El clima de las ciudades podría estar relacionado con la intensidad de la propagación del coronavirus en ellas, así como su altitud.

Según un estudio publicado este martes, el tiempo que las gotas cargadas de coronavirus duran en las superficies depende de la temperatura y la humedad del entorno, así como del tipo de superficie en la que se asientan.

Por lo general, el virus se propaga normalmente por medio de gotitas que exhala una persona infectada al toser, estornudar o hablar en voz alta. Debido a que algunas de esas gotitas microscópicas se asientan en las superficies, un equipo de investigadores ha decidido medir el tiempo que tardan en secarse, matando así el virus en su interior. Cuanto más tiempo lleve ese proceso, más probable es que las gotas puedan infectar a alguien nuevo.

Así, los científicos han descubierto que las temperaturas más altas y la humedad más baja secan las gotas más rápidamente, lo que podría explicar en parte por qué el coronavirus se ha arraigado más en algunas zonas geográficas que en otras.

En él, compararon el tiempo medio de secado de las gotitas en 6 ciudades con diferentes temperaturas y niveles de humedad. Sus resultados evidenciaron que “un tiempo de secado más largo se correlacionaba con una mayor tasa de crecimiento de la pandemia”, según Raneesh Bhardwaj, uno de los coautores del estudio.

“Ciertas condiciones climáticas exteriores son importantes en el crecimiento de las infecciones”, señala a Business Insider.

Las temperaturas bajas y la humedad alta ayudan a la supervivencia del virus

Para su investigación, identificaron el tamaño más común de gota que las personas con COVID-19 expulsan: unos 5 nanolitros, o “el ancho de un cabello humano”, especifica Bhardwaj.

Es decir, no se prestaron atención a la vida útil de los aerosoles, que son nubes de partículas virales aún más pequeñas.

Una vez que las gotas se evaporan, el coronavirus que queda muere muy rápido. Así que las posibilidades de transmisión dependen de la vida útil de las gotitas.

Los autores del estudio compararon el tiempo de secado a 2 temperaturas diferentes: 25º Celsius y 40º Celsius, ambas con un 50% de humedad. Encontraron que ese aumento de 15 grados redujo a la mitad el tiempo que tardaron las gotas en evaporarse.

También notaron que un incremento en la humedad relativa del 10% al 90% aumentó el tiempo de evaporación de una gota casi 7 veces (con una temperatura constante de 25º Celsius).

De hecho, en abril, un estudio identificó una relación similar entre la vida del virus y la temperatura ambiente. A 4º el virus aguantaba hasta 2 semanas en un tubo de ensayo. Cuando la temperatura subió a 37º, la vida útil se redujo a un día.

Los tiempos de sequía más largos están vinculados a un crecimiento más rápido de los brotes

Para investigar si las condiciones climáticas exteriores estaban relacionadas con la gravedad de los brotes en diferentes ciudades, han comparado el crecimiento de las infecciones en Nueva York, Chicago, Los Ángeles, Miami, Sídney y Singapur entre el 1 de marzo y el 10 de abril. Los resultados indican una correlación entre el tiempo medio de secado de una gota en esas ciudades (basado en la humedad y las temperaturas durante ese período) y la tasa de crecimiento del brote local.

“Si el tiempo de secado es menor, se espera que la tasa de crecimiento de la infección en esa ciudad sea menor”, aclara Amit Agrawal, otro coautor del estudio, a Business Insider.

En el estudio, la ciudad de Nueva York, por ejemplo, tuvo una tasa de crecimiento de nuevas infecciones por día que fue 35 veces mayor que la de Singapur. En promedio, el tiempo de secado de las gotitas de coronavirus en Nueva York fue de casi 1 minuto, prácticamente el doble que en Singapur.

Este es el tiempo en el que el coronavirus permanece en los distintos materiales

“Si bien la humedad es comparable entre las 2 ciudades, Nueva York era más fría que Singapur cuando empezó la pandemia”, sostiene Bhardwaj.

Lo mismo que puede extrapolarse a Madrid.

En marzo, las temperaturas medias de Madrid, Nueva York y Singapur se sitúan respectivamente en 16º/6º11º/2º y 32º/25º en la última. Mientras, los niveles de humedad relativa promedian entre mínimos de 15% en la capital de España (muy por encima de la media anual, 0%), 25% en Nueva York y en la ciudad de tipo ecuatorial 70%.

Es decir, cuando se identificó el primer brote de COVID-19 en Madrid, una de las ciudades más afectadas del país, la humedad se situaba por encima de la media y las temperaturas eran bajas, aunque empezaban a subir. Por lo que, coincidiendo con las conclusiones del estudio, el clima era propicio para que el virus aguantase más en las superficies.

Sin embargo, otros factores podrían haber influido en la distinta gravedad de los brotes de estas ciudades. Singapur, un pequeño país insular, fue más rápido que Madrid y Nueva York en la realización de pruebas de coronavirus generalizadas y en la localización de contactos, así como en las medidas de distanciamiento social.

Los investigadores sugieren que su estudio podría proporcionar pistas sobre qué países y zonas geográficas podrían experimentar una segunda ola más severa este verano y otoño. Algo de lo que ya ha avisado la Organización Mundial de la Salud, que asegura que el coronavirus no se ha debilitado.

“Las tasas de infección en el hemisferio norte están disminuyendo con el verano más cálido y seco, pero la temporada de vientos monzónicos está llegando al sureste de Asia, y trae consigo una mayor humedad y, por ende, una mayor tasa de crecimiento”, señala Bhardwaj.

La vida útil del coronavirus en las superficies

Una persona puede contagiarse con el coronavirus si toca una superficie u objeto que tenga gotas cargadas de virus y luego se toca la boca, la nariz o los ojos. Sin embargo, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, dicen que “no se propaga fácilmente” de esa manera.

Mientras, el nuevo estudio sugiere que las gotitas tardan más tiempo en secarse en ciertas superficies —como los smartphones, el algodón y la madera— que en superficies como el vidrio y el acero.

Esto se debe a que dichas superficies son hidrófilas, lo que significa que se pueden mojar con facilidad. Cuando una gota golpea una superficie hidrófila, se extiende en una fina película, que luego se evapora más rápidamente con el aire circundante.

La madera, la tela de algodón y las pantallas de los smartphones, por el contrario, son hidrófobas, ya que impiden que el líquido se extienda.

“Si pones agua en la pantalla de tu móvil, se convierte en una mancha. Esa mancha tardará más tiempo en secarse que el agua que se esparce en un área más grande”, explica Bhardwaj.

Entre estas, según el estudio, el tiempo de evaporación puede aumentar en un 60% para una superficie hidrofóbica en comparación con una hidrofílica. Lo cual podría indicar qué superficies han de limpiarse con más frecuencia, explicita Agrawal.

*Artículo original publicado en Business Insider