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La historia de la lata de manteca de la II Guerra Mundial comestible… 64 años después

lata de manteca

Cuando alguien te apure para seguir a rajatabla la fecha de caducidad de los botes de conserva tal vez debas contarle la historia de la lata de manteca del farmacéutico Hans Feldmeier, que permaneció casi intacta desde la II Guerra Mundial hasta bien entrado el nuevo milenio.

Corría el final de la década de los años cuarenta cuando a las manos de un joven alemán llamado Hans Feldmeier llegó un bote de manteca, como parte de los paquetes de ayuda repartidos por millones en la Alemania Occidental tras la guerra mundial. Estos hatajos de alimentos abarcaban azúcar en polvo, queso, o leche destinados a alimentar a miles de ciudadanos hambrientos tras la devastación bélica y los problemas económicos que atravesaba el país.

La lata de manteca había sido envasada en 1948 y pertenecía a la marca “Swifts Bland Lard”. Con el paso de los años, Feldmeier se la quedó sin abrirla, y por motivos sentimentales decidió no deshacerse de ella. En 2012, cuando contaba con 87 años, decidió entregarla para analiar a las autoridades sanitarias del estado federado de Mecklemburgo-Antepomerania. Cabría esperar que el producto de su interior no fuese apto para el consumo, pero sorprendentemente, los años le sentaron bien a aquel tarro enlatado de manteca tan especial. 

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La razón por la que el farmacéutico alemán decidió que se analizase la lata en un laboratorio fue, precisamente, un debate en torno a no comer alimentos con fecha de caducidad vencida. Pese al dilatado paso del tiempo la manteca se mostró en buen estado, con una ligera pérdida de sabor y aroma pero la calidad que las normas obligatorias para su consumo estipulan, 

“En términos generales, el estado del producto después de 64 años es satisfactorio en lo que se refiere a su grado de frescura y composición material”, apuntó tras su análisis Frerk Feldhusen, director de la Oficina de Agricultura, Seguridad Alimentaria y Pesca regional. Los expertos apuntaron a que guardar el recipiente lejos de la influencia del aire y de la luz o los propios antioxidantes de la conserva, como el ácido cítrico y la resina de guayaco con efectos antioxidantes, fueron responsables del estupendo estado de la manteca.

“Sencillamente no me podía separar de esta bonita lata”, dijo el farmacéutico alemán, a quien devolvieron esta lata de tan importante valor simbólico, aunque ya vacía en su interior. 

Imagen | Agencia Efe

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Sobre el autor

Andrea Núñez-Torrón Stock

Licenciada en Periodismo y creadora de la revista Literaturbia. Entusiasta del cine, la tecnología, el arte y la literatura.