Tecnología

La frustración de las expectativas de progreso en torno a la Ley de Moore

moore
Escrito por Marcos Merino

La duplicación de la eficiencia de los microchips cada 18 meses ha sido una constante desde los años 70, pero ni es eterna ni se aplica a otros campos.

En 1957 se creaba la compañía Fairchild, fundada por ‘los 8 traidores’ que abandonaron el equipo de jóvenes talentos que había construido un año en Silicon Valley antes el Premio Nobel de Física William Shockley. A lo largo de la década de los 60 también esos 8 fundadores se disgregarían creando nuevas compañías que fueron el comienzo del ecosistema empresarial del Valle. Uno de ellos, Gordon Moore, se terminaría convirtiendo en cofundador de Intel en 1968, pero quizá su mayor aportación al mundo de la tecnología lo realizaría 3 años antes (y 6 años antes de la creación del primer microprocesador), cuando publicó en la revista académica ‘Electronics’ su famoso artículo ‘Cramming more components onto integrated circuits‘:

La complejidad de los componentes se ha multiplicado aproximadamente por 2 cada año. A corto plazo, se puede esperar que esta tasa se mantenga o incluso que aumente. A largo plazo, la tasa de crecimiento es menos predecible, aunque no hay razón para creer que no permanecerá constante por lo menos durante otros 10 años. Es decir, en 1975 el número de componentes en cada circuito integrado de bajo coste será de 65.000. Creo que un circuito tan grande puede construirse en una única oblea de silicio.”

Precisamente en 1975 (año en que se convertiría en presidente de Intel) volvió a revisar sus afirmaciones y estableció la tasa de duplicación en los 18 meses, convirtiéndose así en la formulación definitiva de la ‘Ley de Moore’, que ha gobernado durante medio siglo el desarrollo de la industria tecnológica. Su cumplimiento ha sido posible por la constante reducción de precio y tamaño de los chips, unida al aumento de la potencia de cálculo. Pero si hay algo que ha crecido exponencialmente en estos años han sido las perspectivas de progreso técnico por parte de los usuarios. Unas perspectivas que empezarán a hacerse añicos ahora, y que ya eran inasumibles antes en cualquier campo ajeno a los microchips.

En la publicación IEEE Spectrum han hecho los cálculos relativos a la evolución de las mejoras de diversas tecnologías y éstos son los resultados:

  • Tecnología agrícola (maíz): Aumento del 2 % anual de los rendimientos medios desde 1950.
  • Turbogeneradores de vapor (energía térmica): Aumento del 1,5 % anual en la generación de energía eléctrica durante el s.XX.
  • Iluminación: Aumento del 3,1 % anual en lúmenes por vatio para iluminación exterior (del 2,6% en la interior).
  • Viajes intercontinentales: Aumento del 5,6% en kilómetros / hora entre 1900 y 1958. Avances menores desde entonces.
  • Eficiencia del combustible en turismos: Aumento del 2,5 % entre 1973 y 2014.
  • Coste energético del acero: reducción anual del 1,7% entre 1950 y 2010.

Según el propio Gordon Moore, a los microchips les quedan aún 8 años de crecimiento sostenido. Si para entonces no ha terminado la Era del Silicio (intentos no faltan), el calor y las filtraciones cuánticas acabarán con la última generación de microchips, avisa el físico teórico Michio Kaku. Y entonces, la obsolescencia programada habrá acabado con el propio Silicon Valley.

Imagen | Intel

Sobre el autor de este artículo

Marcos Merino

Marcos Merino es redactor freelance y consultor de marketing 2.0. Autodidacta, con experiencia en medios (prensa escrita y radio), y responsable de comunicación online en organizaciones sin ánimo de lucro.