Seguridad

Sexualidad y privacidad en la era de los robots fetichistas

Aunque a muchos nos pueda sorprender, mente puritana mediante, lo cierto es que el sexo es uno de los motores para la innovación más destacados que existen: ha sido una de las primeras industrias en adoptar la realidad virtual de forma masiva en los contenidos pornográficos, de gestionar el fenómeno online para conseguir citas o de explotar funcionalidades como los mensajes autodestructivos de Snapchat. Por no hablar del Internet de las Cosas (con accesorios eróticos conectados a Internet) o los incipientes robots sexuales: la rueda de la creatividad digital no cesa en este terreno.

Pues bien, no todo es color de rosa entre las sábanas de este ámbito de nuestras vidas. Y es que, conforme se digitaliza y se dota de mecanismos de control digital a un aspecto tan privado e íntimo, también se abren las puertas a que éste deje de ser tan exclusivo de nosotros. Algunos riesgos de ello ya han sido sobradamente comentados y documentados, como los riesgos inherentes a compartir (o siquiera guardar) imágenes de contenido erótico en nuestros smartphones: famosos como Jennifer Lawrence y muchos otros sufrieron las consecuencias a raíz de un hackeo a sus cuentas de iCloud, que acabó con cientos de fotografías que nunca deberían salir de la alcoba… accesibles por todo el planeta.

Pero otros riesgos todavía son incipientes y potencialmente más graves para la reputación personal de muchas personas. Y es que, ¿qué ocurrirá cuando estos mismos delincuentes tengan acceso no solo a imágenes de nuestra parcela más privada sino que también puedan grabarnos o chantajearnos con nuestros secretos sexuales?

IoT y ciberseguridad

El peligro es similar al que ya se está advirtiendo en el uso de juguetes conectados por parte de los más pequeños: al ser dispositivos conectados a Internet, con acceso a sus datos a través de plataformas cloud en muchos casos, y con políticas de seguridad que no siempre son las óptimas, un ciberdelincuente podría acceder al control de los dispositivos y usarlos a su antojo.

No hay evidencia de la utilidad terapéutica de los robots sexuales

En el caso de consoladores conectados o robots sexuales (que incorporan micrófonos y cámaras para personalizar la experiencia), la aplicación ‘empresarial’ inmediata de estos hackers podría ser la de comprometer los dispositivos para grabar vídeos sin el consentimiento de la persona y poder, de este modo, chantajear a posteriori a la persona en cuestión. O, simplemente, registrar sus hábitos de uso -especialmente si se trata de algún objeto fetichista- para explotar nuestro lado más vergonzoso.

El extremo de esta preocupación lo plasmó recientemente el conferenciante experto en seguridad Nick Patterson, quien alertaba incluso de la posibilidad de que los futuros robots sexuales acaben por ser asesinos casi ideales. Al fin y al cabo, se trata de máquinas perfectamente imperfectas (susceptibles a un ciberataque), gozan de un extraordinario nivel de proximidad física a humanos que se hallan en una situación muy vulnerable (en pleno acto sexual, desnudos e indefensos). Quién sabe si tendremos algún fenómeno de esta índole en un futuro no tan lejano…

Pero hay más

Esta es solo la punta de lanza de muchos más riesgos inherentes a la era digital en el plano sexual. Hoy en día,  ya se suceden los escándalos a causa de la ‘sextorsión’: el acto de denigrar, chantajear u obtener algún beneficio con motivo sexual. Más grave si cabe porque sus víctimas suelen ser menores o jóvenes con poca experiencia, tanto sexual como a la hora de enfrentar un hecho así delante de sus progenitores y otros adultos.

Sobre el autor

Alberto Iglesias Fraga

Periodista especializado en tecnología e innovación que ha dejado su impronta en medios como TICbeat, La Razón, El Mundo, ComputerWorld, CIO España, Business Insider, Kelisto, Todrone, Movilonia, iPhonizate o el blog Think Big, entre otros. También ha sido consultor de comunicación en Indie PR. Ganador del XVI Premio Accenture de Periodismo, ganador del Premio Día de Internet 2018 a mejor marca personal en RRSS y finalista en los European Digital Mindset Awards 2016, 2017 y 2018.