Tecnología

Hemingwrite, el regreso de la máquina de escribir

Hemingwrite
Escrito por Rafael Claudín

Un dispositivo con una finalidad única en la era de los productos multipropósito y permanentemente conectados.

No hace mucho desempolvé mi Olivetti Lettera 25 para satisfacer la curiosidad morbosa de mi sobrino pequeño, el mismo que de vez en cuando me pide la GameBoy original con su cartucho pirata de 100 juegos vetustos para descansar los ojos de la explosión de colores de su Wii y su Xbox. La máquina de escribir funcionaba como un reloj y hasta la tinta del último rollo que dejé olvidado en ella estaba fresca una vez se desplazó la parte de la cinta que había quedado al aire.

Si el encanto de lo antiguo puede atraer a un niño de 8 años, imaginaos para aquellos que empezamos a darle a la tecla cuando tenías que entrenar los dedos  para poder empujarla hasta el papel. Es el motivo, imagino, de que la moda retro se abra paso de forma más o menos subterránea pero constante, convirtiendo smartphones en cassettes y personajes 3D en sprites pixelados.

Esas emociones difíciles de explicar son las que están detrás de la Hemingwrite, un dispositivo contracorriente de obvias resonancias literarias. Contracorriente porque es un producto mono: lo único que te ofrece más allá de la posibilidad de escribir es… la hora. Y gracias. Eso sí, estará conectada a Internet, aunque sólo para darte acceso al almacenamiento en la nube, en concreto a través de Evernote y Google Docs, para los que incorpora API dedicadas.

Para una escritura libre de distracciones

La idea es ponerse a escribir sin las distracciones habituales de nuestra permanente conexión y los dispositivos que lo pueden todo. Hemingwrite nos permitiría retirarnos a lo Thoreau para buscar el meollo de nuestra vida con una autonomía de más de seis semanas y una capacidad de memoria de más de 1 millón de páginas. No son grandes hitos teniendo cuenta que su máximo consumo será el de una pantalla de tinta electrónica de 6 pulgadas.

Tampoco han publicado sus responsables demasiados detalles técnicos sobre el producto en la web en la que lo presentan. Ni se menciona el tipo de batería que lleva ni cuánta memoria exactamente hace falta para almacenar ese millón de páginas. La razón es tan sencilla como el dispositivo: aún no es un producto acabado, sino un wannabe que dependerá del interés que genere.

La Hemingwrite es uno de los proyectos finalistas del concurso Insert Coin convocado por Engadget. La máquina de escribir opta al premio del jurado, dotado de 10.000 dólares, y al del público, dotado de otros 15.000 dólares, además de la promesa de una review en la web de tecnología. Aunque el producto ya se ha abierto paso hasta medios como The Verge.

El precio de esta “máquina de escribir del siglo XXI”, si alguna vez se pone a la venta, aún no está definido. Será desde luego más barato que el del más barato smartphone, aunque quizá decidan comercializarla como una elitista pieza de exclusividad, en un kit que se complete con una bufanda de poeta y una pipa de pensador. Y podrían ponerle entonces el precio que quisieran, porque son de esas cosas que no se pagan con MasterCard.

Sobre el autor de este artículo

Rafael Claudín

Rafa M. Claudín ha trabajado durante más de 15 años como periodista especializado en tecnología de consumo en medios como PC Actual, Computer Idea, Tech Style o la versión española de Gizmodo, además de colaboraciones en diversas revistas de videojuegos y otras más generalistas como QUO.