Para que los conductores muestren interés por los vehículos eléctricos no basta con desarrollar las tecnologías adecuadas, también hay que realizar una labor de concienciación y hacer entender a posibles clientes por qué es la mejor opción para el futuro. Una encuesta reciente de Deloitte revela el interés que suscitan.

Los resultados de esta encuesta que se ha hecho a nivel mundial son bastante claros: la gente cada vez está más interesada en los vehículos eléctricos. Solamente en China se ha encontrado una caída en este aspecto, a pesar de ser el mayor cliente mundial. Esto puede ser por el debate existente ante la cancelación de las ayudas para su compra.

Entre los datos que se han hecho públicos de la encuesta realizada a 35.000 posibles consumidores, destaca que en un solo año han aumentado un 12% los estadounidenses interesados en coches eléctricos, del 29% al 41%.

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Pero el interés por los vehículos únicamente eléctricos sigue siendo bastante reducido, solamente un 8%. Los argumentos en su contra son los conocidos por todos, su precio y la poca autonomía de la que se dispone. No desean un vehículo con menos de 320 kilómetros (200 millas) de autonomía y los problemas para cargarlos son en ocasiones un obstáculo insalvable.

Pero si hay algo que no logra convencer a los encuestados es la conducción autónoma. A pesar de toda la publicidad e inversión que se está realizando, más de dos tercios consideran que no se sienten cómodos si estos vehículos circulan por las carreteras y la mayoría lo consideran poco seguros.

Ese último aspecto se puede ver en el valor que tiene para los estadounidenses la conducción autónoma. Un 58% no estaría dispuesta a pagar más de 500 dólares por esta tecnología, en caso de que fuese totalmente funcional y segura, un precio muy inferior al que se ofrece actualmente por una tecnología que todavía está en desarrollo.

Tal como se puede ver, el vehículo eléctrico sigue aumentando en interés, que es lo más importante. Mientras, a la conducción autónoma le quedan bastante años hasta salvar las trabas tecnológicas, legislativas y de aceptación.