Tecnología

Cómo se gestó el primer iPhone: anécdotas de un terminal mitificado

Escrito por Lara Olmo

Su nombre en clave era “Purple”, incorporaba tecnología “innovadora” que en realidad no inventó Apple y generó tensiones y fuertes discusiones entre los ingenieros que lo desarrollaron. Un libro descubre las bambalinas de la fabricación del iPhone.

Este año es el décimo aniversario del iPhone y los homenajes no dejan de sucederse. El principal llegará en otoño, cuando los de Apple presenten el iPhone 8, un dispositivo en el que se han puesto muchas expectativas y del que se espera que haga un guiño al que fue su “progenitor”.

Otras manifestaciones son de terceros y en forma de libro, como el que ha escrito Brian Merchant, titulado “The one device. The Secret History of the iPhone”, donde se recogen algunas anécdotas hasta ahora desconocidas del proceso de fabricación de un terminal que cambiaría para siempre el concepto que la humanidad tenía de los teléfonos móviles.

Como, por ejemplo, que en sus orígenes el nombre en clave del iPhone era “Purple”, un proyecto del que se desconocían las características hasta dentro de Apple. Sólo un reducido grupo de ingenieros estuvo trabajando en él, dentro de un laboratorio que, más que eso, parecía un antro del que apenas salían para nada: comían y dormían allí, y eso se notaba (literalmente) en el aire que allí se respiraba.

Era un espacio cerrado herméticamente tras una puerta de metal, que sólo se podía atravesar firmando un contrato de confidencialidad.

El secretismo y la presión por cumplir los plazos hizo de “Purple” una verdadera olla a presión, según cuenta uno de los ingenieros de Apple que trabajó en el iPhone. Un proyecto que, además de exigente, estaba llamado a ser el pilar sobre el cual se sustentaría el futuro de toda la compañía.

Pero el libro de Merchant no es sólo una referencia honorífica al móvil de Apple, sino que pretende indagar y recopilar datos sobre su origen y fabricación para desmitificarlo.

Como, por ejemplo, la mención a la tecnología multitouch, que si bien Steve Jobs siempre presentó como una invención de la compañía, en realidad la incorporaron tras adquirir la compañía FingerWorks en 2005, que llevaba desarrollándola desde la década de los 60.

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El autor también dedica una parte del libro al periplo que protagonizó alrededor del mundo buscando las materias primas que Apple empleó (y aún emplea) para fabricar el iPhone, como el estaño de las minas bolivianas o el litio de los desiertos chilenos.

También viaja a la fábrica que Foxconn, principal proveedor de Apple, tiene en Shenzhen, China, un lugar que los fabricantes prefieren mantener lejos de la opinión pública y donde los derechos laborales brillan por su ausencia.

La conclusión final del libro es que el iPhone, lejos de ser la invención de un inventor brillante y solitario, fue resultado del trabajo de muchos profesionales de diversa índole y un proyecto que en muchas ocasiones a punto estuvo de frustrase, que acarreó un alto precio profesional y profesional para quienes lo crearon, pero que finalmente se selló con éxito.

Vía | The New York Times

 

Sobre el autor de este artículo

Lara Olmo

Periodista 2.0 con inquietudes marketeras. Innovación, redes sociales, tecnología y marcas desde una perspectiva millenial. Vinculada al mundo startup. Te lo cuento por escrito, en vídeo, con gráficos o como haga falta.