Habitamos el conocido como Planeta Azul, pero a pesar de ello la falta de agua es inminente.

Y es que aunque alrededor del 70,8% del planeta sea agua, tan solo el 2,5% de esta es dulce. Almacenada en glaciares y casquetes de hielo, aguas subterráneas, lagos, suelos, o la propia atmósfera, esto quiere decir que tampoco toda ella es consumible. De hecho, solo el agua subterránea o superficial es apta para el consumo, y eso supone el 0,5% del total del agua disponible en el planeta. Poco a poco se vislumbra el problema.

Abrir el grifo y ver el agua correr puede parecernos algo normal, pero lo cierto es que a pesar de la vital importancia de este líquido, unos 844 millones de personas en el mundo no tienen acceso a agua potable, y aproximadamente 4.500 millones de personas carecen de acceso a sistemas de saneamiento seguros.

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Y todo apunta a que el problema seguirá empeorando. Se prevé que la demanda de agua superará el suministro en un 40% para 2030. Para la década de 2050, las predicciones ya sitúan en más de 650 millones las personas  que se enfrentarán a una disminución en la disponibilidad de agua dulce de al menos el 10%.

La falta de agua saludable no solo conlleva problemas de salud para las personas. La disminución de las reservas de agua en el mundo está derivando en que muchos de los conflictos actuales (y en el futuro) vengan motivados por el dominio sobre este líquido. La agricultura y el bienestar humano dependen en gran medida del agua y los cambios drásticos en los suministros estacionales de agua,comienzan a amenazar la estabilidad a nivel regional, local y global, como resalta el Foro Económico Mundial (WEF).

La falta de acceso al agua repercute en la salud, la economía e incluso la paz de los países y se está convirtiendo en un problema a medida que los efectos del cambio climático son más patentes en nuestros ecosistemas.

Así lo recoge el World Resources Institute (WRI) que en un artículo analiza los factores que están provocando que el mundo se enfrente a una crisis mundial del agua.

Desde el crecimiento de la población, los cambios hacia dietas basadas en carne hasta el cambio climático, a continuación recogemos las 7 razones por las que nos enfrentamos a una crisis mundial del agua, de acuerdo al WRI.

1. Los efectos del clima se están volviendo extremos

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El cambio climático está llevando a nuestro planeta a experimentar efectos más extremos. Por un lado las zonas secas y cálidas se están volviendo más calientes y se espera que en ellas, las olas de calor y las sequías aumenten con el paso del tiempo.

Frente a esto, las lluvias se están volviendo más extremas y variables en otras partes del mundo, llegando a provocar serias inundaciones. El deshielo derivado del aumento de la temperatura global está incrementado el nivel del mar y las predicciones ya empiezan a recoger los riesgos de ciertas ciudades costeras que podrían ver gran parte de su extensión desaparecer bajo el agua.

Actualmente, al menos 21 millones de personas en todo el mundo corren el riesgo de inundaciones de ríos cada año, una cifra que podría aumentar hasta los 54 millones tan solo para 2030, como recoge World Resources Institute,. Algo que sin duda afectará a los países económicamente y que producirá —y ya produce— desplazamientos de la población, en lo que ya se conoce como refugiados climáticos.

2. La demanda de agua se incrementará a medida que se vuelva más preciada

La demanda de agua se volverá un problema a medida que la población aumente. Se espera que para 2050 seamos 10.000 millones de personas en el planeta. Si bien esto supone todo un reto en cuestiones alimenticias, también lo es a la hora de cubrir las necesidades de agua de esta población.

A esto además cabe sumarle que gran parte de la sociedad a nivel mundial se está moviendo hacia hábitos que consumen más cantidad de agua, como es el caso de sociedades antes más desfavorecidas que ahora están incrementando su consumo de carne, o el gasto de agua que suponen las energías de los combustibles fósiles.

La escasez de agua ya esa produciendo efectos en la capacidad energética de un gran número de países, lo cual se incrementará a medida que los niveles de agua se vean reducidos en ciertas partes del mundo.