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Qué es el kintsugi, la belleza japonesa que acecha tras los objetos rotos

Qué es el kintsugi y cuáles son los beneficios de esta práctica japonesa

En mundo líquido y frenético donde la prisa manda, la obsolescencia programada todo lo ensucia y las modas son efímeras tal vez deberíamos extraer las lecciones de la filosofía japonesa del Kintsugi, que halla valor y belleza en reconstruir aquello que está roto.

La tradición nipona del Kintsugi no entiende de fealdad ni de jubilar cosas solo por que estén rotas, sino que se centra precisamente en hallar hermosura en la recuperación de las piezas. El propio vocablo Kintsugi significa en japonés carpintería de oro -también llamado Kintsukuroi o reparación de oro- y alude a esta técnica consiste en arreglar fracturas de la cerámica con barniz de resina espolvoreado o mezclado con polvo de oro, plata o platino.

Al igual que pasa con nuestras vidas, también llenas de arrugas, heridas y surcos, los japoneses entienden que las roturas forman parte activa de la historia de un objeto y que por tanto no deben esconderse sino mostrarse al mundo, validando su importancia al rellenar dichas grietas de oro. La historia de esta práctica se remonta a finales del siglo XV cuando el shōgun, Ashikaga Yoshimasa, envió a China dos de sus tazones de té favoritos para ser reparados. Regresaron arreglados con toscas grapas de metal, que afeaban su estética, por lo que artesanos japoneses lo repararon de forma más bella, convirtiendo en arte esta modalidad cerámica.

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El nuevo valor que adquieren las piezas es tanto, que en muchos casos las antiguas piezas reparadas mediante este método sean más valoradas que aquellas que nunca se rompieron. En Japón las piezas se unen con laca de resina del árbol Urushi rociada con polvo de oro, plata o platino. Para ello se sirven de un pincel de kebo o makizutsu. En la actualidad el Kintsugi no se circunscribe exclusivamente a Japón, sino que se aplica a cerámica de Corea, China o Vietnam.

El Kintsugi tiene cinco fases: el accidente o fractura del objeto -cuyos fragmentos se deben reunir-, la limpieza y ensamble de las piezas, la espera, reparar y revelar. Por todos los matices que esconde y sus enseñanzas, no es solo una disciplina de restauración sino una interesante filosofía con implicaciones valiosas para el mundo en el que vivimos y los tiempos que corren. Como dijo Leonard Cohen, “hay una grieta en todo. Así es como entra la luz”.

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Sobre el autor

Andrea Núñez-Torrón Stock

Licenciada en Periodismo y creadora de la revista Literaturbia. Entusiasta del cine, la tecnología, el arte y la literatura.