Tecnología

De la Telemática a nuestros días – Parte I

Publicamos un nuevo artículo en colaboración con Palermo Valley en el que se repasa de forma analítica pero breve la evolución de la red para después sacar pequeñas definiciones de conceptos básicos para entender el funcionamiento de Internet y construir así la idea de “El cerebro global”. Arrancamos con la primera parte de este artículo dividido en dos.

Este artículo es fruto de la colaboración entre Palermo Valley y ReadWriteweb.es. El autor es Gustavo Adrián Salvini, Desarrollador de software, usuario de Linux desde 1994, socio fundador de EcimTech, compañía de desarrollo de sistemas y servicios informáticos y estudiante de Ingeniería Electrónica en la Universidad de Buenos Aires.

Un poco de historia: La telemática

En los años noventa se hablaba mucho más que ahora de la telemática, un neologismo que algunos tratábamos de explicar a los demás como la acción simultánea de las “telecomunicaciones” y la “informática”. En esa época teníamos una incipiente pero interesante superposición de disciplinas. Lo que sucede hoy en el espacio de la red Internet es superior a una mera superposición de acciones y efectos. Allí predomina la sinergia, ese concepto que dice que en un sistema, la acción total de sus partes funcionando en conjunto resulta superior a la suma de las acciones individuales de cada una de ellas. En esta dimensión digital de la Red, la sinergia surge directamente de la colaboración.

Muchas de las tecnologías que hoy conforman este mundo, comenzaron a gestarse a fines de la década de 1960. ARPAnet, la red del Departamento de Defensa de los Estados Unidos de América, los protocolos del TCP/IP, incluso otras redes diferentes a Internet, fueron apareciendo, y la colaboración compensó la escasez relativa de recursos tecnológicos de aquellos días.

Por esos años, en Argentina no existía el acceso público a la Red Internet. Pocos países tenían acceso, y no a una red Internet tal como la conocemos ahora. Algunos jugábamos con modems de acoplamiento acústico a 300 baudios, y en algunos casos a 1200, que nos parecían increíblemente rápidos.

La escasez: un catalizador del ingenio

Escasez de velocidad de procesamiento y de transmisión de datos, sistemas operativos monotarea. Lenguajes de programación con menor expresividad que la actual y mucha menos disponibilidad de código fuente de terceros para reutilizar. A la Argentina no ingresaban libros sobre temas demasiado avanzados en informática.

Pero fue en medio de esta escasez que nacían y se multiplicaban los Bulletin Board Systems (AKA BBS), una suerte de pequeños archipiélagos desconectados entre sí, pero que recibían con brazos abiertos a esos primeros visitantes “virtuales”, que en general navegaban por estos “sitios” de a uno por vez.

Progresar en solitario era algo imposible, por lo cual naturalmente fueron surgiendo las primeras intenciones de formar redes, y las intenciones se convirtieron en acciones. Rápidamente se establecieron las primeras redes de BBS. Redes grandes, globales y con miles de integrantes como FidoNet, y otras más pequeñas, locales, con cientos de miembros, como EcoNet o SouthNet (éstas, en Argentina). Y así los BBS dejaron de ser islas. Un mensaje publicado por un usuario, podía aparecer en decenas de sistemas en cuestión de horas. La uni-dimensionalidad Usuario <–> Sistema se fue diluyendo para dar el lugar a una multi-dimensionalidad exuberante.

Claras muestras de un ciberespacio incipiente pero en acelerada evolución.
Una conversación pública comenzaba a escribirse. Una suerte de línea de tiempo (o timeline) se iniciaba y la colaboración pasó a ser el denominador común en estos nuevos medios, de aquí en adelante.

En camino hacia un cerebro global

H. G. Wells consideraba que la educación universal era una condición imprescindible para conseguir la utopía de un mundo unido y en paz, que la información tenía que ser asimilada a escala mundial para construir un mundo mejor, en armonía y progreso.

Para Wells, si la información aumentaba a ritmo exponencial, la mayoría de la población seguía siendo ignorante hasta límites inconcebibles: “la humanidad es una raza situada entre la educación y la catástrofe”, sentenciaba.

Planteó una solución, y la denominó Enciclopedia Mundial Permanente. Esta Enciclopedia estaría situada en una cámara central que gestionaría toda la información recogida en todas las culturas, para después distribuirla rápidamente por todo el mundo en otras bibliotecas donde se almacenaría en microfilms:

Parece posible que en un futuro cercano tengamos bibliotecas microscópicas en las que se podrá guardar una fotografía de cada libro y documento importante del mundo, que estaría disponible para que la consulten los estudiantes […] Está cerca la hora en que cualquier estudiante, en cualquier parte del mundo, podrá sentarse con su proyector en su propio estudio para examinar a voluntad cualquier libro, cualquier documento en una reproducción exacta“.

Quedé impactado al leer estos presagios.

El Mashup Global, o la ensalada del conocimiento colectivo.

En mi relato hasta este punto, he podido contarles cómo los años 1990’s se caracterizaron por la alineación y convergencia de complejas tecnologías, potenciando a una nueva criatura de incalculable poder denominada “World Wide Web“. Personalmente, me gusta referirme a la WWW como  “El Mashup Global“ o “La Ensalada del Conocimiento Colectivo“.

El los años sucesivos pudimos ver cómo se fueron dando cambios cada vez más frecuentes, apoyados en hechos que, cual efecto dominó, configuraron hitos de la historia reciente, y cambiaron de un plumazo el escenario global. No solo a nivel tecnológico sino también, y muy fuertemente, a nivel social y cultural, acortando distancias y tiempos, transformando en instantáneos procesos comunicacionales que antes podían llevar meses.

Cambiaron así los paradigmas, de la mano de las telecomunicaciones modernas y considero por seguro que estos cambios son procesos irreversibles, que nos acercan a un ritmo acelerado a una nueva configuración cultural global basada en la inmediatez, la omnipresencia y la colaboración a distancia, ya no como algo novedoso sino como commodities.

Sobre el autor de este artículo

Redacción TICbeat

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