Salud

Qué es el ‘síndrome del edificio enfermo’ y cómo afecta a nuestra salud

En 1982, la OMS definió el Síndrome del Edificio Enfermo como un conjunto de molestias y enfermedades ocasionadas por la mala ventilación, la descompensación de temperaturas, las cargas iónicas y electromagnéticas, las partículas en suspensión, los gases y vapores de origen químico y los bioaerosoles, entre otros agentes causantes.

Con la salvedad de aquellos que desempeñen trabajos al aire libre y los que disfruten de las ventajas del teletrabajo, el resto de los mortales nos refugiamos durante ocho horas diarias en una oficina para ganarnos nuestro salario. Oficinas que pueden ser clásicas o modernas, situadas en el centro de las ciudades o en polígonos empresariales diseñados para tal fin, con grandes ventanales o sin apenas vistas. Una variedad sin fin que nos muestra espacios laborales para todos los gustos. Solo hay un tipo de oficinas que no le gusta absolutamente a nadie: las que se encuentran en los ‘edificios enfermos’.

Tal y como lo leen: no solo las personas, animales y plantas pueden enfermar. Y es que, en muchas ocasiones, los edificios de vanguardia que sirven de sede a las principales compañías del país producen tal cantidad de problemas de salud a sus ocupantes que acaba por considerarse a las propias instalaciones como el ‘paciente cero’ de todo ello. Ese compendio de síntomas médicos desagradables -que van desde simples mareos o cansancio extremo a problemas de la piel o presión en el pecho, pasando por una amalgama de otras dolencias- es lo que se conoce como el ‘síndrome del edificio enfermo’.

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Aunque no se trata de un problema de salud grave, los inconvenientes que causa el síndrome del edificio enfermo son extraordinariamente molestos para los trabajadores de esas oficinas. Máxime cuando todos los síntomas remiten al abandonar las instalaciones e incluso pueden desaparecer durante las vacaciones o al cambiar de empleo. Y como nadie merece que su salud se resienta cuando debería estar trabajando y siendo productivo, a continuación profundizamos más en torno a este curioso y desagradable fenómeno.

¿Qué es?

En 1982, la OMS definió el Síndrome del Edificio Enfermo como un conjunto de molestias y enfermedades ocasionadas por la mala ventilación, la descompensación de temperaturas, las cargas iónicas y electromagnéticas, las partículas en suspensión, los gases y vapores de origen químico y los bioaerosoles, entre otros agentes causantes que producen en al menos un 20% de los habitantes un conjunto de síntomas sin que sus causas estén bien definidas.

Eso sí, hay que hacer varias diferenciaciones para ser precisos en este tema. La primera es clasificar correctamente las “enfermedades ligadas al edificio” (que son enfermedades claras y diagnosticables provocadas por factores obvios, como pueden ser agentes contaminantes o tóxicos existentes en el aire de una fábrica) y el síndrome del edificio enfermo (cuyas causas no son tan definidas y no provocan ninguna dolencia o lesión obvia, sino que se suele diagnosticar por exclusión). En segundo lugar, hemos de discernir entre los edificios “temporalmente enfermos” (por ejemplo, cuando un edificio nuevo o recién remodelado produce estos problemas durante 6 meses aproximadamente) y los que están enfermos de manera permanente (en los que no se solventa el problema ni aunque se tomen medidas correctivas).

Según otras fuentes, en España se ha determinado que un 30% de las oficinas padecen el Síndrome del Edificio Enfermo de forma permanente y que han generado en estos síntomas, que no son graves, pero sí muy molestos.

Las dos principales causas del síndrome del edificio enfermo tienen que ver con la ventilación y con las cargas eléctricas que se mueven por el espacio. En torno al primer aspecto, los niveles de humedad inferiores al 40% y superiores al 60% dentro de la oficina o la vivienda pueden suponer un problema para la salud de las personas que frecuentan estas instalaciones.

Muchas oficinas no permiten abrir las ventanas, lo cual impide que circule el aire, por lo que si las condiciones del aire dentro de las instalaciones no es la óptima, pueden propagarse estos problemas. Normalmente, el aire de las oficinas se renueva de manera muy dificultosa, con lo que acumula microorganismos, se contamina con óxido depositado en las áreas de distribución, gases químicos, bacterias, humos, polvo, moho, hongos, insectos y escombros del interior de las paredes.

En torno al segundo aspecto, se cree que las personas sensibles a las cargas electromagnéticas pueden verse afectadas por oficinas donde el tradicional mobiliario de madera ha dado paso a obras de diseño basadas en metal, donde se esconde la electricidad estática. Eso, unido a la proliferación de equipamiento electrónico, puede alterar su estado y recrudecer los síntomas de cualquier sensibilidad de esta índole.

¿Cómo nos afecta?

Los síntomas más habituales que presentan las personas que viven o trabajan en edificios enfermos son irritación de la nariz, mucosidad, sequedad nasal, congestión o tos; molestias oculares como irritación, escozor o enrojecimiento; dolores de garganta, alteraciones cutáneas como irritación de la piel o escozores, y otras manifestaciones como dolores de cabeza, náuseas, vértigos, fatiga mental, somnolencia o alergias.

A todos ellos hemos de unir una dolencia específica del síndrome del edificio enfermo: la lipoatrofia semicircular. Se trata de la pérdida de tejido graso bajo la piel en forma de semicírculos -como hoyuelos o manchas- y aparece sobretodo en los muslos y en los glúteos. También produce fatiga y pesadez en los miembros inferiores. Esta enfermedad apareció, por ejemplo, en 4o trabajadores de la Torre Agbar de Barcelona en 2007, debido a problemas con el sistema de refrigeración y el cableado eléctrico.

También hemos de subrayar la ya mencionada hipersensibilidad electromagnética: hablamos de síntomas como dolor de cabeza, vómitos y rojez de la piel provocados por  la exposición a señales tanto magnéticas como de electricidad estática. Algo difícil de vencer, ya que estamos rodeados de señales WiFi, carga inalámbrica, etc.

¿Tiene solución?

La lipoatrofia semicircular y otros problemas de salud provocados por los edificios enfermos son afecciones molestas pero no son graves. No obstante, para evitar estos problemas de salud lo adecuado es utilizar materiales de construcción adecuados y mantener el edificio en buenas condiciones.

Los expertos recomiendan realizar limpiezas periódicas de los conductos de ventilación para mantener unas buenas condiciones higiénicas, además de utilizar sistemas de ventilación adecuados, de manera que se utilice tanto el aire exterior como el interior recirculado a una temperatura conveniente. Además, es conveniente mantener una temperatura entre los 22 y los 24 grados, proteger las tomas de aire exteriores, mantener la humedad entre el 40% y el 50% y sustituir los muebles metálicos o utilizar de tomas de tierra o plantas para controlar la electricidad estática.

*Fuentes: Ecologistas en AcciónInarquia / Muprotec / Saber Vivir / Discapnet

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Sobre el autor

Alberto Iglesias Fraga

Periodista especializado en tecnología e innovación que ha dejado su impronta en medios como TICbeat, La Razón, El Mundo, ComputerWorld, CIO España, Business Insider, Kelisto, Todrone, Movilonia, iPhonizate o el blog Think Big, entre otros. También ha sido consultor de comunicación en Indie PR. Ganador del XVI Premio Accenture de Periodismo, ganador del Premio Día de Internet 2018 a mejor marca personal en RRSS y ganador del European Digital Mindset Award 2019.