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Científicos del MIT crean una mascarilla que inactiva el virus con calor

Científicos del MIT crean una mascarilla que inactiva el virus con calor

Científicos del MIT han desarrollado una mascarilla que desactiva completamente al coronavirus mediante un filtro de calor que funciona con batería. Este nuevo modelo permite al virus ‘circular’ entre sus tejidos, aislándolo y desactivándolo por completo.

Con varios meses de experiencia en lo que supone vivir bajo una pandemia mundial, es bien sabido que las mascarillas se han convertido en una de las armas más eficaces para filtrar el COVID-19 y reducir así su riesgo de infección. Ahora, con esto sobre la mesa, un equipo de científicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) pretende dar un paso más y crear un modelo que, directamente, inactive la acción del virus mediante el calor.

Los investigadores del centro estadounidense pretenden desarrollar mascarillas que incorporen una malla de cobre calentada con batería. Este filtro, por decirlo llanamente, permite que el aire fluya repetidamente a través de la máscara e inactive cualquier partícula viral —principalmente, debido a las altas temperaturas en el tejido—. Si su proceso de producción llega a término, dice el equipo del MIT, tanto los profesionales de la salud como los ciudadanos podrían contar con una nueva medida de protección, sobre todo para situaciones en las que el distanciamiento social se vuelva imposible, como es el caso del transporte público.

“Este es un concepto de mascarilla completamente nuevo en el sentido de que no bloquea principalmente el virus, sino que deja que el virus pase a través de la máscara, pero lo desacelera y lo inactiva“, precisa Michael Strano, profesor del MIT y autor del artículo, en la web de la institución. Según el catedrático, los primeros prototipos ya están en marcha y pronto comenzarán las pruebas en el MIT con varios colaboradores.

Strano y el profesor asociado Jacopo Buongiorno comenzaron a explorar conceptos para nuevos tipos de mascarillas en el mes marzo, poco después de que el MIT intensificara las operaciones de investigación en el campus para tratar el coronavirus en sus distintas áreas. Estos 2 profesores se unieron a otros miembros del claustro y a sus alumnos más destacados para plantear una posible mejora de los distintos tipos de mascarillas ofertadas en el mercado especializado. Con el tiempo, se percataron de que ninguna eliminaba al virus mediante el calentamiento.

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“Las que usamos ahora están diseñadas para capturar al virus. Ofrecen protección, pero nadie piensa realmente en desactivarlo y esterilizar el aire“, concreta Strano sobre el germen del proyecto. Con esta idea en la mente, el equipo se propuso diseñar una mascarilla que, efectivamente, matara a los virus. Para ello, optaron por utilizar una malla de cobre como elemento de calentamiento y captura. “La gran mayoría de las máscaras de hoy en día funcionan por filtración, filtrando las partículas por tamaño o carga eléctrica, pero no por inactivación térmica”, complementa Faucher.

Los investigadores calcularon la rapidez con la que los distintos tipos de coronavirus se degradan a diferentes temperaturas y condiciones, concluyendo que una temperatura de unos 90 grados podría lograr entre 1.000 y un millón de veces la reducción de las partículas virales, dependiendo del tamaño final de la mascarilla. Además era sencillo de lograr, ya que podía alcanzarse mediante una corriente eléctrica sobre una malla de cobre de 0,1 milímetros, mejorando así la capacidad de producción y de duración de las baterías —actualmente, los prototipos cuentan con varias horas de autonomía antes de recargarse—.

“Por supuesto, debemos tener en cuenta la seguridad y la comodidad de los usuarios de la máscara”, subraya Faucher. “El aire se enfriará después de la inactivación viral para que la mascarilla sea cómoda y segura de usar”. Esto es, que a medida que la persona que usa la mascarilla inspira y expira, el flujo de aire se invierte continuamente, permitiendo que cualquier virus en la malla esté dando vueltas sobre el tejido hasta desactivarse por completo; al estar recubierta de neopreno y aislada por calor, las partículas no pueden escapar de ella y aseguran que el aire se perciba frío para el que la lleve puesta.

Estas mascarillas serían, eso sí, más caras que las de tela o las quirúrgicas, pero según los investigadores podrían ser útiles en situaciones en las que el riesgo de exposición es muy alto y el coste no es tan importante. De momento, en todo caso, no hay precio de cara a su hipotética comercialización.

Imagen de portada | MIT

*Artículo original publicado en Business Insider

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