Salud

Más pantalla, menos melatonina: cómo la tecnología está alterando el ritmo circadiano

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El ritmo circadiano es el reloj interno que regula nuestro ciclo de sueño y vigilia. La exposición constante a dispositivos tecnológicos como tabletas o smartphones lo está alterando, al igual que también lo hace la luz artificial.

Desde que el ser humano empezó a beneficiarse del uso de la bombilla en 1879, no hemos vuelto a depender de la luz solar y por tanto, la iluminación artificial ha estirado nuestros días y nos ha permitido realizar numerosas actividades nocturnas. Pero el abuso de la luz azul de las pantallas tiene su lado perjudicial, y es que confunde al ritmo circadiano y puede impedirnos conciliar el sueño, deteriorando la calidad del mismo.

Empecemos por explicar que el ritmo circadiano es un ‘reloj corporal’ innato presente en muchas formas de vida, incluidas plantas, hongos y animales. En los seres humanos, el reloj biológico se encuentra en el hipotálamo, la partte del cerebro responsable de liberar la hormona del sueño, aquella conocida como melatonina, cuyos niveles son altos de noche y descienden al despertarnos. El ritmo de este mecanismo es intrínseco, pero también se regula como respuesta a la luz.

John Axelsson, experto en investigación del sueño del Instituto Karolinska, explica que el nuestro reloj maestro “tiene un ritmo intrínseco cercano a las 24 horas y es muy sensible a la luz al anochecer y al amanece, lo que permite que el sistema sea dinámico y se adapte a los cambios estacionales en la duración del día y de la noche”. Al estar rodeados de máquinas que emiten luz los horarios varían y la fuerza y amplitud del ritmo circadiano cambian.

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Son varias las investigaciones que confirman que la luz artificial brillante suprime la producción de melatonina en los seres humanos. Por otro lado, la fototerapia -uso de luz muy brillante- también se emplea para ayudar a las personas que tienen relojes biológicos muy retrasados ​​a despertarse y a dormirse más temprano. Sin embargo, esta tiene una intensidad mucho más elevada que la de las pantallas o bombillas.

Un estudio de 2014 analizó un escenario más realista: comparar los niveles de melatonina y la calidad del sueño de las personas que leen un libro normal o un libro electrónico antes de acostarse. Descubrieron que los niveles de melatonina se habían reducido en aquellos participantes que leyeron el libro electrónico. Existen más evidencias de que usar una hora y media o más de pantallas brillantes puede reducir el aumento normal de melatonina durante una o varias noches.

Todavía no se saben los efectos exactos que tiene la reducción de esta hormona en la calidad del sueño ni si existe relación con tardar más en conciliarlo.  Por ejemplo, el estudio de 2014 encontró que, en promedio, los participantes que leyeron los libros impresos se durmieron 10 minutos antes que los lectores de libros electrónicos. Es complejo asegurarse de que tardar más en dormirse sea únicamente por efecto de la tecnología.

“Es probable que exista una relación bidireccional entre el uso de la tecnología y el sueño. Es decir, el uso de la tecnología puede afectar el sueño con el tiempo, pero las personas que tienen problemas para dormir pueden aumentar posteriormente su uso de la tecnología”, destaca el doctor Richardson.

Fuente | Science Alert

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Sobre el autor

Andrea Núñez-Torrón Stock

Licenciada en Periodismo y creadora de la revista Literaturbia. Entusiasta del cine, la tecnología, el arte y la literatura.