Salud

¿Por qué te dan espasmos musculares antes de dormir?

Por qué te dan espasmos antes de dormir

Sobresaltos, temblores y la vertiginosa sensación de caerse al vacío… ¿Por qué experimentamos espasmos musculares cuando nos estamos quedando dormidos? La ciencia tiene una explicación para ello.

Estás plácidamente en cama, segregando melatonina, a puntito de entrar en el séptimo cielo y…¡sientes un espasmo muscular! Este fenómeno común nos hace sentir como si nos estuviésemos despeñando al vacío, experimentando un despertar súbito, vértigo, temblor y en muchas ocasiones, sensación de agobio y ensoñación. No obstante, no eres ningún bicho raro ni tienes problemas de salud, sino que se trata de los espasmos mioclónicos o hipnagógicos.

Según datos de Live Science un amplio porcentaje de la población ha sufrido alguna vez estas sacudidas nocturnas, aunque no toda la gente llega a despertarse a causa de ellas. Entre un 60% y un 70% de las personas padecen los espasmos, siendo algunos factores para sufrirlos angustia, abuso de estimulantes como la cafeína y la nicotina, fatiga crónica, cansancio, ejercicio vigoroso y estimulantes, ansiedad, estrés o falta de sueño.

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Los espasmos mioclónicos -también conocido como mioclono nocturno, mioclonía del sueño o sacudida hípnica- se definen a nivel clínico como “un movimiento involuntario y repentino de las extremidades que ocurre al inicio del sueño”. Como destacamos, no comportan peligro y suelen ser fenómenos aislados y benignos carente de significación clínica. Se asocian a pulso y respiración aceleradas, sudoración e incluso esta rara sensación de ‘shock’ similar a caer a la nada.

Bien, ¿a qué se deben estos espasmos antes de quedarnos dormidos? El mioclono, en general, alude a una fasciculación muscular seguida por relajación -sin ir más lejos, el hipo es otro ejemplo de este fenómeno-. Estos movimientos bruscos, involuntarios, breves y repentinos se producen precisamente en una fase de transición entre la vigilia y el sueño que se denomina hipnagogia -un término que procede del griego hypnos (sueño) y agogos (que conduce).

Es decir, en realidad todavía no estás soñando, algo que puede percibirse en que no produces movimientos rápidos con los ojos, propios de la fase REM. Mientras que la mayor parte de las teorías apuntan al paso del estado de alerta a la relajación, algunos estudios señalan a un vestigio residual de nuestros antepasados primates, en un momento en el que nos dormíamos acechados por numerosos peligros del entorno natural.

Cuando lo padecemos, el sistema motriz todavía ejerce control sobre el cuerpo mientras nos adentramos en el sueño. Mientras la parálisis de sueño se va produciendo, lo que queda de la energía diurna estalla en movimientos aleatorios. El espasmo acontece mientras el sistema de activación reticular -que nos mantiene activos y alerta- lucha contra el núcleo ventrolateral preóptico, que controla la somnolencia y recoge información lumínica para regular los ciclos de sueño. Cuando padeces una sacudida, es literalmente el último coletazo del control motriz diurno de tu cuerpo entrometiéndose en tus sueños. 

En determinadas circunstancias los temblores pueden ser una reacción a un estímulo externo, como una luz o un ruido. En los casos más acentuados se sufren pequeñas alucinaciones al mismo tiempo, como la mencionada sensación de caída. Si padeces habitualmente estos espasmos, deberías de intentar mejorar la calidad de tu descanso, evitar los estimulantes y regular tu rutina de sueño, además de buscar ejercicios de relajación y respiración para controlar la ansiedad nocturna.

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Sobre el autor

Andrea Núñez-Torrón Stock

Licenciada en Periodismo y creadora de la revista Literaturbia. Entusiasta del cine, la tecnología, el arte y la literatura.