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Cómo saber si merece la pena comprar un coche diésel o gasolina

Cómo saber si merece la pena comprar un coche diésel o gasolina

Sintetizamos algunas de las claves para saber si merece la pena comprar un coche diésel o gasolina teniendo en cuenta las ofertas y precios disponibles en el mercado en la actualidad.

Híbridos, híbridos enchufables, eléctricos, Gas natural comprimido o licuado… Ya existen muchas alternativas a los coches de gasolina y diésel. Pero ¿es verdad que tienes que olvidarte de estas últimas opciones? Y, sobre todo, ¿tienes que enterrar definitivamente el diésel? Pues, como todo, DEPENDE. En este caso, de estos 10 factores que te explicamos aquí, porque, tendencias aparte, la clave no es que el diésel ya no esté de moda o que “ya no merece.

¿Qué le sucede a tu vehículo si repostas biodiésel o diésel azul?

la pena” (puede que hasta descubras que a ti nunca te ha rentado tener uno, en realidad). La cuestión ahora es que mires con lupa tus propias necesidades y des un repaso a tu presupuesto, a las ofertas del mercado, a los trayectos que vayas a hacer, a la previsible subida del litro del gasóleo y a las restricciones de circulación que se están imponiendo en las ciudades de España y Europa. De hecho, siempre habría que ponerse a echar números antes de plantearte tu próxima forma de movilidad (si es en propiedad o si es en régimen de renting, leasing, coche compartido, alquiler por uso…). Pero en el caso de un vehículo diésel, como verás, ahora es más necesario que nunca sacar la calculadora, tanto si tu próximo compañero de kilómetros va a ser nuevo o de segunda mano. ¡Ánimo!

1. Ofertas

Como el diésel es el malo de la peli, ahora abundan las promociones. Además, la llegada del protocolo de medición de emisiones WLTP (1 de septiembre) hace que los fabricantes se tengan que quitar de encima mucho stock de coches que desde esa fecha rebasarán los 120 g/ km. Recuerda que no superarlo te ahorra el impuesto de matriculación.

2. Kilometraje anual

Tradicionalmente, se hablaba de que si hacías menos de 20.000 km al año, no te merecía la pena el sobreprecio de comprar un coche diésel. ¿Y ahora? Verás en el punto 3 que este límite debería subir, porque si bien el coste de adquisición ha bajado, se prevén incrementos inminentes en el precio del gasóleo.

3. Precio del gasóleo

Tal y como te contábamos semanas atrás, el nuevo Gobierno de Pedro Sánchez, siguiendo los Presupuestos Generales del Estado aprobados por el anterior Ejecutivo del PP, está revisando todos los impuestos medioambientales. El objetivo es recaudar 2.100 millones de euros y reducir las emisiones contaminantes, lo que afecta directamente al coste anual que supone conducir cualquier motor de combustión (tanto si funciona total o parcialmente -híbridos- con gasolina como si lo hace con gasóleo). Así pues, si se acaba el privilegio impositivo del gasoil y las cosas se igualan, cuidado al echar cuentas: en algunas Comunidades Autónomas el litro del diésel podría llegar a encarecerse hasta en 15 céntimos, nada menos.

4. Tipo de trayecto

Antes y ahora, por mucho que los motores diésel hayan evolucionado, su configuración los hace más sensibles a los recorridos cotidianos de pocos kilómetros, pues tardan algo más en alcanzar su temperatura óptima de funcionamiento. Así, arrancarlos a diario varias veces en poco tiempo para trayectos cortos hace que envejezcan precozmente.

5. Válvula EGR

Desde 1996, la Unión Europea obliga a que todos los coches de combustión diésel nuevos lleven una válvula EGR (siglas que responden, en inglés, a Exhaust Gas Recirculation) y que también es un elemento delicado de mantener, revisar y reparar, por lo que tienes que tenerla muy en cuenta a la hora de echar la ídem y calcular gastos. Como puedes ver con más detalle en el gráfico, la función principal de este componente es hacer que los gases de escape regresen a los cilindros y vuelvan a ser empleados en la combustión, para que los residuos resultantes contaminen menos. ¿Problema? Que si trabaja a bajas revoluciones por minuto (de nuevo, en trayectos cortos, por ejemplo) y a una temperatura de rendimiento no óptima (punto 4), puede sufrir en exceso, y la reparación pueden ser varios cientos de euros.

6. Revisiones

Debido a la tradicional complejidad de los diésel (en parte, la mencionada válvula EGR u otros elementos de eficiencia -y ecología- como los biturbos…), lo normal es que las revisiones de un vehículo de gasóleo sean un tanto por ciento más caras respecto a las de un modelo de gasolina equivalente. Y, de nuevo, esto es algo que durante años ha pasado desapercibido en los cálculos que hacían los potenciales clientes de los diésel.

7. ITV

Depende de la Comunidad Autónoma, pero en la mayoría de ellas, pasar la Inspección Técnica de un diésel sale más caro que en un mismo modelo de gasolina (puedes comprobarlo tú mismo en la web www.aeca-itv.com). Y cuidado, porque ahora, desde el pasado 20 de mayo, la normativa europea al respecto, que ya se aplica en las estaciones españolas, exige que la válvula EGR funcione correctamente en los coches que la lleven. Y de nuevo, esto supone la enésima desventaja económica respecto a los coches de gasolina a la hora de lo que aquí nos importa: que eches números respecto a los costes anuales a los que te vas a enfrentar.

8. Turbo

Uno de los máximos responsables de la fiebre de los diésel fue la generalización del turbocompresor para animar la respuesta de unas mecánicas que históricamente habían resultado pesadas y perezosas. Con los años, ya fuera por un diseño erróneo, por falta de mantenimiento (aceite de mala calidad) o por un uso inadecuado por parte de sus neófitos (no dejar enfriar el sistema al ralentí, después de recorrer muchos kilómetros), en muchos modelos, los turbos morían prematuramente: los gases a alta temperatura se quedaban en el sistema, deformaban las aspas (álabes) de la turbina que da nombre a este elemento. Con el tiempo, los motores sobrealimentados así han mejorado mucho, pero, igual que en el caso de las EGR, este elemento, si ‘se va’, supone una avería muy cara.

9. Restricciones

Por si fuera poco todo lo anterior, recuerda que los diésel también están en el punto de mira de la Administración pública a la hora de diseñar modelos de movilidad para luchar contra la contaminación. Así, mientras que en mercados como el estadounidense se ha apostado siempre por los vehículos de gasolina (con el consiguiente problema de las emisiones de CO2), el hecho de que en Europa se haya favorecido el diésel ha provocado un alarmante incremento de las partículas de óxido de nitrógeno (NOx). Para revertir esto, en países como España ya se están poniendo en marcha restricciones al tráfico en las ciudades para los coches más contaminantes, en base a las nuevas etiquetas energéticas impuestas por Tráfico. Y esta tendencia parece imparable…

10. Electrificación

Al echar números también hay que distinguir entre los diésel antiguos (mira el recuadro de abajo sobre los coches usados) y los de última generación.  Buena parte de estos últimos cuentan ya con sistemas de electrificación con los que se consigue una gran reducción del consumo y de las emisiones oficiales de partículas contaminantes (al menos, con el protocolo NEDC que será reemplazado en septiembre por el citado WLTP). Por eso, podrían prohibirte circular por la ciudad con un tu pequeño utilitario diésel actual y sí dejarte hacerlo con una berlina de tres litros TDI… que tenga la pegatina ‘ECO’ en el frontal.

*Artículo original publicado en Autobild.es

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