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La cocina local como motor turístico y económico sostenible

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Cada vez son más los destinos turísticos que utilizan la gastronomía como un atractivo. Pero, ¿por qué los destinos utilizan este, y no cualquier otro reclamo? ¿Qué tiene la gastronomía que la hace interesante para atraer a los turistas?

Existen varias razones de peso. En primer lugar, la gastronomía es un eficiente transmisor de la cultura de un territorio. De una forma amable, transmite a los visitantes elementos relacionados con la historia del lugar, sus tradiciones, el porqué de los paisajes, los oficios, etc. A través de la degustación, la compra y la realización de actividades relacionadas con la cocina local nos hacemos una idea más completa del lugar que estamos visitando.

La gastronomía es, pues, una oportunidad para el territorio de mostrar ciertos aspectos identitarios y genuinos de forma experiencial y sin la necesidad de que el visitante esté especialmente motivado por esta cuestión; al fin y al cabo, todos ellos tendrán que comer en algún momento.

El lugar de destino puede aprovechar estas ocasiones para ofrecer productos y elaboraciones locales. De esta manera, al mismo tiempo que se cubre una necesidad básica, como es la alimentación, se puede ofrecer una experiencia única e irrepetible, e imposible de copiar por otros destinos.

Un factor determinante para escoger destino turístico

Según reflejan los últimos datos sobre la demanda turística y su relación con la gastronomía, ésta es, cada vez más, un elemento determinante en el momento de escoger un destino. Ante la posibilidad de escoger entre dos territorios con características similares, en la mayoría de los casos, el visitante se decantará por aquel que ofrezca una gastronomía más rica y singular.

Ya en 2017, un estudio sobre el perfil del turista gastronómico, realizado por la Diputación de Barcelona a través de un convenio de colaboración con el grupo de investigación TURCiT, del CETT-UB, destacaba que, para un 60,5% de los visitantes encuestados, la gastronomía había sido un factor determinante.

Y el último trabajo que se ha realizado en este ámbito, el II Estudio de la Demanda de Turismo Gastronómico en España, indica que un 62,5% de los turistas encuestados afirman, en efecto, que la gastronomía había sido uno de los principales alicientes para escoger el destino.

La gestión sostenible del turismo gastronómico

Por otra parte, la gastronomía es un elemento que puede contribuir favorablemente a la sostenibilidad turística del territorio en sus tres dimensiones: ambiental, socio cultural y económica. Incorporar la gastronomía como atractivo turístico favorece la recuperación, conservación y mantenimiento de productos, elaboraciones y tradiciones culinarias. Por lo tanto, tiene una repercusión positiva en el cultivo de determinados productos, así como en la conservación del patrimonio cultural del territorio.

Resulta incuestionable que los turistas valoran cada vez más el contacto con elementos auténticos y genuinos del territorio que visitan. También muestran cada vez más interés en aquellos destinos que se preocupan por conservar su patrimonio cultural, tomando a la vez conciencia del impacto medioambiental que su visita provoca. Buscar actividades y atractivos que se puedan reconocer como regenerativos del impacto generado no solo es un buen reclamo sino que, además, puede ser beneficioso para la sostenibilidad del destino anfitrión.

Además, cabe destacar que facilitar el contacto de los visitantes con la gastronomía favorece que algunas empresas que hasta el momento no se habían relacionado con el sector turístico puedan beneficiarse de esta industria. Es el caso de los productores agroalimentarios, los elaboradores y los comercios especializados o mercados. Por lo tanto, la gastronomía como atractivo turístico puede suponer una mejora muy destacable en el reparto de la riqueza generada por el sector turístico.

Cómo proteger la gastronomía de la gentrificación

Sin embargo, y sin ánimo de aguar la fiesta, es necesario apuntar que, para que todas las consecuencias positivas mencionadas, tanto para el visitante como para el destino, perduren en el tiempo, es imprescindible que los responsables de la gestión turística del destino analicen y midan los impactos y consecuencias de la masificación turística de determinados elementos gastronómicos del destino, para evitar el efecto contrario. Es decir, impedir que determinadas propuestas gastronómicas pierdan autenticidad y dejen de transmitir la cultura y la identidad del territorio y, por lo tanto, dejen de ser percibidas como auténticas.

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Además, es preciso que los destinos revisen cuáles son los valores gastronómicos con los que se les relaciona e identificar si existen prejuicios asignados a ese territorio. En el caso de España, por ejemplo, el turista suele tener integrado en su imaginario la sangría, la paella o las tapas cuando, sin embargo, cada uno de estos elementos pertenece a la gastronomía local de unas regiones concretas y no a todo el territorio.

En definitiva, la gastronomía es un recurso con un alto valor turístico que debe ser cuidado y protegido para contribuir favorablemente al territorio y al visitante, y no convertirse en un motivo más de gentrificación de los destinos turísticos.The Conversation

Emma Pla Rusca, Directora del Máster en Innovación de la Gestión Turística, CETT Barcelona School of Tourism, Hospitality and Gastronomy

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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