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8 posibles secuelas que pueden experimentar los pacientes asintómaticos de coronavirus

8 posibles secuelas que pueden experimentar los pacientes asintómaticos de coronavirus

Los pacientes asintomáticos pueden presentar secuelas de COVID-19 hasta 6 meses después de la infección. Algunos, a pesar de no haber presentado síntomas respiratorios o cardiovasculares, sufren el paso del virus desde sus pulmones hasta su sistema nervioso central.

Ser un caso asintomático de COVID-19 no significa que puedas olvidarte para siempre de la enfermedad.

No sólo porque se desconoce cuánto dura la inmunidad, sino porque esta deja secuelas incluso sin haber presentado síntomas.

Eso es lo que le está sucediendo a muchos casos asintomáticos del nuevo coronavirus, que, tras sobrevivir al contagio y no padecer una afección grave del SARS-CoV-2, han presentado secuelas que les han llevado incluso hasta la hospitalización.

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Las mismas pueden persistir, como sucede una fatiga crónica o falta de concentración, o pueden tratarse de afecciones pulmonares y cardíacas, a pesar de no haberse puesto de manifiesto durante el transcurso de la enfermedad.

“El reconocimiento de la enfermedad neurológica asociada con el SARS-CoV-2 en pacientes cuya infección respiratoria es leve o asintomática podría resultar un desafío, especialmente si la enfermedad primaria de COVID-19 ocurrió semanas antes”, reconocen los autores de un estudio publicado en The Lancet.

Esto ha llevado, como verás a continuación, a diagnósticos erróneos y a posibles eventos de superdifusión del nuevo coronavirus.

Así afecta a los pacientes asintomáticos a largo plazo la enfermedad de COVID-19, provocada por el coronavirus SARS-CoV-2.

Síndrome poscoronavirus

Las secuelas de la enfermedad provocada por el nuevo coronavirus se encuadran dentro de la sintomatología de un nuevo síndrome: el síndrome posCOVID-19.

Estas afectan a los pacientes, sintomáticos y asintomáticos, incluso meses después de la recuperación. De hecho, a los 6 meses de la pandemia, señala una experta en recuperación postcrítica a Health, se está en el punto de conocer si las personas que se infectaron cuando empezó a propagarse tienen síntomas duraderos.

Sin embargo, el principal epidemiólogo de Estados Unidos al frente de la lucha contra la pandemia, Anthony Fauci estima que podría llevar 1 año dar con la clave de las secuelas.

Algunas investigaciones ya han dado con ello: en Bérgamo, uno de los epicentros del coronavirus en Italia, la mitad de los supervivientes no se han recuperado en 6 meses; e investigaciones publicadas en JAMA y British Medical Journal, después de un seguimiento prolongado, avanzan que el 87,4% de los pacientes informan de la persistencia de al menos un síntoma.

Estos pueden ser problemas respiratorios y cardiovascularesdolor muscular y en las articulacioneserupciones cutáneasmareos, confusióncambios en la visióndepresión y ansiedad, según una encuesta a 1.500 individuos, realizada por la Escuela de Medicina de la Universidad de Indiana (Estados Unidos).

Daños pulmonares

En un estudio con diferentes agrupaciones por síntomas de infectados con COVID-19 —siendo el grupo 1 los asintomáticos—, los investigadores de Wuhan (China) detectaron que el 60% de ellos tenían anomalías limitadas a un pulmón.

“Los hallazgos anormales de la tomografía computarizada (TC) pulmonar pueden estar presentes incluso en pacientes asintomáticos”, concluyen.

Además, en el caso de presentar síntomas, los expertos apuntan a que estos tienen una rápida evolución a un “patrón de consolidación o predominio de opacidad en vidrio deslustrado difuso dentro de 1 a 3 semanas”.

Asimismo, otras de las observaciones recientes, esta vez publicada en Respiratory Medicine Case Reports, sobre la afección pulmonar en pacientes asintomáticos, encontró que la embolia pulmonar también podía tener lugar en estos casos.

“Los pacientes asintomáticos con COVID-19 pueden exhibir una fisiopatología subyacente versátil que podría promover la aparición insidiosa de fenómenos tromboembólicos relacionados con su estado de COVID-19″.

No obstante, reconocen que se necesitan estudios prospectivos futuros para confirmar o refutar dichos hallazgos.

Afecciones cardiovasculares

“Las personas que piensan, especialmente los jóvenes: “[Es una] enfermedad leve, ya sabes. Es posible que ni siquiera tenga ningún síntoma, y ​​ya lo superé”. Los datos sugieren lo contrario: hay evidencia de “daño miocárdico, miocardiopatía, arritmias, fracciones de eyección disminuidas, cicatrices pulmonares y accidentes cerebrovasculares“, advierte Gregory Poland, experto en COVID-19 de Mayo Clinic.

De hecho, independientemente de las condiciones preexistentes, la gravedad de la enfermedad y el tiempo de diagnóstico, una investigación publicada en JAMA detectó afección cardíaca en el 78% de los sujetos e inflamación miocárdica en el 60%.

Efectos indirectos sobre el sistema nervioso central

La capacidad neuroinvasiva del SARS-CoV-2 en el cerebro a través del receptor ACE2, por donde entra el virus en el organismo, da lugar a que se produzcan daños neuronales en los tejidos y la barrera hematoencefálica, un sistema de protección contra la entrada de sustancias extrañas.

“La rotura de la barrera hematoencefálica podría dejar una respuesta inmune de citocinas volviéndose demasiado abundante a lo largo del tejido infectado del cerebro”, describen los autores del estudio realizado por Frontiers in Neurology.

Es lo que se conoce como tormenta de citocinas, una de las teorías que explican cómo el SARS-CoV-2 afecta a diversos órganos y deja a los pacientes de COVID-19 en riesgo de desarrollar encefalopatía necrosante aguda (ANE) y/o hemorragias.

Los autores incluyen también en sus valoraciones que, como resultado de un efecto cascada después del estrés respiratorio, la pérdida de oxígeno debido al daño pulmonar puede derivar posteriormente en una falla orgánica multisistémica.

“Si bien las manifestaciones sintomáticas más graves del sistema nervioso central (SNC) pueden incluir ANE, meningitis y hemorragia, los síntomas del SNC que se notifican con mayor frecuencia son vértigo, cefalea, alteración de la conciencia, convulsiones, ataxia y enfermedad cerebrovascular aguda“, puntualizan.

No obstante, aunque se manifiesten estos síntomas, los expertos recalcan que pueden ser mal diagnosticados:

“Los pacientes con afectación del sistema nervioso como síntomas de presentación en las primeras etapas de la infección pueden recibir un diagnóstico erróneo y propagar el virus sin darse cuenta“.

Depresión, ansiedad y confusión mental

Poland aclara a Arab News que el riesgo de padecer las secuelas aumenta cuanto más grave es la enfermedad en el paciente. No obstante, señala, se han producido oclusiones en los vasos sanguíneos de jóvenes de casos moderados de COVID-19, por ejemplo.

Y, junto a afecciones neuronales como las mencionadas anteriormente, estos podrían sufrir depresión, ansiedad o confusión mental prolongada —apunta un estudio publicado en Brain, según el medio—.

Además, tal como ya se ha hecho referencia, esto podría estar ligado a secuelas recogidas en el síndrome poscoronavirus, como la fatiga crónica.

Por ello, informa David Strain, profesor clínico senior de la Facultad de Medicina de la Universidad de Exeter (Reino Unido) a The Guardian, los centros empiezan a preparar programas de rehabilitación posteriores al COVID-19.

Ser superpropagadores hasta 90 días después de la infección

“Los eventos de superspreading están ocurriendo más de lo que esperábamos, más de lo que podría explicarse por azar”, señalaba con anterioridad a Business Insider Ben Cowling, uno de los coautores del estudio preliminar sobre los eventos de superdifusión.

De hecho, según una investigación llevada a cabo en Hong Kong, el 70% de los contagiados no infectaron a nadie, mientras que el 20% de los casos fueron responsables del 80% de los reportados.

En estos escenarios, una persona con el SARS-CoV-2 contagia a más personas que la media. Y suele darse en lugares cerrados, entre multitudes, sin mantener las distancias de seguridad y con contactos directos.

Los mismos se describieron entre las primeras investigaciones a fondo de la propagación del virus. Pero, ahora, otra investigación divulgada por la directora del Rospotrebnadzor ruso, Anna Popova, alimenta la viabilidad del virus para infectar a otros en largos períodos de tiempo.

Independientemente de ser menor o mayor, sintomático o asintomático, la persona que tiene la enfermedad continúa propagando el virus entre 48 hora y 90 días.

Así, sin diagnosticar y en las circunstancias mencionadas previamente, un asintomático podría ser responsable de un evento de superdifusión de COVID-19.

Tener el virus activo durante más tiempo en el organismo

Siguiendo el apunte anterior, también se ha detectado que los niños asintomáticos tienen el virus activo en sus cuerpos durante un tiempo inesperadamente largo, concluye una investigación publicada en JAMA Pediatrics.

“El ARN del SARS-CoV-2 en niños se detecta durante un tiempo inesperadamente largo”, señalan los autores del estudio, que aclaran que se desconoce si este es, o no, viable.

Estos pueden tener el virus activo durante 14,1 días en casos asintomáticos, frente a los 17,6 días de los sintomáticos.

En esta misma línea, una investigación que siguió a más de 65.000 personas, señala que en, los hogares donde más tasas de contagio, había convivían menores de entre 10 y 19 años.

Posibilidad de desarrollar cáncer tras la infección con COVID-19

“La infección puede plantear factores de riesgo médico para los pacientes, tanto sintomáticos como asintomáticos, que se recuperan. Habrá una población distinta en el futuro que deberá lidiar con las secuelas clínicas y el cáncer puede ser una de ellas“, señalan los autores de un estudio —que necesita más investigación— realizado por Future Oncology y recogido en la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos.

En él, intentan detectar si existe una asociación entre las secuelas del nuevo coronavirus y el cáncer, explican.

“Es necesario realizar trabajos futuros para respaldar esta hipótesis, tanto modelos in vitro como estudios preclínicos. Es posible que los pacientes con COVID-19 deban ser controlados tras la infección para detectar el desarrollo de cáncer”.

Estos destacan en la revisión de la literatura existente sobre el nuevo virus que la inmunosupresión, un factor de riesgo del SARS-CoV-2, puede surgir a la inversa, como un riesgo de cáncer en el contexto de una infección viral. Y que la inflamación y la liberación de citocinas, marcas de infección viral, pueden predisponer al cáncer.

“La infección viral induce una sólida respuesta inmunitaria, una tormenta de citocinas, que provoca daño e inflamación de los tejidos, lo que puede predisponer al cáncer”, concluyen.

*Artículo original publicado en Business Insider

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