Tecnología

Logran reactivar los propulsores de la Voyager I casi 40 años después

Escrito por Marcos Merino

La delicada operación, realizada con éxito a casi 20.000 millones de kilómetros de distancia permitirá alargar la vida útil de la legendaria sonda.

Cuando cualquier persona entra en un garaje y descubre un coche que lleva décadas ahí aparcado, probablemente lo último que piense es en la posibilidad de que el motor responda si trata de arrancarlo. No sabemos si el equipo de empleados de la NASA a quienes encargaron poner en funcionamiento los motores de respaldo de la Voyager I pensarían lo mismo, pero si fue así se llevaron una sorpresa.

La sonda Voyager I fue lanzada al espacio en 1977 con la misión de fotografiar Júpiter y Saturno, y a día de hoy se encuentra más allá de Plutón, en la zona fronteriza de la heliosfera conocida como ‘heliofunda’, convirtiéndose así en el dispositivo de fabricación humana más alejado del planeta Tierra. La sonda sigue operativa, inmersa en su nueva misión (localizar y estudiar los límites de nuestro sistema solar) hasta que finalmente se quede sin energía.

Los propulsores de esta sonda disparan diminutos pulsos, de apenas unos milisegundos, que giran ligeramente la nave permitiendo así que su antena apunte siempre a nuestro planeta, un aspecto clave si queremos seguir captando la señal de sus emisiones. Sin embargo, desde 2014 los ingenieros de la NASA han percibido una progresiva degradación de los impulsores que la Voyager venía usando desde su lanzamiento, lo que obligaba a un mayor consumo de energía para seguir reorientando correctamente la antena de la sonda. Por lo que se tomó una decisión arriesgada: reactivar a distancia (concretamente a unos 20.000 millones de kilómetros) cuatro impulsores de respaldo que habían sido usados por última vez en 1980.

Para ello, el equipo de vuelo del Voyager tuvo que desenterrar datos de hace décadas y examinar el software, codificado en un lenguaje ensamblador obsoleto, para garantizar que se pudieran probar los propulsores de forma segura. “El estado de ánimo fue de alivio, alegría e incredulidad tras presenciar cómo estos propulsores bien descansados ​​tomaban el testigo como si no hubiera pasado el tiempo”, explicaba Todd Barber, un ingeniero del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA en Pasadena. “Con estos propulsores”, añadía Suzanne Dodd, directora del proyecto, “podremos prolongar la vida útil de la nave Voyager I en dos o tres años”.

Vía | NASA

Sobre el autor de este artículo

Marcos Merino

Marcos Merino es redactor freelance y consultor de marketing 2.0. Autodidacta, con experiencia en medios (prensa escrita y radio), y responsable de comunicación online en organizaciones sin ánimo de lucro.