Educación

Los colegios rurales podrían ser seguros incluso con tasas de transmisión comunitaria del 40%

escuela rural

Un estudio demuestra que los colegios rurales pueden seguir funcionando con tasas de transmisión comunitaria de hasta el 40%. El uso de las mascarillas y la creación de grupos reducidos de alumnos resultan claves para disminución de contagios de COVID-19.

Con la expansión del COVID-19, una de las primeras medidas que todos los países del mundo tomaron fue la del cierre de los colegios, algo que, sin embargo, podría no ser un problema en los colegios rurales, que podrían seguir funcionando incluso con tasas de transmisión comunitaria de hasta el 40%, según un estudio que recoge U.S. News & World Report.

El informe que ha sido publicado por el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades
de Estados Unidos (CDC, por las siglas en inglés) detalla que con las estrategias de protección adecuadas, las escuelas K-12 (designación utilizada para la educación primaria y secundaria) pueden funcionar con un riesgo de transmisión mínima del COVID-19. 

El estudio demostró que con el uso de las mascarillas y como el hecho de agrupar a los estudiantes en pequeños grupos las escuelas rurales pueden mantener un riesgo bajo de transmisión del COVID-19, incluso cuando las tasas de transmisión comunitaria son altas.

Los investigadores analizaron el cumplimiento de estas dos medidas anteriores entre 5.000 alumnos y 650 miembros del personal docente de 17 escuelas rurales del Condado de Wood, en Wisconsin, donde el 85% de los alumnos asistían de forma presencial a los colegios.

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El estudio al comparar las tasas de COVID-19 atribuibles a la escuela con las de la población  concluyó que la educación presencial no impulsó la transmisión del coronavirus. De los 191 contagios que se identificó entre el alumnado y el personal docente, solo 7 casos se asociaron con la transmisión dentro de la escuela, todos en estudiantes.

Aunque se observó una transmisión comunitaria generalizada durante el período de estudio de agosto a noviembre de 2020, cuando los casos positivos pasaron del 7% al 40%, la incidencia del COVID-19 en las escuelas presenciales fue un 37% más baja que entre la población. 

Estos hallazgos contradicen las conclusiones de otros estudios que apuntaban a que solo era posible volver a la escuela presencial sin riesgo al contagio por el COVID-19 cuando las tasas de transmisión comunitaria fueran bajas.

Esta condición resulta imposible de cumplir en un país como Estados Unidos, que tiene unas altas tasas de infección, al tiempo que se mantiene la presión hospitalaria. Asimismo, son muchos los distritos escolares que carecen de los recursos necesarios para implementar medidas de protección como la creación de grupos de alumnos más reducidos o, incluso, proporcionar mascarillas a su personal.

En esta misma línea, el estudio reconoce que estos resultados no son necesariamente aplicables al resto del país, ya que las escuelas que participaron en el estudio emplearon una serie de medidas de protección frente al COVID-19, algo que no es fácil de llevar a cabo en el resto de Estados Unidos.

Un colegio con medidas protección sanitaria no atañe más riesgo que otro contexto  

Estas escuelas de Wisconsin establecieron grupos de reducidos de 11 a 20  alumnos, con el fin de no mezclarse con otros estudiantes, al tiempo que todas las actividades, incluido el almuerzo, se realizaba en el interior de la misma aula, donde los estudiantes siempre se sentaban siempre junto a los mismos compañeros. 

El estudio sugiere, en términos generales, que asistir a un colegio donde se implementan estrategias de protección sanitaria no coloca al alumnado en un entorno de mayor riesgo del que pueda existir en la población.

“Tener a los niños en un entorno escolar supervisado podría aumentar el uso de las mascarillas, y  con ello ayudar a minimizar la exposición de niños y adultos frente al COVID-19”, concluye el informe.

El retorno al campo: el futuro de colegios rurales en España.

Aunque el estudio está centrado en Estados Unidos, lo cierto es que la llegada del COVID-19 a España hizo que unos 8 millones de alumnos y 700.000 profesores de diferentes grados escolares tuvieran abandonar las clases en marzo del pasado año, tal y como recoge La información.

Tras varios meses con clases presenciales, había que trazar un plan para el curso 2020-202 y fue entonces cuando la ministra de Educación, Isabel Celaá, insistió en la necesidad de retomar la educación presencial y planteaba un ratio de 15 o 20 alumnos por aula, algo complicado de atajar en las grandes ciudades, pero no en los entornos rurales, donde la media se situaba en 13 alumnos. 

Durante los años previos a la pandemia fueron muchos los pueblos que veían peligrar sus colegios por la falta de población, algo que, sin embargo, cambió cuando la pandemia asoló España, en particular las grandes ciudades, lo que trajo consigo un retorno a las zonas rurales.

Un claro ejemplo de este retorno al medio rural es la reapertura del Colegio Público de Educación Infantil y Primaria Nº 1 de Cabañas de Yepes, en Toledo, que vuelve abrir sus puertas tras 41 años cerrado por la falta de alumnado. Este decisión surge tras la petición del ayuntamiento, pero también tras el compromiso de 8 familias de escolarizar a sus hijos.

“Con este movimiento que está surgiendo de vuelta a los pueblos y al campo es importante mantener las escuelas en el mundo rural” explica, por su parte, ,Francisco Rodríguez, alcalde de Ureña, en Valladolid, un municipio de 170 habitantes, conocido por ser el pueblo que tiene más librerías que bares.

*Artículo original publicado por Marta Godoy en Business Insider

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