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Los minicerebros humanos cultivados en laboratorio podrían tener consciencia

Minicerebros humanos cultivados en laboratorio podrían tener consciencia

Un grupo de neurocientíficos que trabajan con “minicerebros” humanos cultivados en laboratorio temen que estos órganos puedan estar experimentando un horror sin fin, padeciendo una existencia consciente sin cuerpo.

Pese a que hasta la fecha no existe demostración de que los minicerebros empleados en experimentos de laboratorio se hayan tornado conscientes o sensibles, algunos investigadores creen que el riesgo es demasiado grande para seguir utilizando esta vía. Según un grupo de neurocientíficos del Laboratorio de Neurociencia Verde en la localidad californiana de San Diego se podría haber cruzado un “Rubicón ético” al cultivar estas masas de cerebro humano en el laboratorio e incluso transplantar el tejido en animales. 

La creación de mini-cerebros o “organoides” cerebrales se ha convertido en uno de los campos más candentes en la neurociencia moderna: las gotas de tejido están elaboradas de células madre y, aunque solo tienen el tamaño de un guisante, algunas han desarrollado ondas cerebrales espontáneas, similares a las observadas en los bebés prematuros. Aunque tienen el potencial de probar el cerebro vivo y plástico como nunca antes se ha hecho, las fronteras éticas son realmente controvertidas. 

Este grupo acudirá a la reunión anual de neurocientíficos más grande del mundo para plantear esta cuestión y subrayar que el empleo de estos organoides en laboratorios traspasa la línea ética. “Si existe la posibilidad de que el minicerebro sea sensible, podríamos estar cruzando esa línea”, dijo Elan Ohayon, director del Laboratorio de Neurociencia Verde. “No queremos que las personas investiguen donde existe la posibilidad de que algo sufra”.

5 misterios del cerebro que todavía no se han logrado resolver

Estas masas se han empleado para investigaciones diversas relacionadas con la esquizofrenia y el autismo, así como para ahondar en el desarrollo de cerebros más pequeños de lo normal cuando los bebés se infectan con el virus Zika en el útero. También se proyecta utilizarlos para estudiar trastornos cerebrales y neurodegenerativos como el Alzheimer o el Parkinson, así como afecciones oculares como la degeneración macular asociada a la edad.

En el marco de la reunión de la Society for Neuroscience en Chicago, Ohayon y sus compañeros Ann Lam y Paul Tsang argumentarán que deben realizarse controles para garantizar y cerciorarse plenamente que los organoides cerebrales no experimenten sufrimiento. “Ya estamos viendo actividad en organoides que recuerda a la actividad biológica en animales en desarrollo”, apunta Ohayon, tal y como recoge el diario The Guardian.

En un estudio reciente, investigadores de Harvard mostraron que los organoides cerebrales desarrollan una rica diversidad de tejidos, desde las neuronas de la corteza cerebral hasta las células de la retina. Los organoides cultivados durante ocho meses desarrollaron sus propias redes neuronales que provocaron actividad y respondieron cuando la luz brilló sobre ellos. En otra investigación dirigida por Fred Gage en el Instituto Salk en San Diego, los investigadores trasplantaron organoides del cerebro humano en cerebros de ratones y descubrieron que se conectaban al suministro de sangre del animal y brotaban nuevas conexiones.

Paralizar los proyectos hasta nueva orden

La intención de los científicos es que se congelen esta clase de investigaciones que ponen minicerebros o células cerebrales humanas en animales, así como los trabajos en los que los organoides pueden tornarse sensibles. Ohayon ha desarrollado modelos por ordenador que podrían ayudar a identificar cuándo es probable que surja la sensibilidad, pero agrega que existe una “necesidad urgente” de más trabajo en el área.

En Gran Bretaña, los investigadores ya tienen prohibido trabajar en embriones donados que tienen más de 14 días. El límite, que algunos científicos quieren ampliar, se impuso para proteger a los humanos en desarrollo del sufrimiento.

Fuente | The Guardian

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Sobre el autor

Andrea Núñez-Torrón Stock

Licenciada en Periodismo y creadora de la revista Literaturbia. Entusiasta del cine, la tecnología, el arte y la literatura.