Salud

Cinco sencillos pasos para mejorar su salud, según los últimos estudios

Cinco sencillos pasos para mejorar su salud, según los últimos estudios

Desde The Conversation repasan algunos de los principales consejos de salud a tener en cuenta en la actualidad en base a recientes estudios científicos sobre deporte o alimentación, entre otras.

No hay duda de que en 2019 vamos a seguir escuchando las mismas patrañas nutricionales que el año pasado.

En 2017, la industria relacionada con la salud y el bienestar alcanzó un valor de 4,2 billones de dólares, cifra que pretende aumentar a costa de vender productos como piruletas que eliminan el apetito y carbón activado.

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Con esto en mente, el comienzo del año es un buen momento para repasar las últimas investigaciones en materia de salud. De esta manera, quizá le interese conocer los hábitos más recomendables (eso sí, basados en evidencias) que puede seguir en 2019 para que su salud no se resienta.

1. Consuma más fruta y verdura

Durante el pasado año aumentó en el número de personas que adoptaron dietas veganas y basadas en plantas. Los expertos aún investigan si un estilo de vida completamente vegano es la mejor opción para nuestra salud a largo plazo, pero está claro que comer mucha fruta y verdura es sumamente beneficioso para nuestro organismo.

Un área de gran interés para la investigación es el impacto de la dieta en el funcionamiento del cerebro. Un metaanálisis publicado en 2018 demostró de manera fiable que por cada 100 gramos de fruta o verdura consumidos se reduce un 3% el riesgo de sufrir depresión.

Aliméntese de todo un arcoíris de frutas y verduras. Shutterstock

A lo largo de los dos últimos años se ha observado también un mayor interés por el papel que representan los polifenoles (en especial los flavonoides) en nuestra salud general. Estos fitoquímicos se encuentran de manera natural en las frutas y las verduras y se encargan de que la planta goce de buena salud.

Al contrario que ocurre con las vitaminas, los polifenoles no son fundamentales para nuestra salud, pero contribuyen a prevenir enfermedades y a mantener el correcto funcionamiento de nuestros cuerpos. Además, se piensa que son muy beneficiosos para el sistema inmunológico y que tienen efecto antiinflamatorio. Esto quiere decir que pueden jugar un papel importante en la prevención de numerosas enfermedades, entre las que se encuentran la diabetes, el cáncer, los trastornos neurodegenerativos y los accidentes cardiovasculares.

2. Evite el sedentarismo

Los estudios muestran que el ejercicio no solo nos ayuda a reducir nuestra cintura, ayudando al equilibrio entre la ingesta de calorías y la quema de estas en nuestras actividades diarias. También existen pruebas que demuestran que estar físicamente activo reduce el riesgo de padecer cáncer de colon, útero y mama.

Se cree que esto es debido a la evolución de los perfiles hormonales de aquellos que hacen ejercicio habitualmente. Las evidencias apuntan, de igual manera, a que el ejercicio ayuda enormemente a mejorar nuestra salud mental.

Cuando comienza un nuevo año es habitual pensar en la necesidad de apuntarse al gimnasio, trabajar para tener unos abdominales apreciables y seguir un programa de entrenamiento agotador, cuando lo cierto es que cualquier cosa que le haga levantarse del sofá hará maravillas por su salud. Resumiendo: cuanto menos tiempo pase sentado, mejor.

3. Duerma más (pero no demasiado)

En 2018 se llevaron a cabo varios avances interesantes en la investigación del vínculo entre la cantidad de sueño y su influencia en la salud. Sabemos que tanto dormir poco como hacerlo demasiado incrementa el riesgo de sufrir enfermedades cardíacas, diabetes y obesidad. Un adulto sano necesita dormir entre seis y nueve horas cada día.

Una nueva investigación ha revelado cómo los cambios en el estilo de vida pueden ayudar a ampliar las horas de sueño de una persona, y cómo un sueño de mejor calidad podría mejorar los hábitos alimentarios. El mismo estudio afirma que la falta de sueño puede provocar un ansia desmedida por ingerir alimentos hipercalóricos y a consumir 400 calorías más de las necesarias a lo largo del día.

4. Controle el estrés

La vida moderna puede generar un gran estrés, lo que produce un enorme efecto negativo en nuestra salud. Por eso es importante que, sean cuales sean sus planes para mejorar su salud, no añada una mayor carga de estrés al que ya soporta.

Ponga en práctica un plan de manejo del estrés que incluya la comprensión de las causas y trace una estrategia para reducir su respuesta hormonal.

5. Beba más agua

¿Sabía que reducir en un 1% su hidratación puede afectar a su capacidad de concentración? Todo el mundo sabe que beber agua es muy beneficioso, por lo que, si nos olvidamos de beber por el ajetreo de un día duro y perdemos una pequeña parte de la hidratación recomendable, nuestro rendimiento se puede ver afectado y podemos sufrir un mayor grado de estrés.

Asegúrese de llevar siempre consigo una botella de agua reutilizable y vigile que su orina sea de un color claro. Y, por supuesto, no caiga en la tentación de añadir limón al agua (el jugo del limón es más dañino para el esmalte dental que la Coca-Cola).

Beba agua durante todo el día para mantenerse hidratado. Shutterstock

Por último, en lugar de centrarse en un solo aspecto, intente prestar atención a su bienestar general. Una dieta estricta puede causarle estrés al no encontrar los productos con los que llevarla a cabo, y una plan de ejercicios que le exija despertarse cada mañana a las 5:00 AM reducirá sus potenciales beneficios por los efectos negativos para la salud que puede genera dicho esfuerzo.

Además, tal y como demuestra la investigación, estar cansado y estresado hace que comer sano sea mucho más complicado.

Por lo tanto, olvídese de seguir una dieta demasiado estricta o una exigente rutina física diaria y persiga objetivos menores pero alcanzables. Pronto comenzará a recoger sus frutos.


Artículo traducido gracias a la colaboración de Fundación Lilly.The Conversation


Sophie Medlin, ‎Lecturer in Nutrition and Dietetics, King’s College London

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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