Tecnología

Fidget Spinner, ¿gadget antiestrés o moda sin base científica?

Escrito por Lara Olmo

La base pseudocientífica o sanitaria de algunos gadgets les convierte en un éxito mundial aunque luego nadie pueda (ni quiera) demostrarlo. El último caso, el Fidget Spinner.

Seguramente recuerdes las Kinesiotape o cintas de kinesio de colores que lucieron muchos deportistas en los pasados Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, para facilitar el drenaje linfático. Y cómo olvidar las famosas Power Balance, esas pulseras de plástico que prometían fuerza, equilibro y flexibilidad a quien las portara.

Estos objetos son sólo dos ejemplos de cómo el marketing, cuando se apoya de argumentos sanitarios y positivos para la salud, es capaz de obrar milagros. Y muchos ceros en la cuenta de las empresas que los fabrican.

El último en sumarse a esta moda es un gadget que, si tienes niños en casa, habrás visto por todas partes: el Fidget Spinner, un aparato hecho de plástico o metal, con una zona central inmóvil y varias pestañas que giran alrededor de ésta.

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Algo tan sencillo como esto está causando furor en todo el mundo, sobre todo entre los más pequeños, y hay hasta reviews en Youtube sobre cómo utilizar un Fidget Spinner (lo que cuesta creer, ya que todos los modelos funcionan igual y sólo se diferencian en el color, tamaño y materiales) y hacer trucos con él.

Hasta aquí pudiera parecer que se trata de otra moda más, como en su día fueron las peonzas o los Tamagotchis. El problema está en que sus fabricantes aseguran que tiene propiedades terapéuticas contra el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH), e incluso contra los Trastornos del Espectro Autista (TEA); algo que algunos medios de comunicación está ayudando a difundir.

Al no tratarse de un medicamentos, los Fidget Spinner no están obligados a demostrar que efectivamente son beneficiosos para la salud. El caso es que por el momento no se ha publicado ningún estudio ni investigación científica que confirme sus propiedades terapéuticas, aunque varios psicólogos clínicos y médicos ya ha manifestado sus dudas al respecto.

1 de cada 3 wearables acaba en un cajón

El caso es que lo propios fans del Fidget Spinner, entre los que no sólo hay niños, dudan bastante sobre su supuesta finalidad desestresante, pero les da igual. El marketing y el hype ya han hecho su efecto y la viralización en redes ha hecho el resto para que  cada vez más gente quiere hacerse con uno.

Mientras tanto, en colegios de todo el mundo, más que ayudar a la concentración, está provocando que muchos alumnos jueguen con ellos en clase e incluso rindan menos. Lo que está obligando a algunos centros a exigir un justificante médico para portarlos.

El tiempo dirá si los Fidget Spinner son otro caso “Power Balance” y la justicia acaba interviniendo por prometer falsos beneficios médicos. Pero mientras tanto sus fabricantes siguen engrosando con él sus arcas (el precio de un Fidget Spinner oscila entre los tres euros de las versiones más baratas y los más de 1.000 de las versiones premium).

Seguramente en unos meses acaben en el fondo de muchos cajones cogiendo polvo, pero mientras tanto, los Fidget Spinner siguen girando.

Sobre el autor de este artículo

Lara Olmo

Periodista 2.0 con inquietudes marketeras. Innovación, redes sociales, tecnología y marcas desde una perspectiva millenial. Vinculada al mundo startup. Te lo cuento por escrito, en vídeo, con gráficos o como haga falta.