Tecnología

La muerte del ordenador personal

La carrera de Internet a la ubicuidad está fallando precisamente por su gran éxito. Con la ayuda involuntaria de sus usuarios, Internet está generando un camino hacia el bloqueo, poniendo fin a su ciclo de innovación y facilitando inquietantes nuevos tipos de control.

La propia naturaleza de Internet, su carácter innovador, está en riesgo. Como aparatos atados, las aplicaciones eclipsan el ordenador personal.

Este artículo es fruto de la colaboración entre Juana Corbalán (@corbaxseo) y TICbeat. Juana Corbolán es consultora SEO y desarrolladora Web y es socia de Corbax. Cuenta con más de 13 años de experiencia como directora de proyectos y desarrollo web en varias empresas. Escribe periódicamente en su blog Dcorbaxeo SEO.

La trayectoria actual de Internet se está convirtiendo en una oportunidad perdida. Su salvación está en manos de sus millones de usuarios.

El aumento del número de móviles y nubes centradas en los dispositivos están produciendo un cambio sin precedentes del poder de los usuarios y desarrolladores de software, a los vendedores del sistema operativo.

Hay una relación constante de plataformas como los sistemas operativos con los proveedores, tanto para los usuarios finales como para los desarrolladores de software.

Durante décadas hubo una forma sencilla para la gente de crear y compartir o vender software. Cualquier persona podía escribir y ejecutar el software para un sistema operativo.

Las colecciones de software estaban ancladas a un sistema operativo. Y ello acabó con un único sistema operativo dominante: Windows.

La gente tenía Windows, por lo que los desarrolladores de software deseaban escribir para Windows, lo que hizo que más gente quisiera comprar Windows, lo que hacía aún más atractivo para los desarrolladores de software escribir para Windows, y así sucesivamente.

En la década de los 90 asistimos a la guerra entre navegadores: Microsoft impuso a los fabricantes de ordenadores que incluyeran su propio navegador, Internet Explorer, en el escritorio de Windows, declarando la guerra a su principal competidor, Netscape Navigator.

Los usuarios podían instalar Netscape en su ordenador, pero el hecho de ahorrarse uno o dos clips de ratón, produjo a Microsoft pingües beneficios y el dominio absoluto de su navegador.

Un fabricante de sistema operativo había favorecido indebidamente a sus propias aplicaciones.

Cuando el iPhone salió en 2007, su diseño era mucho más restrictivo. Todo el software era de Apple.

En 2008, Apple anunció un kit de desarrollo de software para el iPhone. Permitió a los desarrolladores de terceros escribir software para el teléfono, de la manera que habían hecho durante años con Windows y Mac OS. Con una excepción épica: los usuarios pueden instalar el software en un teléfono sólo si se ofrece a través de la App Store del iPhone de Apple.

Los desarrolladores debían ser acreditados por Apple. Ni siquiera aplicaciones que emularan o mejoraran aplicaciones de Apple se permitían.

No sólo no sería posible comprar un iPhone sin el navegador de Apple, Safari, sino que ningún otro navegador sería permitido.

Además Apple extrae un impuesto sobre cada pieza de software escrito por otros, (el 30% va a Apple). Algo nunca visto.

A finales de 2008, había más razones para relajarse: entra en el mercado Android de Google, creando una competencia para el iPhone con un modelo de desarrollo de aplicaciones de terceros un poco menos paranoico.

Los desarrolladores todavía tienen que registrarse, pero pueden poner el software de inmediato, sin revisión por parte de Google. También había un impuesto del 30% en las ventas. Pero había y hay una gran válvula de seguridad: los desarrolladores pueden simplemente dar o vender sus productos directamente a los propietarios de teléfonos Android sin necesidad de utilizar el mercado en absoluto. En la actualidad, la cuota de Android en el mercado es sustancialmente mayor que la del iPhone.

Entonces, ¿por qué deberíamos estar preocupados?

El modelo de la App Store ha sido contraproducente a los ordenadores personales. Ahora hay una tienda de aplicaciones para el Mac para que coincida con el iPhone y el iPad, y lleva la misma batería de restricciones. Algunas restricciones, se podrían aceptar como normales en el contexto de un teléfono móvil, pero no así en el paisaje del ordenador personal. Por ejemplo, los desarrolladores no pueden licenciar su obra como Software Libre, debido a los conflictos con los términos de licencia de Apple.

Las restricciones de contenido son un territorio inexplorado, muy preocupante ya que los gobiernos se han dado cuenta que este marco permite la censura más fácilmente:

El contenido desagradable se puede hacer desaparecer al presionar a una empresa de tecnología.

Aunque la Mac App Store, a diferencia de su homólogo iPhone y iPad, no es la única manera de conseguir el software (y contenido) en un Mac, nadie piensa que Apple deba restringir los sitios web que los usuarios de Safari pueden visitar.

Vale la pena preguntarse por qué los desarrolladores ceden un 30% de los ingresos, y de su éxito, en lugar de simplemente vender sus aplicaciones directamente.

El iPhone restringe el código, pero los desarrolladores podrían, en muchos casos, ofrecer una funcionalidad a través de un sitio web accesible a través del navegador Safari. Pocos lo hacen. Por ejemplo, el Financial Times es un proveedor de contenidos que se retiró de la [iOS] App Store para evitar el intercambio de datos de los clientes y las ganancias de Apple.

Los desarrolladores, hoy día, están anclados no sólo al consumidor, sino también al proveedor del sistema operativo. El usuario se pone en la misma situación: si me cambio de iPhone a Android, no puedo llevar mis aplicaciones conmigo, y viceversa.

Sobre el autor de este artículo

Juana Corbalán

Juana Corbalán es consultora SEO y desarrolladora Web y es socia de Corbax. Cuenta con más de 13 años de experiencia como directora de proyectos y desarrollo web en varias empresas.