Tecnología

El reto del Big Data está en las compañías tradicionales – entrevista

El big data, sin duda es una de las tendencias del 2012 más interesantes. El mundo que promete es realmente increíble. La capacidad de desarrollar infraestructuras y herramientas para gestionar y analizar la enorme cantidad de datos que generamos cada día podría transformar mercados y hacer más productivo casi cualquier aspecto en el que interviene la gestión humana. Entrevistamos a Chuck Hollis, vicepresidente y CTO global de Marketing de EMC.

Pregunta. ¿Ya está el big data cambiando el mundo corporativo?

Respuesta. Como citó una vez William Gibson, “el futuro ya está aquí, solo que no está distribuido equitativamente.”  Esa observación se aplica a cómo big data está cambiando la forma en la que las empresas están gestionando sus negocios.

Para las compañías que “nacieron digitales”, la utilización de grandes cantidades de datos para potenciar sus negocios no es nada nuevo, Google, EBay, Facebook y otros son buenos ejemplos de esto.

Chuck Hollis

El reto más grande se encuentra en las empresas tradicionales que están aprendiendo estas mismas técnicas. La adquisición del conocimiento y la estructura de soporte no es fácil, requiere de un fuerte liderazgo y de un plan de inversión sostenido. Pero conozco a organizaciones tradicionales que han reconocido esta oportunidad, y se están moviendo en esa dirección.

Esta transformación radical no está limitada solamente a las iniciativas privadas: big data también está transformando proyectos sociales y gubernamentales en todo el mundo. Con certeza, este fue uno de los temas más grandes en el reciente Foro Mundial de la Economía en Davos.

P. ¿Cómo cree que las empresas, grandes y pequeñas, se adaptarán a la nueva era del big data?¿Necesitan pasar por un proceso de reorganización?

R. Sí. Como cualquier otro cambio, todo tiene que ver con organizarse para ser exitoso.

En general, las compañías tradicionales están pasando por un modelo de tres fases para poder conseguir la destreza en el análisis de big data.

En la primera fase, trabajan para hacer disponibles los datos existentes y las herramientas de apoyo en toda la organización. El objetivo es animar a las personas a experimentar con sus datos, haciéndolos fáciles de consumir. Es muy común el término “Inteligencia empresarial como servicio” (o BIaaS) usado para describir esta primera fase.

Durante la segunda fase, se incorporan analistas de datos para que puedan resolver un puñado de las preguntas importantes de empresa, las que realmente impacten el negocio. Casi siempre el resultado es un modelo fuertemente predictivo que demuestra el poder del análisis de big data. La gente quiere más, por lo que más analistas de datos se reclutan, además de personal de apoyo que les asista en su trabajo.

En la fase final, los negocios inteligentes hacen operativos los modelos predictivos, reconstruyendo sus principales procesos de negocios para que sean mucho más  perspicaces. Los ejemplos clásicos son las compañías aseguradoras o las firmas de inversión, donde esencialmente estás poniendo un precio al riesgo.

No se tiene porqué hacer todo dentro de la empresa. Conozco empresas más pequeñas que han comprado feeds analíticos de proveedores de servicios, y utilizan poco personal para poder añadir su “ingrediente secreto”. Las organizaciones más grandes, lógicamente, quieren desarrollar una capacidad interna más substancial.

P. ¿Es el proceso de popularización de los análisis de big data similar al de cloud computing?

R. Va por distinto camino. Cuando al principio hablábamos sobre cloud, era una clara discusión de IT: Hacer IT más eficiente, más receptivo, más ágil, etc.

En comparación a eso, los análisis de big data son una discusión sobre negocios apoyada por IT. Yo conozco directivos IT que comprenden el potencial y que buscan ayuda para poder traer las oportunidades a los directores ejecutivos.

Los dos conceptos se unen de un modo interesante: Uno de los argumentos más efectivos en favor de cloud es el análisis de  big data.

P. ¿Cómo cree que los distintos niveles de gestión de datos van a estar organizados en términos de tipos de compañías (grandes, pequeñas, start-ups, etc.)? ¿Hay más oportunidades para nuevas compañías?

R. Personalmente, creo que hay ahora mismo una especie de “fiebre del oro”, creando oportunidades increíbles para compañías más pequeñas y enfocadas. Todo se reduce a quién tiene el talento –los analistas de datos, o data scientists– y quién puede apoyarles de la manera más eficiente con la infraestructura adecuada.

No pasa una semana en la que no me entere de otra empresa boutique que está “vendiendo percepciones predictivas” a compañías más grandes que no han realizado esta inversión.

P. ¿Cuál es su opinión sobre el estado internacional de Big Data en Europa, Asia, Estados Unidos, y Latinoamérica?

R. Buena pregunta.

El análisis de big data está lanzándose en industrias competitivas donde ya hay un recurso disponible de grandes data feeds, una disponibilidad crítica de talento y un entorno razonablemente poco restrictivo en cuanto a reglamento.

Estados Unidos es un hot spot, claro, pero también lo son Brasil, China, India, Australia y algunos otros focos por el mundo.

Pero para mí, es una pregunta de cuándo, no de si o no.

P. ¿Es capaz la tecnología de gestionar la cantidad de datos que se producen a diario? ¿Cree que se desarrollará suficientemente rápido como para poder gestionar los datos que se crearán en los próximos 5 o 10 años?

R. Esa es una pregunta interesante, y creo que hay dos respuestas.

¿Tenemos suficiente tecnología hoy para poder almacenar y procesar todo lo que se debería almacenar y procesar? No lo creo. Los costes asociados serían demasiado elevados.

Pero la tecnología tiene el hábito de alcanzar lo que las personas quieren hacer, y esto probablemente no será una excepción. En 5 o 10 años podremos ver mejoras increíbles que vendrán por el camino.

Habiendo dicho eso, probablemente encontraremos la manera de utilizarlo todo, ¡y seguiremos queriendo más!

Imagen Chuck Hollis: EMC

Sobre el autor de este artículo

Edgar Camelo