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La Inteligencia Artificial no es el apocalipsis, es el comienzo de una relación maravillosa

Inteligencia artificial
Escrito por Autor Invitado

Al ser preguntado por las consecuencias de la Inteligencia Artificial para la especie humana, el físico Stephen Hawking compartió su convicción de que los ordenadores pueden emular e incluso superar la inteligencia humana y comentó que “el auge de la Inteligencia Artificial puede ser lo mejor o lo peor que le suceda a la humanidad. Todavía no sabemos cuál de ambas opciones será la real”.

Estas declaraciones ponen de manifiesto la incertidumbre que prevalece alrededor de las consecuencias de la Inteligencia Artificial (IA), ¿será un gran logro del ser humano o supondrá el fin de nuestra especie?

No estoy en condiciones de discutir con un hombre de la experiencia y nivel intelectual del profesor Hawking, pero me sitúo rotundamente del lado del optimismo, y creo que estamos ante el advenimiento de una nueva etapa en la relación entre hombres y máquinas.

No hay duda de que el progreso, como con cualquier otro gran cambio, debe estar precedido de un amplio y exhaustivo debate, en el que se consideren las posibles consecuencias con el fin de reducir los inconvenientes que puedan surgir. No puedo mirar al futuro sin sentir una enorme emoción sobre lo que alberga la revolución de la Inteligencia Artificial en casi cada aspecto de nuestras vidas y los beneficios que traerá a nuestra sociedad.

La inteligencia artificial, motor de la cuarta revolución industrial

Y parece que no soy el único. El año pasado realizamos una encuesta sobre cómo contemplan los españoles la Inteligencia Artificial y la respuesta es que son tan optimistas como yo. El 43,2% de ellos entiende que es más beneficiosa que destructiva, mientras el 22,2% la reconoce como realmente beneficiosa para la sociedad y solo 1 de cada 10 la considera destructiva.

La percepción pública sin duda seguirá evolucionando a medida que la gente se exponga a las tecnologías basadas en la IA y se beneficie de su aplicación e impacto específico. Estoy convencido de que el optimismo solo crecerá con una mayor comprensión. La ubicuidad de la tecnología ha provocado una explosión de los datos. Estos datos, en gran medida no estructurados, necesitan ser gestionados. La IA proporciona los medios para aprovecharlos con el fin de reproducir las acciones y decisiones humanas, pero sin las carencias inherentes al ser humano.

La peor situación imaginable sería aquella en la que los robots se hicieran con el control y se convirtieran en dueños de la humanidad. Pero este miedo pierde fundamento a medida que se aplica la IA en áreas de especialización en las que los seres humanos no pueden actuar con la misma efectividad. El papel de las personas es establecer el marco y los límites a esa tecnología y orientar y gestionar los resultados.

La unión de la inteligencia emocional del ser humano y la precisión y escalabilidad de machine learning permitirán obtener resultados inimaginables. En un mundo de datos cambiantes, la IA está teniendo un impacto positivo en un importante número de industrias y es más probable que siga ofreciendo mejoras prácticas, innovación y eficiencia a que genere cualquier peligro.

Un miedo comúnmente expresado es el efecto que puede tener la IA en el futuro laboral. Si las máquinas son capaces de aprender las tareas que nosotros desarrollamos de forma rutinaria, de repetirlas de forma coherente sin las limitaciones de un día laboral normal, entonces, ¿para qué servimos los seres humanos?

Mientras algunas profesiones, particularmente aquellas basadas en la repetición de tareas y que no implican emociones, podrían temer las consecuencias a corto plazo de la IA para su trabajo, la historia muestra los beneficios a largo plazo. La tecnología y la automatización han sacado a las personas de las fábricas y han reducido el tamaño de los equipos de mecanografía, por ejemplo, pero al mismo tiempo han creado nuevos roles y oportunidades. Esto ha permitido liberar el potencial creativo de los seres humanos que han podido dedicar ese tiempo al desarrollo de sus competencias para las economías emergentes.

En todos los sectores están apareciendo nuevos roles, competencias y oportunidades. Mirando en el nuestro, el de marketing, la tecnología ha transformado los roles y habilidades requeridos. Continuamente estamos viendo aparecer nuevas profesiones que hace una o dos décadas no existían como consultores SEO, expertos en redes sociales y desarrolladores de apps para Web y para el móvil.

De hecho, nuestro estudio Lo que realmente piensan los profesionales del marketing, muestra un optimismo generalizado entre los profesionales del marketing sobre la forma en que podría afectar la transformación digital a sus perspectivas laborales. La mayoría de los profesionales del marketing en la UE, el 78%, afirmaron no sentirse amenazados por la tecnología y los datos y, de hecho, el 80% señaló que la adopción de la tecnología es necesaria para el éxito en su profesión.

Bill Gates: “Los robots que hagan trabajos humanos deben pagar impuestos”

A través de la aplicación de la ciencia de los datos al marketing las empresas pueden analizar los billones de interacciones que se producen con el consumidor, desde el conocimiento de la marca hasta la compra. Los niveles de datos implicados en este proceso son inmensos. Los seres humanos por sí mismos no pueden desarrollar esta función. La industria necesita la IA para saber qué pueden y qué no pueden hacer los profesionales del marketing.

A medida que nos adentramos en la era de la economía de los datos, las empresas emplean cada vez más analistas de Big Data y científicos de datos para descubrir el conocimiento que impulsará las decisiones de negocio. A medida que evolucionen la tecnología y las capacidades de machine learning aumentará la demanda de estos perfiles.

Y aunque es imposible predecir qué puestos de trabajo creará la IA en un futuro, sí podemos sugerir que por cada tarea que reemplace se habrá creado una nueva, efectiva e interesante oportunidad.

Esto ya está ocurriendo, así es que lo mejor es prepararse para ello. Las competencias en tecnología y datos deben desarrollarse desde una edad temprana, por lo que colegios, universidades y otros centros de formación deben implantar un currículo que se adapte a los requerimientos y competencias de la nueva fuerza laboral.

Con las garantías y procedimientos necesarios, el fin del mundo no estará en manos de un robot. Mientras la IA representa un desafío para los trabajos que conocemos hoy en día, la armonía entre las competencias de las máquinas y del ser humano albergan la promesa de una nueva era de logros y prosperidad. Solo tenemos que ser capaces de adaptarnos a los cambios y adoptar las competencias y mentalidad adecuadas para que la IA triunfe.

Y lo lograremos manteniendo con ella una relación en la que se combinen las ventajas de ambas partes, una relación equitativa y maravillosa.

El autor de este artículo es Juan Sevillano Zabala, Director general de Rocket Fuel España

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