Steve Jobs, un directivo complejo

Hace ahora exactamente un año, Apple anunciaba el fallecimiento de Steve Jobs. Jobs había abandonado la dirección de la compañía poco antes, dejándola en manos del que muchos consideraban su delfín, Tim Cook, para centrarse en luchar contra el cáncer que padecía desde hacía años. Su aspecto demacrado en las últimas apariciones públicas del entonces consejero delegado presagiaban lo peor y muchos eran los que señalaban que la salud de Jobs difícilmente podría soportar más envites de la enfermedad.

La noticia de su muerte se anunció de madrugada (hora española) y la respuesta de la gente fue sorprendente. Jobs no era sólo un consejero delegado: era uno de los directivos del sector de las nuevas tecnologías más influyentes y carismáticos, una figura que había transcendido más allá del mundo tech y que se había convertido en una referencia para mucha gente.

Homenaje en una Apple Store londinense a Jobs

La población reaccionó ante la noticia de su muerte como podría haber hecho con una celebridad  o como, a escala, sucedió con la muerte de Lady Di.

Las tiendas de la firma se convirtieron en centros de peregrinación y sus puertas se llenaron de velas, de flores, de cartas y de manzanas mordidas que emulaban a la del logo de la firma.

Se hicieron vigilias en las que en lugar de velas se iluminaban con las pantallas de sus iPhones encendidos, se abrió un libro de visitas para dejar unas palabras para la familia en la web oficial de Apple y prácticamente todo el mundo que es alguien en las nuevas tecnologías se lanzó a cantar las virtudes de Jobs.

¿Pero quién era en realidad Steve Jobs y cuáles fueron las razones por las que su muerte se convirtió en un acontecimiento mundial de semejante calado? Su historia es una versión digna de una película de superación del sueño americano, que además ya ha calado hasta el folklore gracias a películas, libros y referencias múltiples.

Una compleja vida personal

Steve Jobs nació el 24 de febrero de 1955. Su madre era una estudiante universitaria y su padre un inmigrante sirio que no estaban casados. El padre del niño no gustaba mucho a la familia de Joanne Schieble, la madre, que acabó dando al niño en adopción. Así llegó a casa de Paul y Clara Jobs, un matrimonio de clase media que no cumplía con las expectativas de Schieble (que quería unos padres con estudios universitarios) pero que amaron y criaron al bebé. Jobs siempre los consideró sus padres, aunque más tarde buscó a su madre biológica y descubrió que tenía una hermana, Mona, fruto del matrimonio posterior de sus padres biológicos. Mona Simpson es escritora y es la autora de una novela, A regular guy, que ficcionaliza la primera parte de la vida de Jobs.

Aunque Paul y Clara Jobs fueron los padres de Jobs, saber que había sido abandonado al nacer por su madre marcó fuertemente su personalidad. Él mismo repitió en parte el comportamiento de sus padres biológicos cuando su novia de la universidad se quedó embarazada. Negó su paternidad y no fue hasta que el Estado de California ganó un juicio en contra de Jobs cuando ya era un millonario (y su hija vivía de los subsidios estatales) que reconoció a la pequeña Lisa.  La historia de Lisa es unos de los puntos oscuros de la biografía del genio tecnológico, aunque el propio Jobs reconocía a su biógrafo, Walter Isaacson, que nada tenía que ocultar. “Hice muchas cosas de las que no estoy orgulloso”, explicaba a Isaacson, “como dejar embarazada a mi novia a los 23 años y como me comporté entonces, pero no tengo ningún cadáver en el armario que no pueda salir a la luz”.

Jobs se casó posteriormente con Laurene, ahora la responsable de su legado, con quien tuvo tres hijos con los que mantuvo una relación completamente diferente a la que tuvo con su primogénita, Lisa.

El fundador de Apple era un hombre espiritual, con creencias muy fuertes y particulares en según que temas. Por ejemplo, estaba convencido en su juventud de que no podía oler mal, porque se alimentaba de fruta. Fueron esas creencias las que le llevaron a confiar en las terapias naturales al comienzo de su enfermedad y las que impidieron que recibiera un tratamiento médico – y contrastado como eficaz científicamente – que hubiese quizás frenado el avance de su mal.

Un visionario en los negocios

Steve Jobs en una presentación en 2005

Su vida personal  – por muy discreto que quisiese ser Jobs – fue siempre un foco de atracción para los medios y para el público, aunque la grandeza del ejecutivo estuvo en su condición de visionario en el mundo de los negocios.  ¿Fue un innovador o alguien que supo hacer negocio con la innovación desaprovechada de otros? ¿Fue realmente un pirata – como también él se vanagloriaba en sus primeros tiempos – que se hizo con lo que otros estaban desarrollando (¿quién no ha oído hablar de la visita de Jobs y de su equipo a Xerox en los 70?) o un dinamizador que generó un desarrollo propio?

Jobs ha demostrado, y eso sí es indiscutible, que la fortaleza y el tesón permiten conseguir muchos logros en el mundo de los negocios. Fundó Apple con su amigo Steve Wozniak y consiguió hacer muy popular al ordenador personal. Lo echaron y fundó Next. Luego lanzó Pixar al estrellato y, cuando volvió a Apple, se encontró con una empresa al borde de la quiebra. Jobs la levantó nuevamente hasta la cumbre y sentó las bases de lo que es hoy día: una firma que ha conseguido generar necesidades en los usuarios (¿quién pensaría en tablets o smartphones si no hubiesen aparecido el iPad y el iPhone?) y que se ha convertido en uno de los valores más seguros del panorama empresarial.

El fundador de Apple es también un ejemplo de cómo no gestionar al personal. A pesar del éxito de la empresa y de la adoración que podía despertar entre sus empleados (que podían llegar a verlo como un iluminado), Jobs se podía comportar como un tirano, somentiendo a sus trabajadores a unos elevados niveles de presión o – como concluye en su biografía Isaacson analizando la repercusión que tuvieron los diseños de productos que en realidad pertenecían a Jon Ive- atribuirse méritos que no le correspondían.

Tampoco a sus consejos ejecutivos o a sus altos directivos les resultaba fácil lidiar con él. Jobs esperaba de todos una dedicación entregada (su heredero, Tim Cook, ha sido descrito en múltiples ocasiones como un workaholic) y un alto grado de competitividad.

Toda la información sobre el primer aniversario del fallecimiento de Steve Jobs en nuestro especial

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