Tecnología

¿Cómo se conecta a Internet la isla más remota del mundo?

Escrito por Marcos Merino

A 2400 kilómetros de Sudáfrica se alza, lejos de todo, en mitad del Atlántico Sur, la pequeña isla volcánica de Tristán de Acuña, territorio británico de ultramar dotado de un cibercafé, y desde el que se publica un periódico online.

En 1815, Napoleón acababa de ser derrotado en Waterloo, tras escapar de un primer exilio en la isla italiana de Elba. Ante la perspectiva de una nueva huida, los británicos decidieron enviarle a una isla tan remota como para que el antiguo emperador francés no pudiera huir jamás por sus propios medios: el destino elegido fue Santa Elena, una solitaria isla británica del Atlántico Sur, a medio camino entre África y Sudamérica. La historia es conocida: Napoleón no pudo huir de un lugar tan aislado, y murió allí 6 años más tarde. Pero no, Santa Elena no es la isla más remota del mundo.

Ese honor le corresponde a su ‘vecina’ Tristán de Acuña, una pequeña isla volcánica que depende administrativamente de Santa Elena pese a situarse 2.430 kilómetros más al sur. Tan sólo unas decenas de kilómetros menos de los que separan a Tristán de Acuña del territorio habitado más cercano: Sudáfrica. Por su tamaño y lejanía, sólo se puede llegar en barco, en un trayecto que dura siete días desde Ciudad del Cabo.

Y la historia del acceso digital a la isla no parece muy diferente a la del acceso físico. Lo cierto es que Internet llegó a la isla con muchas limitaciones, pero relativamente “pronto”, en 1998; sin embargo, su uso estaba limitado al envío de e-mails a Londres por parte del administrador de la isla. Un par de años después, se abrió el envío y recepción de emails a los isleños. Pero, rápidamente, este servicio, que había empezado costando 50 peniques por e-mail, ascendió hasta las 6,50 libras (el salario diario promedio) en 2003. En 2005 consiguieron volver al precio original pero, recordemos, seguían disponiendo únicamente del servicio de correos electrónicos: nada de webs, nada de P2P, nada de chat.

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Internet, con todos sus servicios, no llegó como tal hasta 2006, cuando la puesta en marcha de una conexión vía satélite permitió instalar cuatro terminales con sus correspondientes líneas en el cibercafé de la isla (instalado en la planta baja del edificio del administrador, junto al bar Albatross). “Esta semana los alumnos de la escuela St. Mary tuvieron la oportunidad realizar por primera vez búsquedas en la web junto a Iris Green, la profesora de informática, y podrán seguir haciéndolo en el futuro”, recogía entonces el periódico Tristan Times.

¿Se habían acabado las limitaciones de uso? Bueno, no exactamente: cada ordenador podía navegar únicamente a 256 kbps. Y lo peor es que, desde entonces, no constan cambios en la calidad de su conexión a Internet. De hecho, en Santa Elena, con una población 15 veces mayor que la de Tristán de Acuña, no dispondrán de enlace con un cable oceánico de fibra óptica hasta 2020.

Esto, por supuesto, ha obligado a los habitantes de Edimburgo de los Siete Mares (el único asentamiento de la isla), a minimizar su acceso a vídeos, así como la calidad de las imágenes que ilustran las principales webs autóctonas: la del citado Tristan Times y la web oficial Tristandc.com. Otra discriminación que sufre la isla es que tanto Santa Elena como Ascensión (otra isla de la misma circunscripción administrativa) poseen sus propios dominios de nivel superior geográficos (.sh y .ac, respectivamente), siendo Tristán de Acuña la única isla habitada de la región que carece de uno propio.

Y no, la isla tampoco cuenta con una red de telefonía móvil.

Vía | Tristan Times & Tristandc.com

Imagen | Brian Gratwicke

Sobre el autor de este artículo

Marcos Merino

Diseñador web y docente de educación no formal, imparte cursos de informática en el medio rural porque las brechas están para cerrarlas. Desde que le nombraron director de la revista de su colegio, no ha dejado de escribir.