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La historia de la primera foto subida a la World Wide Web

primera foto internetEstán a punto de cumplirse 20 años de la introducción de la primera foto en Internet. Se tomó el 18 de julio de 1992 y fue subida poco después por científicos del CERN. En las instalaciones de este complejo de investigación fue donde Tim Berners Lee desarrolló la World Wide Web y también tuvo la idea de depositar en el espacio recién creado una imagen de un grupo de música aficionado: Les Horribles Cernettes.

Los investigadores de la Organización Europea para la Investigación Nuclear, el CERN, dedican buena parte de su día a día al trabajo. Pero como todo el mundo, también tienen su tiempo de ocio. Esto fue lo que llevó en el año 1990 a algunas empeladas y novias de empleados a montar un grupo de música.

Se llamaron Les Horribles Cernettes y hacían actuaciones musicales en fiestas. Sus canciones eran parodias en las que la física no dejaba de estar presente. Antes de uno de sus conciertos fue cuando Silvano de Gennaro, un desarrollador de IT en el CERN, tomó la foto que se convertiría en la primera que vio Internet.

horribles cernettes

El creador de la World Wide Web, Tim Berners Lee, fue quien tuvo la idea de subir la foto a la nueva red, según recoge The Telegraph. Sus compañeros se extrañaron porque en esos momentos Internet estaba compuesto exclusivamente de texto y sólo lo utilizaban físicos. A ello él respondió con un “será divertido”.

Veinte años después nadie le puede rebatir este convencimiento a Berners Lee. No sólo divertido sino divulgativo, creativo – entre otras muchas cosas – y rentable para muchas empresas. La importancia de las fotografías en estos momentos es tal que Facebook – para quien éstas son esenciales para mantener la actividad de los usuarios – ha pagado 1.000 millones de dólares por Instagram.

La imagen de Les Horribles Cernettes, tomada al estilo de una portada de disco, fue subida en formato .GIF desde un Mac a color, utilizando la primera versión del programa photoShop, de Adobe.

Sobre el autor de este artículo

Pablo G. Bejerano