La pequeña cantidad de desechos electrónicos reciclada en 2019 impidió la emisión de 15 millones de toneladas de CO2.

“Si no podemos reciclar los desechos electrónicos, tampoco devolveremos los materiales al ciclo, lo que significa que tenemos que extraer nuevas materias primas”, dice Forti. Con cada dispositivo electrónico que no se recicla, no se recuperan materiales como el oro, la plata y el platino, lo que se traduce en una pérdida monetaria valorada en 57.000 millones, además del grave impacto para el medio ambiente y el agotamiento de los recursos natruales.

Los países han comenzado a adoptar políticas nacionales de desechos electrónicos, pero actualmente solo 78 tienen alguna legislación o regulación vigente. Sin más acción global, los expertos predicen que en 2030 el mundo generará más de 74 millones de toneladas métricas de desechos electrónicos.

Fuente | Fast Company

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Sobre el autor

Andrea Núñez-Torrón Stock

Licenciada en Periodismo y creadora de la revista Literaturbia. Entusiasta del cine, la tecnología, el arte y la literatura.