El sector de viajes y turismo creció más rápido que cualquier otro sector industrial en 2017, generando en torno a 8,300 millones de dólares al PIB mundial  y respaldando 313 millones de empleos, según los datos facilitados por el The World Travel & Tourism Council. Este organismo prevé que la cantidad de llegadas internacionales aumentará de 1.300 millones en 2017 a 1.800 millones en 2030.

A nivel global, de acuerdo a la Organización Mundial del Tursimo (OMT) el volumen de negocio del turismo se iguala o incluso supera al de exportaciones de petróleo, automóviles o productos alimenticios, lo que lo convierte en fuente principal de ingresos de numerosos países desarrollados.

Por ello en general la mayoría de naciones han abogado hasta siempre por políticas destinadas a favorecer la llegada de viajeros a sus destinos. Pero aunque nadie quiera matar a la gallina de los huevos de oro, lo cierto es que en los últimos años, la llegada de turistas se está convirtiendo en todo un problema para muchos destinos.

Conocido en el mundo anglosajón como overtourismeste turismo masivo o sobreturismo se genera cuando el elevado número de turistas que recibe un lugar provoca consecuencias negativas crecientes para la comunidad que reside en él.

El turismo masivo no es un problema nuevo. Ya en el verano de 2012 aparecía en Twitter el hashtag #overtourism, pero no se convertía en fenómeno hasta 2017, cuando parte de la población de ciudades como Venecia, Barcelona o Dubrovnik comenzaba a reaccionar contra la llegada de turistas. Para hacernos una idea, en aquel momento, Venecia con tan solo 55.000 residentes acogía anualmente a más de 20 millones de turistas.

Efectos del overtourism o turismo de masas

El aumento demográfico, las mejoras en las condiciones de vida de una mayor parte de la sociedad así como una democratización de los viajes, con alojamientos y transporte de bajo coste han favorecido que cada vez más gente en todo el mundo pueda y quiera viajar. Y como es de esperar, la mayoría de los viajeros en general se decantan (o nos decantamos) por los mismos destinos populares. Dando lugar al sobreturismo.

En este escenario, los alquileres turísticos promovidos por el efecto Airbnb son uno de los problemas que más está llevando a los ciudadanos a levantarse frente a los turistas en las principales ciudades europeas. El aumento del precio de los alquileres motivado por propietarios interesados en convertir sus inmuebles en viviendas vacacionales está llevando a muchos vecinos a tener que dejar sus barrios para desplazarse a las afueras de los grandes núcleos urbanos.

A esto se suma el problema medio ambiental que el exceso de visitantes puede conllevar en ciertos parajes. Las islas Galápago ya ha comenzado a reflexionar sobre el efecto que el turismo creciente está teniendo en el paraje. Si en 2006 había 37 hoteles en la zona, para 2017 esta cifra alcanzaba ya los 317. En Tailandia el Gobierno del país se veía obligado en 2016 a cerrar al público una de sus islas más paradisíacas. Y de acuerdo a la BBC en 2017, unas 100 chozas masai fueron incendiadas en Tanzania con el objetivo de desalojar el poblado para la construcción de una reserva de caza para atraer turistas adinerados provenientes de Emiratos Árabes. Estos son solo algunos ejemplos de lo que el turismo puede llegar a suponer en una región.

En definitiva la degradación ambiental, el aumento en los costes de vida y el empobrecimiento cultural de los destinos afectados son los principales problemas derivados del turismo masivo.

A continuación te mostramos algunos de los destinos más populares que están luchando ya por detener el exceso de turistas.

Venecia, Italia

Venecia

A medidados del siglo XX, Venecia tenía 175.000 residentes, actualmente la población está cifrada en 50.000 personas y las previsiones indican que en 2030 no queden venecianos en el centro de la ciudad. Frente a esto, la llegada de turistas no hace más que crecer. Más de 20 millones llegan cada año a la popular ciudad italiana.

Además del exceso de visitantes, se le suman los problemas medioambientales. Según la organización No Grandi Navi cada una de las naves de un crucero contamina lo mismo que 14.000 automóviles. En Venecia, en la cuenca de San Marco y en el Canal de Giudecca, hay 1.300 cruceros cada año y más de 700 ferries.

Por ello, una de las restricciones asumidas por la ciudad en enero de 2018 obliga a los grandes cruceros de hasta 55.000 toneladas a ser desviados desde los canales del centro de la ciudad hasta puertos industriales más alejados.

Además en abril de ese mismo año, Venecia sorprendía al mundoanunciando que instalaría tornos a la entrada de la ciudad para limitar el acceso a determinadas áreas, coincidiendo con un largo puente festivo.

Ciertas áreas de la ciudad pasaban entonces a ser únicamente accesibles para los residentes y visitantes habituales de la ciudad, para lo que resultaba necesario contar con la tarjeta Venezia Unica.

Aunque se trataba de una acción puntual, las nuevas medidas de gestión de turismo que prepara la ciudad parecen enfocadas a que los turistas tengan que reservar con antelación su visita y poder así regular el número de visitantes total que puede acceder.

Barcelona, España

Barcelona

Barcelona es otra de las ciudades que más sufre el conocido turismo masivo. Con una población que ronda los 1,6 millones de habitantes, la ciudad condal recibía en 2017 un total de 14,5 millones de turistas, según datos del Ayuntamiento.

Posicionada como la tercera ciudad más visitada de la UE y la 12 a nivel mundial, no sorprende que ese mismo año, la percepción de saturación de turistas por parte de los habitantes locales superara por primera vez a la de continuar atrayendo más viajeros. Según recoge el informe sobre percepción del turismo en Barcelonarelativo a 2017, el 59,9% de los encuestados pensaba por aquel entonces que Barcelona había llegado al límite de su capacidad.

Incluida por el diario británico The Independent como una de las ciudades que más odian a los turistas, Barcelona ha comenzado a tomar las primeras medidas encaminadas a limitar el acceso de visitantes.

En 2016 se decretaba la prohibición de nuevas aperturas de establecimientos comerciales vinculados al turismo y el ocio en el centro de la ciudad. Un año antes Barcelona decidía vetar la construcción de alojamientos turísticos.

Dentro de los planes para ofrecer un uso más vecinal de la ciudad, el consistorio decidía prohibir el acceso a los grupos de más de 20 personas a su mercado de La Boquería, los viernes y sábados.

Además desde el gobierno de la ciudad también anima a los vecinos a denunciar los alquileres turísticos ilegales. Una lucha que llevaba en 2016 al Ayuntamiento de Barcelona a multar con hasta 600.000 euros a Airbnb y Homeaway por anunciar pisos turísticos ilegales en la ciudad.