La NASA, de un modo u otro, siempre es una fuente muy curiosa. Tienen muchísimas misiones activas y, además, están intentando por todos los medios llegar a la Luna en un plazo de cinco años, con una misión permanente en el satélite para finales de la década de 2020. Por tanto, será necesario guiarse de algún modo, y el plan pasa por colocar un dispositivo GPS en la Luna.

En la Tierra, el uso del GPS es algo cotidiano. Empezó como un objeto militar y de lujo, pero poco a poco se ha ido adaptando y, ahora, prácticamente todos llevamos un GPS en el bolsillo (el móvil, vamos).

El sistema de posicionamiento global se basa en una serie de satélites que monitorizan y triangulan la posición de un receptor, y continuamente envían señales de ida y vuelta.

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Eso que en la Tierra es normal, en la Luna no existe, por lo que tanto los astronautas como los vehículos deben tomar como referencias otros puntos para ir ”en manual”, algo que pone en peligro misiones y que, en definitiva, no es nada cómodo ni para la NASA ni para los operarios de los diferentes equipos.

De ahí, y con las nuevas misiones en mente, que la NASA quiera poner GPS en la Luna. Eso sí, no será tarea fácil, ya que la Tierra tiene los satélites a unos 20.000 kilómetros de distancia… y la Luna está a unos 400.000, una diferencia demasiado grande.

Para ampliar la señal, la NASA quiere utilizar un dispositivo llamado NavCube, que no es más que un ”amplificador de GPS”.

Este sistema ya se ha probado a distancias de unos 200.000 kilómetros en diferentes misiones, y ahora lo que quieren conseguir es aumentar aún más la potencia, con una serie de actualizaciones tanto de firmware como físicas, para intentar cubrir esa distancia que separa la Tierra de la Luna… y los satélites GPS de la propia Luna.