Millones de personas disfrutan enormemente con Halloween y todo lo que rodea a esta fiesta: los disfraces terroríficos, los sustos y las historias de terror. Pero, ¿sabes por qué nos gusta ver películas de miedo, si en muchas ocasiones nos hacen pasar un mal rato? La ciencia tiene la respuesta a esta incógnita.

Antes de nada, en primer lugar vamos a ver qué es el miedo exactamente. Se trata de un mecanismo biológico de defensa que tiene el objetivo de proteger a los seres vivos de las amenazas que ponen en riesgo su integridad o existencia. Puede tener manifestaciones sencillas e instantáneas, como la necesidad de alejarnos de un depredador, o más complejas, como la ansiedad existencial.

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Aunque el miedo produce angustia y sensaciones desagradables, a muchas personas les gusta recrear estas emociones de una forma ficticia a través de imágenes, películas, libros o situaciones simuladas.

Entonces, si nos hacen pasar un mal rato, ¿por qué nos gusta revivir estas emociones? Los científicos señalan que la diferencia entre estar aterrorizado y disfrutar pasando miedo reside en el análisis del contexto: nos asustamos de verdad cuando sabemos que la experiencia es real, mientras que si somos conscientes de que nos encontramos en un entorno seguro podemos disfrutar de la sensación de miedo.

Cómo experimentamos el miedo

Para entender cómo hace esta diferenciación el cerebro, en primer lugar tenemos que abordar cómo experimentamos el miedo. La reacción arranca desde la amígdala, que envía señales a todo el cuerpo para preparar al organismo para la lucha o la huida. Esto desencadena un estado de alerta, las pupilas y los bronquios se dilatan, aumenta la frecuencia cardíaca y la presión arterial, así como otros cambios destinados a optimizar el cuerpo para responder a la amenaza.

El hipocampo y la corteza prefrontal del cerebro están estrechamente conectados con la amígdala y contribuyen a interpretar si el peligro es real. Para ello, analizan la información contextual y, si no perciben peligro verdadero, las vías inhibitorias amortiguan la respuesta al miedo de la amígdala, así como los cambios en el organismo.

Por qué disfrutamos pasando miedo

Hay muchas personas que disfrutan pasando miedo. De acuerdo con las investigaciones científicas, algunas de las principales sustancias químicas de nuestro cerebro que participan en la respuesta de lucha o huida también están involucradas en otros estados positivos, como la felicidad o la emoción. Esto explica que la alta excitación que experimentamos durante un susto se pueda vivir como algo positivo.

Otra de las razones que explican que nos guste pasar miedo es que nos permite abstraernos de las preocupaciones, ya que el estado de alerta inducido hace que no pensemos en otras cosas. Además, también favorece el aprendizaje social.

Sin embargo, también hay personas que no disfrutan pasando miedo. Esto es debido a que se produce un desequilibrio entre la excitación causada por el miedo y la sensación de control del cerebro, lo que hace que el individuo viva la experiencia como demasiado real y por eso le parezca desagradable.