Las pruebas recopiladas a lo largo de 10 años por Lonnie Thompson, profesora e investigadora de la Escuela de las Ciencias Terrestres de la Universidad de Ohio confirman que los glaciares tropicales desaparecerán en menos de una década.

Y sus declaraciones son igual de sombrías: “es como observar a un paciente de cáncer terminal, documentar los cambios en su cuerpo, y no poder hacer nada para salvarlo“.

Lonnie Thompson ha estudiado durante diez años los glaciares de Papúa Nueva Guinea, en Indonesia, y ha documentado los cambios. En la foto de apertura de la noticia se puede ver uno de estos glaciares de Papúa en 2010, a la izquierda, y el mismo glaciar en 2019. Pese a que comenzó a derretirse hace 150 años, en solo 10 años ha perdido la mitad de su superficie helada.

Lonnie Thompson y su equipo han estado haciendo perforaciones en los glaciares de Indonesia los últimos 10 años, y han comprobado que la capa de hielo se derrite a un ritmo de un metro de profundidad al año. Entre 2010 y 2018 la superficie de los glaciares indonesios se ha reducido un 75%.

Los glaciares derretidos del Himalaya liberan contaminantes acumulados hace décadas

Los glaciares tropicales son los que se encuentran situados en las montañas de los Trópicos, entre las montañas del Himalaya y los Andes. Y son los primeros que se derretirán por completo, antes que los de los Polos.

Al ritimo actual de deshielo, la profesora Lonnie Thompson afirma que todos los glaciares tropicales se derretirán en menos de 10 años. Su deshielo está asociado al fenómeno climático de El Niño, que aparece en ciclos de entre 3 y 8 años, y calienta las aguas del Pacífico. En las últimas décadas su aparición se ha acelerado, por culpa del cambio climático.

Además de ayudar a mantener el equilibrio climático y de los ecosistemas locales, los glaciares evitan que crezca el nivel del mar. Una tercera parte de la subida del nivel del mar, se debe al deshielo de los glaciares.

Pero no solo los situados en los Trópicos están desapareciendo. El glaciar Ok, en Finlandia, ya ha sido declarado oficialmente muerto.

Los avisos de la comunidad científica son constantes y desesperados, pero los políticos miran hacia otro lado. ¿Hasta cuándo?