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El curioso origen del apodo “Gran Manzana” de la ciudad de Nueva York

El curioso origen del apodo "Gran Manzana" de la ciudad de Nueva York

La Gran Manzana es el apellido que siempre ha ido ligado a la cosmopolita Nueva York, la ciudad que nunca duerme. ¿Sabes a qué debe la urbe neoyorquina este famoso apodo?

Luminosa, insomne y repleta de bullicio, música, colores y pasos. Nueva York se conoce como la Gran Manzana pero, ¿a qué debe este apodo la metrópolis? La historia se remonta un siglo atrás, cuando el reportero John Fitz Gerald, cuyo trabajo en el periódico New York Morning Telegraph se basaba en cubrir las carreras de caballos.

Por aquel entonces algunos de los mejores caballos de carreras procedían del área de Nueva Orleans y todos querían acudir a la ciudad neoyorquina. Fitz Gerald escuchó que debido a los prestigiosos premios de estas competiciones en Nueva York la urbe comenzó siendo apodada como la gran manzana de las carreras ecuestres. El periodista halló el término apto y atractivo y empezó a usarlo regularmente en sus columnas.

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El término Gran Manzana despegó fuera de los círculos de carreras de caballos, con músicos de jazz, especialmente aquellos en Harlem, llamando a la ciudad por el apodo. Tenía el mismo significado para los músicos que para los corredores de caballos: había muchos hipódromos pequeños y clubes de jazz en todo Estados Unidos que podrían ser las manzanas pequeñas, pero la fama y la fortuna que se pueden encontrar en Nueva York fue la gran manzana.

De hecho, la década de 1930 había un club en Harlem y un baile llamado “La Gran Manzana” que se realizaba de forma grupal y que puedes consultar en documentos gráficos como este vídeo subido a YouTube, que data de 1937. Se trata de una danza tan divertida como agotadora.

La historia del nombre dio bastantes más vueltas, ya que en la década de los cincuenta. En la década de 1950, el apodo se había desvanecido en su mayoría. En la década de 1970 existían altos índices de criminalidad y problemas económicos: la manzana había dejado de brillar.

Pero todo dio un vuelco cuando la Oficina de Convenciones y Visitantes de Nueva York, bajo la dirección de Charles Gillett, comenzó una campaña publicitaria para revitalizar la reputación de la ciudad como la Gran Manzana. Gillett era un fanático del jazz y bajo esa promesa de glamour logró que el nombre volviese a brillar alto, como los rascacielos de su luminosa urbe, llena de eternas promesas.

Fuente | How Stuff Works

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Sobre el autor

Andrea Núñez-Torrón Stock

Licenciada en Periodismo y creadora de la revista Literaturbia. Entusiasta del cine, la tecnología, el arte y la literatura.