Tecnología

Las seis eras de la conducción autónoma

Coche autónomo

Os explicamos cuáles son las seis etapas que discurrirán hasta llegar a la plena conducción autónoma. ¿En cuál estamos? Sigue leyendo.

Mucho se habla en estos días de la conducción autónoma, de cómo los conductores de carne y hueso podemos perder nuestro puesto el asiento del piloto de nuestros vehículos en favor de una tecnología que promete menos accidentes, mayor eficiencia y más comodidad para nuestros desplazamientos.

Compañías como Nissan (con su ProPilot), Volvo (con su alianza con Uber), General Motors (con la compra de Cruise Automation), junto a Ford, BMW o Mercedes-Benz, son solo algunos de los principales exponentes de cómo la industria de la automoción está tratando de seguir el ritmo de firmas nativas de la era tecnológica, como Google, Uber o Tesla.

Todo ello abriendo un mercado más que lucrativo de cara a un futuro cercano. De hecho, el coche autónomo aportará 17 billones de euros a la economía europea en 2050; en tanto que seis de cada diez conductores españoles estaría dispuesto a comprar un coche autónomo cuando la tecnología esté lo suficientemente madura.

Nivel 0: la nada

Este es el punto de partida para el largo camino a conseguir el coche autónomo. En este nivel cero encontramos a aquellos vehículos sin ningún tipo de sistema inteligente o automatizado capaz de tomar el control del coche en cualquier circunstancia. Como mucho, lo que los expertos admiten en este estadio temprano de la conducción autónoma son algunos tipos de alarma que puedan alertar en caso de emergencia o de que algo vaya mal en nuestro camino.

Dicho de otro modo: la tecnología no puede suplir en ningún caso al conductor humano. Aquí encontramos a la inmensa mayoría de vehículos vendidos antes de la década de los 2000, así como a algunos modelos de bajo coste que se han comercializado desde entonces.

Nivel 1: asistencia a la conducción

Entramos en el nivel 1, una categoría de coches autónomos todavía muy incipiente y poco avanzadas, ya que tan sólo se hace referencia a tecnologías básicas que ayudan a la conducción y pueden complementar la labor humana, pero nunca suplirla por completo, como por ejemplo los sistemas de control de crucero, los limitadores de velocidad o los sensores de carril.

Muchos de los coches que ya circulan por nuestras carreteras cuentan con estas tecnologías de asistencia a la conducción primitivas. Sin embargo, se trata de herramientas que, ni por sí solas ni combinadas, pueden llegar a mantener un automóvil en la carretera sin la intervención humana, con lo que todavía no podemos hablar de conducción autónoma en absoluto.

Nivel 2: levantar las manos del volante

Aquí ya empezamos a hablar de coches semiautónomos. Y es que, en este nivel dos, los coches incorporan tecnologías que son capaces no sólo de mantener una orden humana (como la velocidad) o de alertar mediante sensores de que nos salimos de la calzada o que estamos cansados, sino también de tomar decisiones de forma independiente a nosotros. Es el caso, por ejemplo, de sistemas que combinan el control de crucero con herramientas para mantener el coche dentro del carril, respetar la distancia de seguridad con otros automóviles y tomar las curvas sin que el conductor tenga que tocar el volante.

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Sin embargo, estas tecnologías (que ya ofrecen algunas compañías como Mercedes-Benz con su Drive Pilot) no permiten que el humano se relaje en demasía: el coche no es capaz de responder ante elementos inesperados en el camino o de reaccionar de forma correcta a una emergencia. Es por ello que siempre debe haber un conductor humano atento al camino, con el fin de que pueda tomar el control en cualquier momento.

Nivel 3: autonomía primitiva

Este es el nivel en el que nos encontramos ahora mismo, a juicio de la mayoría de los expertos en el sector de la automoción. Así pues, el estadio tres corresponde a coches que pueden circular ya de forma plenamente autónoma en entornos controlados, tales como autovías o, poco a poco, en ciudad. Se trata de sistemas que siguen exigiendo que el humano esté atento a la carretera pero tan sólo para situaciones muy puntuales o de extrema urgencia, ya que todas las tecnologías equipadas en el vehículo deben ser capaces de tomar decisiones ante elementos inesperados.

Interior del Tesla Model S

La tecnología AutoPilot de Tesla es el vivo ejemplo de este nivel: los coches pueden rodar de forma autónoma, casi sin intervención humana, pero siguen presentando fallos o inexactitudes en sus sensores y toma de decisiones de modo que el ser humano sigue siendo indispensable. Podríamos considerarlo, si se quiere, como la primera era de la conducción autónoma propiamente dicha… pero a la que hay que pulir sus errores y comprobar sus resultados antes de dar el siguiente salto cualitativo.

Nivel 4: autonomía propiamente dicha

Este es el nivel en el que trabajan compañías como Google o Uber: coches en los que no se requiera al humano en absoluto, incluso prescindiendo del volante en muchos modelos. Para ello, el vehículo debe ser capaz de recolectar, procesar y gestionar toda la información necesaria de la carretera, entorno, señales y otros automóviles en cualquier circunstancia.

Coche sin conductor de Google.

Este nivel, sin embargo, todavía está en pañales: todos los vehículos que se están probando actualmente en distintos puntos del mundo deben llevar -por mandato legal- un humano a bordo capaz de tomar el control si el sistema falla. Y es que, pese a que la conducción autónoma lleva explorándose desde hace más de un lustro, la capacidad innovadora todavía no permite garantizar que estos coches no cometan ninguna infracción o sepan actuar de forma adecuada ante los sinfines de incidentes que pueden ocurrir en la carretera. Por no hablar del enorme debate ético que se abre a la hora de que un coche autónomo evalúe si debe matar a sus ocupantes para salvar a varios viandantes, o a la inversa…

Nivel 5: autonomía completa

El final del camino es el nivel cinco, aquel donde la conducción autónoma no sólo es completa en carreteras o ciudades, sino en cualquier entorno o vía; siendo capaz de reaccionar ante imprevistos habituales y cualquiera nuevo que se pudiera presentar. En estos vehículos, no estaríamos hablando sólo de conectividad, inteligencia artificial y sensorización extrema; sino también de aprendizaje profundo y unas capacidades predictivas que, a día de hoy, son solamente un sueño…

Pero dicen que los sueños se hacen, muchas veces, realidad. Y en el caso de la industria automovilística, todos los indicadores hacen ver que veremos como nuestro papel al volante desaparecerá antes de que nos demos ni cuenta…

Sobre el autor de este artículo

Alberto Iglesias Fraga

Periodista especializado en tecnología e innovación que ha dejado su impronta en medios como TICbeat, El Mundo, ComputerWorld, CIO España, Kelisto, Todrone, Movilonia, iPhonizate o el blog Think Big de Telefónica, entre otros. También ha sido consultor de comunicación en Indie PR. Ganador del XVI Premio Accenture de Periodismo y Finalista en los European Digital Mindset Awards 2016.