Papas, reyes y tecnología

Papa

Aunque pudiera parecerlo por el título, este no es un artículo navideño. A veces las tildes cambian el sentido (en Navidad, con las tildes, podría escribir un artículo titulado “Papás, Reyes y tecnología”). No obstante, debo confesar que en realidad sí que es una carta de deseo al nuevo Papa (en realidad a los dos Papas que vamos a tener un tiempo).

En estos días se elegirá en Roma al nuevo pontífice que liderará una de las mayores religiones del Mundo. Pero también una de las organizaciones más extendidas y potentes del planeta tierra. Mi petición es muy sencilla, que el nuevo Papa mire un poco al pasado para que tengamos tecnologías de futuro.

Un jardín, una ventana y una vitrina olvidada

Este artículo nace en un jardín y creo que me meterá en algún jardín. El jardín en el que nace este artículo está en la ciudad del Vaticano. Hay en los Museos Vaticanos un pasillo con una ventana. Esa ventana da a un precioso jardín. Y junto a esa ventana hay una vitrina. La vitrina está poco cuidada y, por el desgaste del suelo ante la misma, es poco visitada.

Tras sufrir el síndrome Sthendal –un poeta que se mareaba y desmayaba ante tanta belleza– de pasillos y pasillos llenos de todo tipo de obras de arte y colecciones, el visitante llega a este pasillo agotado, con sus sentidos embotados.

Por eso en mi visita de hace un par de años, el agotamiento me llevó a asomarme por la venta para ver el jardín. Al darme la vuelta para retomar la visita di con la vitrina de marras. Acerqué mis cansados ojos al cartelito y ¡sorpresa!: aquella pieza era, con toda seguridad, la más especial y rara de todo el museo. Por cierto, a pocos metros del archivo secreto vaticano, que en realidad de secreto tiene poco como se puede ver en su web.

Pues bien, en este rincón poco visitado del Vaticano se esconde una pequeña piedra proveniente de… la Luna. Un objeto único  entregado al Papa por los propios astronautas del proyecto Apolo.

Dando un paso atrás de la sorpresa, en ese mismo pasillo se agolpan astrolabios, representaciones del sistema solar y toda una demostración empírica del apoyo dado por decenas de Papas a diversos descubrimientos científicos a lo largo de siglos.

Así que esa imagen de una vitrina en su sede, me lleva a una petición al nuevo Papa que será elegido estos días en Roma: que su organización sea capaz de liderar el apoyo a iniciativas científicas y tecnológicas que , por no tener mercado, sin embargo sean la base de mejoras para la humanidad. Tan sencillo y tan grande como eso.

En un mundo guiado por los mercados, a lo mejor una institución como la Iglesia puede redimirse de cierta mala fama convirtiéndose en la que libere los desarrollos de las tecnologías y avances más sociales.

Estas son mis peticiones:

Que el Papa pida a estos científicos y asesores que le marquen las prioridades en las que es necesario un apoyo que no da el mercado

Es poco conocido que el Vaticano ya tiene una estructura científica importantísima. Ya sé que resulta muy sencillo reducir la relación Iglesia-Ciencia a la pelea con Galileo. Pero repasar un poco la historia permite ver que –además de cometer fallos garrafales como los de perseguir al  “Eppur si mueve”– en contraste, la Iglesia, o el Papado, apoyó durante muchos periodos el desarrollo y la innovación.

De hecho, unos años después de “pelearse” con Galilei, la propia Iglesia reconoció la importancia del propio instituto que dirigía Galileo. La actual Pontificia Academia de las Ciencias tiene su origen en la Academia Nacional de los Linces, que fue creada en Roma en 1603, bajo el patrocinio del papa Clemente VIII, y que lideraba el propio Galilei.

 

Víctor Sánchez del Real (@sanchezdelreal), es el fundador de elocuent.com (@Elocuent1) dedicada a la marca personal, para emprendedores, profesionales y pequeñas empresas.Más información en su perfil de colaborador.

 

 

Basta mirar el staff reciente de esta academia para darse cuenta que decenas de Premios Nóbeles y grandes científicos han colaborado de una manera u otra con esta institución. Planck, Marconi, Ruheford, Bohr, Heisemberg (y me imagino que su gato) . La lista de premios Nóbel y científicos que colaboran con la institución es sencillamente mareante.

Por eso, la propuesta que hago es ponerles a pensar y decidir con cierta celeridad qué tecnologías o avances pueden quedarse en la cuneta por no ser  susceptibles de su uso comercial, y que, sin embargo, puedan aportar beneficios a la humanidad.

Que el Papado recupere su espíritu innovador, de aceleradora de startups y promotora de iniciativas emprendedoras

El efecto año 1.000 trajo al que pocos recuerdan el primer Papa “Nobel”.  Silvestre II es el Papa que tuvo que enfrentarse al efecto “año 1.000″ . Imagínate un efecto 2.000 pero con miedo al fin del mundo. Y para eso la Iglesia eligió al que en su día era uno de los científicos más refutados de su época. El Papa Silvestre II: un francés que vivió en España, y al que debemos que en Occidente usemos el sistema decimal y el cero, un invento de los árabes que no tuvo problema en adoptar. Reinventó un nuevo ábaco más potente. También se le puede considerar un precursor de la criptografía por reinventar el código secreto que ya utilizara Cicerón.  En fin, un Papa cruce de Steve Jobs con el Q de James Bond .

Puesta en perspectiva la actividad de éste y otros muchos Papas, de otros miembros de la Iglesia –y ya meto reyes en el saco como prometía– en largos periodos de la historia fue la de ser promotores de viajes científicos, innovaciones y, en general, la invención.

¿Por qué pararon? La verdad, lo desconozco, pero el hecho es que gracias a esta promoción de siglos se preservaron o aportaron grandes avances científicos y sociales.

¿Por qué no retoma la Iglesia esa capacidad de acoger la innovación y la ciencia? Su carácter de “multinacional” presente en todo el mundo le da una capacidad de promover la formación científica y tecnológica en todos sus centros repartidos por el planeta.  Puede también diseñar con poco esfuerzo un sistema eficiente para detectar, promover y apoyar las nuevas ideas y proyectos que puedan surgir en cualquier rincón del mundo. Y esta misma capilaridad se puede utilizar para aplicar los prototipos a situaciones reales con gran facilidad.  En realidad ya tienen los centros de formación (colegios y universidades en todo el mundo).

Bastaría un mínimo  grado de coordinación – propongo llamarlo el proyecto Silvestre– que nazca de una nueva prioridad en la agenda del nuevo Papa.

Imaginaos un invento de energía renovable para comunidades remotas. La Iglesia puede detectarla si su inventor tiene la idea en lugares donde lo poco que hay es una iglesia o una misión. También puede ayudar a ese invento y sus emprendedores en magníficos centros de enseñanza y, además, la propia Iglesia puede ser el primer ejemplo de uso de lo que se cree, con cientos de miles de usuarios en todo el mundo. Es decir, que la idea nacida por alguien sin recursos puede acabar ayudando a otras muchas personas a tener esos recursos.

Aunque muchas de estas iniciativas (sobre todo la formativa con algunos de los mejores centros universitarios del mundo) ya la lleva adelante la Iglesia, no lo hace con una organización unificada, fuerte y orientada a la innovación y el futuro. Sorprendentemente la Iglesia es bastante poco “firme” en sus iniciativas y deja bastante a lo espontáneo.

Pero con un empuje que naciera del propio nuevo Papa, el cambio para el bien de fieles, creyentes y no creyentes, sería, sencillamente, espectacular. En realidad tiene los recursos, la gente, las instituciones. Le falta un líder que ponga este tema en el primer lugar de su agenda de acción.

Así que me adelanto a la fumata blanca y al nuevo pontífice le pido que sea el nuevo Papa innovador para un mundo que necesita estas cosas. Que además de las muchas virtudes teologales que pueda tener el nuevo Papa, pueda retomar aquello que ya hicieron muchos Papas. Promover un mundo mejor gracias al conocimiento, la ciencia y la innovación.

Sería bueno para la Iglesia, para la imagen de la Iglesia.  Pero sería, sobre todo, bueno para la humanidad.

Y esto no es una carta a los Reyes Magos. ¿O sí?

Foto cc Ayacata7

Víctor Sánchez del Real (@sanchezdelreal), es el fundador de elocuent.com (@Elocuent1) dedicada a la marca personal, para emprendedores, profesionales y pequeñas empresas. Periodista que, como consultor y empresario, ha asesorado en los últimos 20 años a grandes marcas y directivos de grandes empresas, así como a políticos, emprendedores y personalidades públicas. Tiene un programa de charlas gratuitas para proyectos sin ánimo de lucro.

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