Tecnología

¿Pudo la tecnología evitar el accidente de Germanwings?

Avión Germanwings

Desde 2006 existen tecnologías que permiten tomar el control de un avión desde tierra en cualquier momento y que podrían haber evitado el accidente de Germanwings.

El pasado mes de marzo, el copiloto del vuelo 4U9525 de Germanwings, Andreas Lubitz, estrelló voluntariamente un Airbus A320 con 150 personas a bordo en los Alpes franceses. Su desequilibrio mental no le impidió bloquear en repetidas veces la puerta de acceso a la cabina y pulsar el botón de descenso para suicidarse de esta deleznable forma.

El capitán del avión se dio cuenta inmediatamente de que algo extraño sucedía, pero se vio incapaz de regresar a la cabina para tomar el mando de la aeronave ya que las puertas blindadas (que se introdujeron tras el 11-S) convierten la zona de los pilotos en un auténtico fortín inescrutable. En ese sentido, cualquier miembro de la tripulación que desee acceder a la cabina ha de solicitar permiso a los que permanecen dentro. En caso de que no haya respuesta, existe un mecanismo de emergencia (por si el piloto se hubiera desmayado o similar) por el que, introduciendo unos códigos secretos, pueden abrir manualmente la puerta.

Sin embargo, las personas que están dentro de la cabina pueden bloquear estos códigos, como ocurrió en el caso del vuelo de Germanwings, haciendo completamente inútil esta segunda vía. Por ello muchos se han preguntado, ¿no habría podido la tecnología evitar este accidente? La respuesta es sencilla: sí. Existen varias alternativas ya desarrolladas que, en caso de que hubieran estado implantadas en ese vuelo, hubieran impedido que Lubitz estrellara el avión.

Por ejemplo, existen tecnologías (como la patentada en 2006 por el fabricante americano Boeing o la registrada en 2009 por la compañía Honeywell) que permiten tomar el control de cualquier vuelo desde tierra. Estos mecanismos -que los controladores alemanes no tardaron en exigir- comparten similitudes con la forma de pilotar un dron, con la que mediante una interfaz remota, cualquier técnico de la torre de control pueda pilotar el avión hasta aterrizarlo de forma segura. Estos sistemas sólo serían utilizados en casos de extrema gravedad y serían imposibles de desactivar por las personas a bordo de la aeronave.

Muchos riesgos

Sin embargo, el problema en estos casos radica en los numerosos peligros que supone tener una conexión directa con tierra que, en caso de caer en malas manos, pueda estrellar todos los aviones del planeta en apenas unos segundos. En ese sentido, las comunicaciones vía satélite son seguras pero nadie sabe si lo suficiente como para hacer frente a la horda de hackers que podrían acechar esta plataforma en caso de ponerse en marcha.

jetplane

Asimismo, el coste de las comunicaciones satelitales hace que sea inviable económicamente mantener una transmisión de información en todo momento de lo que sucede en el avión, por lo que habría que optar por un complejo ecosistema de sensores que permitan detectar anomalías en el avión (pérdidas repentinas de altitud, golpes en la puerta, alertas en los paneles de mando ignoradas…) y activar el sistema. Pero, también en este escenario hay un problema: las falsas alarmas.

Y es que son muchos los incidentes que suceden a diario en los miles de vuelos que surcan nuestros cielos y que en absoluto suponen un riesgo ni comprometen la seguridad del avión. A pesar de ello, un sistema de este tipo activaría todas las alarmas al mínimo desvío de los parámetros normales, con lo que se perdería mucho tiempo por parte de los operarios de las torres de control en descartar todas estas falsas alarmas.

‘Caja Negra’ en tiempo real

Resulta complicado de creer que, en tiempos en los que los aviones disponen ya de conexión a Internet, no se haya conseguido implementar una ‘caja negra’ en tiempo real; esto es: un canal de comunicación continuo entre el avión y las torres de control en las que se pueda saber todo lo que sucede a bordo de la cabina en cualquier momento del vuelo, pudiendo tomar así medidas más eficaces para prevenir incidentes. Se trata, de nuevo, de un procedimiento con un alto coste económico, motivo por el que aún no se han puesto en marcha.

Además, en caso de que el avión finalmente acabe contra el suelo o el agua, no será necesario emprender una titánica búsqueda de un pequeño dispositivo (que para más inri, no posee ningún mecanismo de geolocalización) en una gran área de terreno (o de mar), sino que será tan sencillo como acceder a los discos duros de la torre de control para averiguar lo que ha ocurrido a bordo.

Sobre el autor de este artículo

Alberto Iglesias Fraga

Periodista especializado en tecnología e innovación que ha dejado su impronta en medios como TICbeat, El Mundo, ComputerWorld, CIO España, Kelisto, Todrone, Movilonia, iPhonizate o el blog Think Big de Telefónica, entre otros. También ha sido consultor de comunicación en Indie PR. Ganador del XVI Premio Accenture de Periodismo y Finalista en los European Digital Mindset Awards 2016.

  • David

    Una tecnología que evita que el piloto estrelle el avión contra el suelo (al menos sin bajar el tren de aterrizaje) es el Auto-GCAS: http://theaviationist.com/2015/02/02/f-16-gcat-explained/ Igual se podría adaptar para que aunque baje el tren de aterrizaje, si no está sobre una pista de aterrizaje y a velocidad adecuada, no pueda aterrizar ni chocar contra nada.