Tecnología

Estos microchips se implantan en la mano y permiten pagar sin tarjetas ni dinero

Una compañía belga inserta un chip de identificación bajo la piel de 8 trabajadores

¿Te imaginas poder pagar tus cuentas sin necesidad de tener dinero en efectivo o una tarjeta de crédito? Este microchip puede hacer que los métodos de pago convencionales queden obsoletos. Así se implanta en tu mano este novedoso chip.

Los microchips RFID son unos dispositivos que se implantan en la mano y permiten acceder a la información que contienen, así como pagar en los comercios sin necesidad de una tarjeta de crédito o dinero en efectivo.

En Suecia unas 3.000 personas ya se han implantado el microchip llamado RFID. Pero Suecia no es el único país donde se están implantando chips de este tipo. En Australia, Nueva Zelanda y Alemania también hay varias iniciativas para fomentar esta novedosa tecnología en los seres humanos.

“Cada vez más personas en Suecia se implantan chips RFID en la mano y los usan para desbloquear puertas, ‘llevar’ boletos de tren e incluso hacer pagos”, ha afirmado Ben Libberton, un doctor en microbiología del laboratorio MAX IV de Lund, en Suecia.

Una empresa de EEUU implanta microchips en sus empleados

Un chip RFID permite acceder a la información contenida en él, y se suele utilizar para etiquetas antirrobo, en estaciones de esquí y en los chips de identificación de los animales.

También se encuentran en los smartphones y en las tarjetas de crédito, así como en los pasaportes electrónicos. Pero en 2015 la empresa Epicenter en Estocolmo, anunció que implantaría chips a sus trabajadores y trabajadoras.

Gracias al chip, las personas que trabajaban en la empresa podrían entrar en las oficinas, pagar en la cafetería o utilizar la fotocopiadora. “Permite reemplazar muchas cosas, como la tarjeta de crédito o las llaves”, afirmó Patrick Mesterton, el cofundador y director del negocio.

Así, estos microchips permiten realizar pagos sin contacto alguno con el dispositivo. Además, en Suecia tan solo el 1% de las transacciones en este país se realiza con dinero efectivo actualmente.

La compañía de trenes sueca SJ se ha convertido en la primera empresa en aceptar pagos de esta forma tan peculiar. Las personas que tienen este microchip deben registrarse de forma previa en la compañía para tener un número con el que pagar.  Cuando pasa el revisor este solo tiene que colocar su dispositivo encima del microchip de la mano para saber si el pasajero ha pagado el billete.

“La única información que SJ lee de los tickets de microchips es el número de membresía en el programa de fidelización de SJ”, ha explicado el director de comunicación de SJ Stephen Ray.

Por el momento solamente se está utilizando para pagar viajes regionales, pero se planea ampliarlo a todos los viajes, aunque el director ha afirmado que nunca se requerirá como un requisito para viajar sino como una prueba o proyecto de la empresa.

Además, si estos microchips se extienden a otros ámbitos en los que se pueda pagar de esta novedosa forma, se podrían reducir considerablemente el número de tarjetas de crédito y otros dispositivos necesarios para hacer las transacciones de compras.

El mayor problema que ven los expertos a estos microchips es la seguridad y la privacidad de los datos, que pueden verse vulneradas. “A medida que estos chips se integran en más servicios digitales, revelarán más datos si se ven comprometidos. Es un punto débil en lo que respecta a la seguridad”, explica Stephen.

“Los riesgos serán aún mayores cuando se empiecen a incorporar datos biológicos a los chips. Si una empresa sabe más que tú sobre tu propia salud, ¿cuáles son las implicaciones éticas y quién decide las normas?”, ha afirmado Stephen.

A pesar de estos riesgos a los que todavía no se les ha encontrado una solución óptima, estos microchips pueden ser el futuro de los pagos y hacer desaparecer las tarjetas de crédito y el dinero efectivo, implantándose en las manos y permitiendo que paguemos de una forma rápida y sencilla pero que todavía es necesario optimizar.

Vía | BBC

Sobre el autor de este artículo

Alicia Ruiz Fernández