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Cuánta autonomía deberíamos darle a una Inteligencia Artificial

cuanta autonomia debe tener una ia

Avanzamos IA hacia más complejas, mientras que grandes voces del sector alertan del peligro que conlleva. ¿Las máquinas gobernarán el mundo algún día? Para muchos sí.

Desde los avances de Allan Turing en el descodificamiento de mensajes en la II Guerra Mundial hasta la victoria de una AI en el juego lógico Go tan sólo han pasado unos setenta años. Algo más de medio siglo, pero que ya ha permitido contar con coches autónomos, reconocimiento de voz, o diagnósticos médicos basados en algoritmos. Lo que está claro es que el futuro ya está aquí.

La AI es un campo atractivo y rentable. Por ello cada vez son más las empresas tecnológicas dispuestas a llegar un poco más lejos. Y por ello también estamos cada vez más dispuestos a permitir que estas funciones actúen por nosotros en ciertas ocasiones, librándonos de algunas tediosas tareas.

Según un estudio de la Universidad de Cornell, sólo en lo que concierne a la comida realizamos al día más de 200 decisiones. Aunque muchas de ellas ya están automatizadas, poder librarnos de pensar resulta atractivo.

Por ejemplo, leer mientras nuestro vehículo nos lleva de camino a casa puede no parecer peligroso. La diferencia reside en distinguir entre que nuestro coche pueda llevarnos de un punto a otro o sea capaz de decidir dónde va.

Por Inteligencia Artificial debemos entender todo software que imita ciertos procesos de la mente, complejos y hasta el momento exclusivos del ser humano. Cuando contemos con alguna AI capaz de equipararse en complejidad a nuestra capacidad de reflexión, el problema está servido: quién será el líder y quién el subordinado.

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Parte del debate residirá en averiguar si realmente existirá la posibilidad de que una máquina diseñada para una tarea en concreto pueda llegar a ser consciente de sí misma (y de serlo, influir en otras máquinas a través de la Red).

Bill Gates, Stephen Hawkin o Elon Musk son sólo algunos de los nombres que están claramente convencidos de ello. Musk, consejero delegado de Tesla, es uno de los más activos en la lucha de mantener el control sobre  la AI.

“Las máquinas podrían comenzar una guerra publicando noticias falsas, robando cuentas de correo electrónico y enviando notas de prensa erróneas, sólo con manipular informaciónˮ, alegaba el directivo en la última reunión del NGA que tuvo lugar en Rhode Island.

Por ello, Musk se ha convertido en uno de los principales benefactores del Instituto Future of Life, cuya intención es luchar por una legislación que impida ceder el control.

Por qué necesitamos AI

Una de las especificaciones de nuestra condición humana es nuestra capacidad de reflexionar y de llevar a cabo procesos mentales complejos e intensos. Por ello nos preguntamos, ¿cuál es la necesidad que nos lleva a otorgar esta competencia a un ente artificial?

Un brazo robótico capaz de saber realizar operaciones en un quirófano puede ser una idea perfecta. El pulso que hace temblar una mano podría ser sólo una de las muchas imperfecciones humanas a eliminar con AI.

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Pero si los cirujanos robóticos resultan ser tan perfectos que logran reducir drasticamente los niveles de mortandad, por qué no darles mayor autonomía. Entonces, ¿cuál sería el papel del cirujano humano?

El problema, advierten los opositores a este avance tecnológico, es que una AI poderosa podría volver irrelevante nuestra capacidad de decisión humana en sólo una generación.

Los humanos de hoy están constantemente distraídos. Nuestra capacidad para centrarnos en las decisiones importantes está limitada por el desbordamiento de información en el que vivimos. Las constantes distracciones de nuestros smartphones y la presión por hacer más de lo que hicimos ayer nos presionan.

Nos hemos creado necesidades y obligaciones innecesarias y ahora necesitamos entregar nuestras tareas más mundanas a AI. Pero antes de esto, debemos asegurarnos siempre de que sean decisiones conscientes.

Via| tnw

Sobre el autor de este artículo

Cristina Fernández Esteban

Licenciada en periodismo. Entusiasta de la tecnología, la literatura y el café.