Tecnología

‘Cubesats’, pequeños satélites de pruebas con un gran potencial

Escrito por Marcos Merino

Los smartphones han cambiado nuestra vida cotidiana. Pero indirectamente (al haber fomentado la fabricación de componentes electrónicos progresivamente más pequeños y potentes), podrían estar a punto de cambiar también la industria de los satélites espaciales.

El 12 de junio de 2013, un cohete Atlas despegó de la Base Aérea Vandenberg en California con varios satélites. El más grande era un satélite de comunicaciones militares de siete toneladas, y los más pequeños eran un par de ‘cubesats’ que pesaban menos de 2 kg cada uno, llamados AeroCube 5a y 5b. Los cubesats son satélites pequeños y baratos de poner en órbita, que al contrario que los grandes satélites, suelen estar equipados con componentes recién comercializados y que suelen lanzarse al espacio como carga secundaria de otras misiones.

En el caso de esos cubesats lanzados hace 5 años, su misión era fundamentalmente la de testear una nueva tecnología de comunicaciones, pero una vez que estaban orbitando nuestro planeta después de su lanzamiento, un empleado de The Aerospace Corporation llamado Dee W. Pack les encontró otro uso: utilizó sus cámaras de a bordo para demostrar que los cubesats pueden ser tan capaces de tomar fotos de la Tierra como satélites de gran tamaño. “Se me pasó por la cabeza la idea de que las diminutas cámaras que teníamos en algunos de nuestros AeroCubes, nuestros cubesats aeroespaciales, podrían usarse por la noche”.

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A nivel técnico, las cámaras de a bordo probablemente no tengan la calidad de tu actual smartphone, por haber sido construidas hace 5 años con lentes muy económicas, para determinados usos las cámaras de estos AeroCubes pueden aún mejores que las de muchos satélites: son cámaras a todo color situadas en una órbita mucho más baja que las de sus hermanos mayores, lo cual las convierte en una opción óptima para tareas como controlar la evolución del crecimiento urbano o de la contaminación lumínica.

Pero quizás el beneficio más obvio del uso de los cubesats sea uno que los satélites estándar no son capaces de replicar sin disparar la inversión: la frecuencia de actualización. Ocurre que los satélites geoestacionarios, que mantienen una posición fija en relación a la Tierra, sólo pueden orbitar sobre el ecuador, lo cual es poco útil a la hora de llevar a cabo fotografías aéreas u otros tipos de observaciones. Los satélites usados para fotografiar la superficie terrestre, por el contrario, tienen que estar en órbitas menos regulares, lo que significa que no siempre pasarán por encima de los mismos lugares (esta es la razón por la que Google Maps sólo actualiza sus imágenes cada pocos años).

Pero cuando no hablamos de cámaras enormes y caras, sino de las de los cubesats, se hace posible desplegar muchos satélites con muchas cámaras, capaces de tomar muchas más fotos y pasar por un mismo lugar con una frecuencia mucho mayor. Según Chris Baker, director del programa de tecnología para naves espaciales de la ANSA, “si puedes poner en órbita una gran cantidad de sensores, comienzas a tener actualizaciones […] casi en tiempo real de lo que está sucediendo en cualquier punto dado del planeta, y esto tiene aplicaciones científicas muy interesantes”, como poder contar con amplias redes de cubesats ejerciendo, de facto, como un sistema de alerta temprana.

Vía | Techradar

Imagen | NASA

Sobre el autor de este artículo

Marcos Merino

Marcos Merino es redactor freelance y consultor de marketing 2.0. Autodidacta, con experiencia en medios (prensa escrita y radio), y responsable de comunicación online en organizaciones sin ánimo de lucro.