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Así funciona de verdad el algoritmo de Tinder, según una investigación

Así funciona de verdad el algoritmo de Tinder, según una investigación

La periodista Judith Duportail ha publicado un ensayo donde narra su investigación para lograr entender cómo funciona Tinder: El algoritmo del amor. Entrevistó al CEO de la compañía, habló con investigadores, sociólogos y hackers hasta lograr acceder a parte del algoritmo.

Judith Duportail, periodista con artículos publicados en The Guardian, Slate o Aeon, ha escrito el ensayo El algoritmo del amor. En el libro trata de desenmascarar cómo es el algoritmo que utiliza Tinder y si es cierto que la red social puntúa a los usuarios.

La plataforma es una de las grandes redes sociales hoy día y pertenece a Match Group, propietaria también de otras redes similares como OkCupid, PlentyOfFish, Hinge y Match.com. Esta aplicación es uno de los modos de ligar preferentes de universitarios y jóvenes profesionales.

La periodista, usuaria de Tinder, decidió investigar por qué se estaba transformando en una adicta, así como lo que se escondía tras la red social.

Existen dos temas que le interesaban aparte de la investigación por su calificación en Tinder: qué se hace con la vasta cantidad de datos privados que recopila la empresa y la ideología que subyace tras el algoritmo.

Según Cathy O´Neil, autora de Armas de destrucción matemática, los algoritmos mantienen los sesgos de quien los escribe y no son objetivos: no existe un determinismo ni azar. Tinder, al igual que cualquier otro programa, guarda una perspectiva social detrás.

Un hacker consiguió que 800 usuarios de Tinder ligasen entre ellos sin saberlo

Durante su investigación, logró entrevistar a Sean Rad, CEO de la plataforma. Desde el primer momento, los relaciones públicas le avisaron de que no preguntase por el tema de la puntuación que la red social supuestamente ponía a sus usuarios: la puntuación Elo. Durante la misma entrevista no consiguió aclarar ningún punto de interés y le obligaron a acabar en cuanto intentó adentrarse en algún punto polémico.

Para poder entender mejor qué información guardaba Tinder de ella, solicitó su registro de actividad. Se puede pedir el historial personal en cualquier red social que opere en España. La periodista recibió un informe de 800 páginas.

Su sorpresa al ver las veces que había interactuado con otros usuarios fue importante, aunque calculaba que había hablado con 50 personas, en realidad lo hizo con 870.

También contactó con un hacktivista que había diseñado una herramienta para saber el porcentaje de match de las fotografías. Lo primero que necesitó el investigador es que la foto de la autora apareciese en su red social, algo sencillo tras crear un perfil con las mismas aficiones y estudios que ella. Al pasar decenas de perfiles lograron que Tinder mostrase su perfil.

Con este dato, al aplicar el software extrajo el success rate: 0,550509… O lo que es lo mismo, el 55% de los hombres daban match a su fotografía.

El algoritmo de Tinder al descubierto

Cuando Judith Duportail estaba cerrando su investigación logró acceder a lo que tanto deseaba.

Una estudiante le transmitió su descubrimiento, parte del algoritmo de Tinder se encuentra en Google Patent bajo el nombre: Matching Process System and Method. Este es uno de los varios registros de patentes que se pueden encontrar sobre la aplicación y que todavía están disponibles.

En las explicaciones de las patentes, los creadores de Tinder utilizaron los nombres Harry y Sally en los ejemplos sobre su funcionamiento, como la famosa película Cuando Harry encontró a Sally.

Comprobó que los datos para cruzar perfiles se basan en palabras clave de las descripciones, reconocimiento de los elementos que hay en las fotografías (si aparece una guitarra, es posible que te cruce con aficionados a la música) y todos los datos que puedan extraerse de la biografía o la información que se recibe al permitir que se enlace con el perfil de otra red social.

Según la patente, Tinder tiene que transmitir “la sensación de que ha intervenido el destino” al encontrar a alguien con los mismos gustos.

Pero no todo es tan sencillo, también existe un análisis de las frases, la cantidad de palabras que se utilizan o el léxico y estilo, un análisis que puede “utilizarse para precisar el CI de un usuario, su nivel escolar o su estado emocional”.

En cuanto a la existencia de una puntuación, el servidor se puede configurar para analizar el porcentaje de éxito de un perfil porque “las personas con el mismo nivel de atractivo son más susceptibles de entenderse”.

Pero no es tan clara la información encontrada por la autora. A la hora de poner ejemplos de aspectos a tomar en cuenta, también existen unos baremos sociales.

Por ejemplo, si Harry tiene 10 años más, gana más y tiene más estudios que Sally, la puntuación aumentará las probabilidades de que ella aparezca en los resultados de él. En cambio, a la inversa no ocurrirá: a la mujer más mayor, formada y con más ganancias no le aparecerán hombres más jóvenes. No existe reciprocidad y se valora la juventud de una mujer como un plus para los hombres.

Existen otras muestras que finalmente resumen que la patente de la que nació se ve lastrada de prejuicios que, entre otros aspectos, pueden ser machistas o clasistas al valorar la inteligencia de los usuarios.

La investigación se cierra con la sensación de que se mantienen los sesgos y el comportamiento patriarcal de la sociedad en el diseño de Tinder. Está lejos de ser una red social de perspectiva feminista.

*Artículo original publicado por Ekaitz Ortega en Business Insider

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