Tecnología

Alargar un año la vida de los gadgets evitaría 4 millones anuales de toneladas de CO2

Obsolescencia

Es preciso combatir la obsolescencia programada de forma urgente. Un nuevo estudio revela que extender la vida útil de smartphones y otros dispositivos electrónicos en solo un año ahorraría a la UE tantas emisiones de carbono como sacar 2 millones de coches de las carreteras.

La obsolescencia programada se trata, según la definición de Economipedia, de la programación de la vida útil de un producto, para que este se vuelva inútil en un periodo de tiempo determinado previamente. El límite también puede marcarse en torno al número de usos, por ejemplo, una impresora que tras imprimir diez mil copias deje de funcionar.

La avaricia empresarial, la falta de ética y el consumismo se unen para incentivar a la población a tener siempre el último y costoso terminal móvil, renovar electrodomésticos antes de que se estropeen o cambiar de portátil cada dos años. Sin embargo, el daño medioambiental con estas acciones es gravísimo. Ahora, un grupo de expertos han evaluado los beneficios climáticos de hacer que los teléfonos inteligentes, computadoras portátiles, lavadoras y aspiradoras de Europa sean más duraderos.

El estudio encontró que extender cinco años la vida útil de las existencias de estos productos ahorraría casi 10 millones de toneladas de emisiones de CO2 al año para 2030. Esto es equivalente a sacar 5 millones de automóviles de las carreteras durante un año, aproximadamente la cifra completa de automóviles matriculados en Bélgica. Incluso prolongar la vida útil de estos aparatos electrónicos durante un año daría como resultado 4 millones de toneladas de ahorro de emisiones.

“Este estudio es una prueba más de que Europa no puede cumplir con sus obligaciones climáticas sin abordar nuestros patrones de producción y consumo”, dijo Jean-Pierre Schweitzer, experto en políticas de productos de la Oficina Ambiental Europea (EEB). Para fabricar estos gadgets se invierte una gran cantidad de energía y recursos, tanto para la producción como para la logística.

¿Podemos escapar de la obsolescencia programada?

Con una vida media de tres años, la producción de los teléfonos inteligentes de Europa tiene el mayor impacto climático entre los productos analizados. Las ONG estimaron que el ciclo de vida completo de nuestros teléfonos es responsable de 14 millones de toneladas de emisiones (CO2eq) cada año, lo que es más que el presupuesto de carbono de Letonia en 2017. Incrementar su vida útil en solo un año ahorraría más de 2 millones de toneladas de emisiones, según detalla el informe.

“El impacto climático de nuestra cultura de teléfonos inteligentes desechables es demasiado alto. No podemos permitirnos seguir reemplazándolos cada pocos años. Necesitamos productos que duren más y que puedan repararse si se rompen ”, dijo Schweitzer. El estudio coincide con el crecimiento del movimiento por el Derecho a la Reparación en Europa, que busca contrarrestar la obsolescencia programada y el reemplazo prematuro de dispositivos.

Aunque es complicado conseguir pruebas de que las compañías están acortando deliberadamente la vida útil de los productos electrónicos, la proporción de dispositivos defectuosos que son reemplazados por los consumidores creció de 3.5% en 2004 a 8.3% en 2012, según esta investigación. 

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Crédito: CoolProducts

Recientemente, las ONG lograron impulsar una regulación a nivel de la UE destinada a extender la vida útil de un pequeño grupo de productos, incluidos televisores, refrigeradores, lavadoras, lavavajillas y productos de iluminación.

A partir de 2021, los fabricantes deberán asegurarse de que estos productos puedan desmontarse fácilmente y deberán poner a disposición de los reparadores profesionales la información sobre repuestos y reparaciones. También se espera que la normativa sea adoptada oficialmente por la Comisión Europea este otoño.

Puedes encontrar el estudio completo en el siguiente enlace.

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Sobre el autor

Andrea Núñez-Torrón Stock

Licenciada en Periodismo y creadora de la revista Literaturbia. Entusiasta del cine, la tecnología, el arte y la literatura.