Los autómatas han existido desde hace siglos, esas pequeñas máquinas con cierto parecido a los seres humanos o a los animales han llegado a fascinar al mismísimo emperador Carlos I de España en el siglo XVI. Al principio sólo eran muñecos con formas y vestimentas similares a las nuestras que podían imitar algún que otro movimiento humano de manera repetitiva, parecido a los muñecos que encontramos en las atracciones de los parque temáticos. Pero con el tiempo se han vuelto más hábiles.

Pueden hablar con fluidez, correr, luchar, dar saltos mortales y cada vez son más parecidos a los seres vivos creados por la madre naturaleza. Tal vez, por eso nos empiezan a parecer una amenaza, algo aterrador que cualquier día se volverá en nuestra contra.

Es la conocida como teoría del valle inquietante. Desarrollada por Masahiro Mori en 1970, esta teoría da respuesta a esa sensación aterradora que nos provocan los robots actuales. Según Mori, a medida que los robots van siendo más parecidos a nosotros, nuestra admiración por ellos crece hasta que alcanzan un nivel de semejanza en el que esa sensación positiva se transforma en repulsa y terror.

Esa sensación es la que provocan muchos de los robots que más han captado la atención del mundo en los últimos años. Hace unos días conocíamos a los Mini Cheetahs desarrollados por el MIT, pero estos no son las únicas máquinas que pueden provocarnos bastante grima: Robots humanoides con un realismo que aspiran a conseguir el efecto de la película Inteligencia Artificial; serpientes metálicas arrastrándose por el suelo; hasta los más famosos, de Boston Dynamics

Mini Cheetahs

Si encontráramos en internet un vídeo de nueve perros jugando con un balón y con las hojas que se han caído de los árboles, a la mayoría nos provocaría ternura. Sin embargo, si en vez de perros son los robots cuadrúpedos creados por el MIT, empezamos a sentir algo de repulsa, ya no nos sentimos tan cómodos con la imagen.

Es una sensación extraña, pues estos robots no nos han hecho nada malo, pero los percibimos como una amenaza. Es más en el propio vídeo los investigadores de este laboratorio son los que controlan a los robots, todos sus movimientos.

Los robots Mini Cheetah pesan 9 kilos pueden avanzar a una velocidad de 2,5 metros por segundo y son bastante ágiles. Son un gran avance en cuanto a motricidad se refiere, pero mientras no puedan moverse sin el control de un humano, son menos peligrosos que un coche.

Boston Dynamics y Cassie Blue

Al igual que los robo-perros del MIT, existen un gran número de robots con distintas formas que desarrollan sus capacidades motrices. Los más conocidos son los de Boston Dynamics, que aterrorizan y fascinan por igual.

La intención de estas empresas no es asustar al resto del mundo, sino crear máquinas que nos ayuden en diversas situaciones. Algunos de los robots que hoy estamos viendo pretenden ser de ayuda en casos de peligro y sustituir a las personas en rescates e incendios.

Por ejemplo, a Cassie Blue, un robot bípedo, lo hemos visto moverse a través del fuego. Es cierto que actualmente este robot son sólo dos patas, pero sus avances servirán en un futuro para crear un robot que sí tenga brazos y, muy posiblemente, nos salve de una situación de riesgo.

Aún así, por mucho que sea una noticia “positiva” que los robots de Boston Dynamics estén colaborando con la policía estadounidense, no podemos evitar sentir un escalofrío por todo el cuerpo cuando los vemos abrir puertas o dar saltos mortales. Ya se sabe que el problema no es la tecnología sino el uso que hagamos de ella.