Tecnología

Google: un gigante de solo quince años

Escrito por Manuela Astasio

Hace ya mucho que la compañía dio el ‘estirón’ que la convirtió en sinónimo de Internet.

Hoy hace quince años que se iniciaron, en California, los trámites de constitución de una nueva empresa. Se llamaba Google, así se sigue llamando, y en este tiempo ha pasado de ser un buscador llamativamente eficaz a convertirse en gigante y gurú universal de todo lo que tenga que ver con Internet.

Sus fundadores, Larry Page y Sergey Brin, acababan entonces de cambiar el nombre original, BackRub, por Google, la adaptación al inglés del concepto matemático ‘Gúgol’, que se refiere a un número uno seguido de cien ceros, con el que querían expresar la capacidad de este nuevo motor de enfrentarse a infinitos resultados de búsqueda.

Desde que Page y Brin abandonaron el garaje que alojaba, al comienzo, su oficina, ha llovido mucho: imágenes pioneras del huracán Katrina, las islas Galápagos y hasta la Luna en Google Earth y Street View, 150 dominios regionales, oficinas por todo el planeta, un sistema operativo para móviles propio líder en el mundo (Android detenta ya más del 70% del mercado global de smartphones) y unas gafas de realidad aumentada –las Glass- aún en desarrollo, pero que nos proporcionan titulares casi cada semana.

Si no está en Google, no ha pasado

Google se ha convertido en sinónimo de Internet, hasta el punto de que todo aquel que gestione una web o un blog sabe que, si no aparece en su buscador, es como si no estuviera en la red. Informáticos y webmasters se devanan los sesos debido a los constantes cambios en su sistema de indexación y penalizaciones.

Organismos internacionales como la Comisión Europea investigan, desde hace tiempo, los métodos que la compañía emplea para jerarquizar sus resultados de búsqueda, para determinar si incurre, como afirman sus rivales, en competencia desleal al dar preferencia a los enlaces a sus propios servicios.

Desde su primera incursión en el hardware en 2002 con Google Search Appliance, aquellas cajas amarillas que las empresas podían utilizar para implementar un motor de búsqueda interna, Google tampoco ha parado en este terreno. Lo último ha sido la adquisición de Motorola, con quien lanzará el Moto X, el primer smartphone íntegramente made in USA, el desarrollo de coches autómatas y las Google Glass, que se han convertido en el producto tecnológico más codiciado antes incluso de tener versión definitiva.

Avances de cal y de arena

Las Glass han abierto numerosos interrogantes en cuanto a privacidad y, en realidad, es así con todo: cada nuevo avance que ejerce Google nos vuelve un poco más dependientes de él y, al mismo tiempo y pese a sus innumerables obras sociales y solidarias, más recelosos. Con distintos niveles de fatalismo y fantasía, la sabiduría popular establece que Google sabe todo de nosotros, o, al menos, todo lo que hacemos en sus dominios de búsqueda, correo electrónico, geolocalización y almacenamiento en la nube.

Escándalos como el del ex agente de la CIA Edward Snowden, en busca de asilo político tras desvelar los métodos de espionaje del gobierno estadounidense, han puesto, precisamente, en entredicho los posibles usos que Google puede hacer de la información que recopila sobre nosotros.

Ya es vox pópuli que los estados reclaman constantemente a las compañías de Internet información sobre sus usuarios. Google no escapa a estas peticiones y, como recordó hace poco el vicepresidente senior de su área Legal, de Políticas Públicas y Comunicación, David Drummond, muchas veces no tiene la opción de rechazarlas.

Lo que está claro es que Google ha sabido crear un universo de posibilidades y necesidades nuevas a las que muy pocos están dispuestos a renunciar.

Foto cc: toastwife

Sobre el autor de este artículo

Manuela Astasio

Soy una periodista especializada en nada, que ha pasado por Deportes, Agroalimentación, Cultura y por la delegación de Efe en México DF. Ahora me toca hablar de nuevas tecnologías y redes sociales, cosa que hago con mucho gusto y un poco de cinismo.