Tecnología

Cómo ofrecer WiFi gratis a tus clientes y ganar dinero con ello

wifi gratis tienda

Si tienes un negocio y ofreces WiFi gratis a tus clientes, seguramente no estás sacando todo el provecho posible a tu conexión abierta.

Antaño, las tiendas eran lugares donde poder comprar productos de consumo y, a lo sumo, charlar un rato animadamente con el dependiente; los bares eran espacios de conversación, debates futbolísticos y partidas de mus; y los centros comerciales, lugares donde comprar y pasar un buen rato con los amigos mientras se iba al cine o a las recreativas. Sin embargo, en el siglo XXI, lo más frecuente es que en todos estos lugares lo que veamos sean personas pegadas a sus smartphones, tablets y ordenadores: es la sociedad hiperconectada en la que vivimos.

Una situación que ha obligado a los comercios a adaptarse y ofrecer una buena conexión a Internet mediante WiFi para sus clientes, de forma que éstos permanezcan más tiempo y a gusto en su establecimiento. En la mayoría de las ocasiones, este servicio es totalmente gratuito para los consumidores, con lo que el coste de la línea de alta velocidad repercute directamente en los beneficios de la empresa.

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¿Cuáles son las mejores formas de sacar provecho a la conexión WiFi gratis de nuestro comercio, bar o centro de ocio? ¿Existe alguna manera de rentabilizar, por sí misma, esta funcionalidad? ¿Qué valor añadido podemos conseguir para nuestro negocio ofreciendo Internet gratis a los clientes? Vayamos paso a paso…

De la contraseña pública a los tickets

En un inicio, muchos establecimientos hicieron un movimiento natural pero bastante rudimentario: simplemente dieron la clave del router que ya usaban para sus empleados al resto de usuarios del local. a lo sumo, los comercios más avispados, optaron por crear dos redes independientes dentro del mismo router, con anchos de banda específicos para trabajadores y consumidores. Pero esta opción, quizás la más cómoda para el usuario, no es la más ventajosa para la empresa, ni tan siquiera la más legal.

Y es que no debemos olvidar que la normativa exige a cualquier compañía llevar un registro (un ‘log’) de todas las conexiones que se realizan a través de su red WiFi, de modo que las autoridades puedan rastrear el origen e identificar a un delincuente que haya cometido su crimen usando nuestra conexión. Asimismo, darle simplemente la clave de la red a los consumidores no nos permite saber nada más acerca de los mismos, con lo que estamos desaprovechando la oportunidad de obtener información de nuestra clientela para tomar mejores decisiones. Y, quizás lo que más afecta al bolsillo del propietario: no se puede controlar el tiempo máximo que un usuario esté enganchado a nuestra WiFi gratis, con lo que alguien -como un vecino- podría estar horas, días o meses (mientras no cambiemos la contraseña) usando nuestra conexión sin pagar un solo euro y consumiendo ancho de banda que perjudique la experiencia del resto de clientes.

Es por ello que surgió una primera solución que parecía acabar, al menos, con los problemas de cumplimiento normativo y de limitación de tiempo: los tickets WiFi. Esta opción, que siguen dando grandes cadenas de restauración y algunos pequeños bares, es una alternativa muy económica para los locales ya que tan sólo deben incorporar un hotspot WiFi determinado que se conecte con una impresora de tickets. Es el propietario del establecimiento el que decide cuánto tiempo ofrecer con cada consumición y cuánto ancho de banda tendrá disponible. El cliente recibe a cambio un papel donde se indica un usuario y contraseña únicos para cada uno, lo cual servirá a la empresa para saber qué persona (identificada con un ID, no con su nombre real) se conecta, cuándo, por cuánto tiempo, etc. Asimismo, y al poder configurar distintos perfiles (empleados, clientes VIP, clientes normales, etc.) podremos otorgar distintos permisos a cada uno de ellos, por ejemplo, bloqueando el uso de servicios en streaming (como Netflix, Spotify o HBO) para evitar que se sature nuestra red.

WiFi gratis abierta… con registro

Una vez que ya hemos satisfecho las necesidades técnicas y normativas con nuestra red WiFi pública gratis, llega el momento de tratar de sacar valor de la misma. Y ahí es cuando aparecen los primeros portales de acceso: conexiones abiertas, sin contraseña, pero que a diferencia de los tickets no exigen introducir un determinado código, sino que nos obligan a registrarnos con nuestros datos personales para poder navegar por Internet.

El proceso suele ser muy sencillo: se detecta la red abierta, se conecta y se entra al navegador de Internet (en los smartphones, esta función suele saltar por defecto) que nos redirige a un portal en el que se muestra el logo de la compañía y un campo para introducir nuestro correo electrónico, nombre, apellidos y cualquier otra información personal que pueda interesar al negocio. Aunque normalmente se pide únicamente el e-mail, hay establecimientos que aprovechan para hacer incluso alguna pregunta rápida (sobre la atención recibida en la tienda, sobre un determinado producto, etc.). Gracias a todo ello, la empresa puede saber más acerca de sus consumidores (si un cliente es habitual del bar o no, a qué horas suele venir esa persona, etc.), estar en contacto con ellos en un futuro mediante comunicaciones electrónicas e, incluso, mejorar sus ventas gracias al WiFi… como explicamos a continuación.

Publicidad y fidelización

El siguiente nivel en esta evolución parece casi obligado. Si tenemos un portal de acceso por el que tienen que pasar todos los clientes que se conecten a nuestro WiFi gratis, ¿por qué no aprovechar para mostrarles publicidad, en forma de banner o vídeos, con promociones y ofertas personalizadadas? ¿O, simplemente, vender ese espacio publicitario al mejor postor y ganar algo de dinero con los anuncios?

Eso es lo que hacen la inmensa mayoría de establecimientos, aprovechando para mostrar desde el menú del restaurante hasta vídeos con la última colección de ropa de la firma; todo alternando con publicidad móvil de distintos anunciantes. De este modo, la empresa consigue un doble objetivo: pagar los costes de la conexión a Internet con su propio uso (publicidad) y mejorar sus ventas con promociones y banners personalizados en función de los hábitos que ya conocemos del usuario.

Y con todo ello, llegamos al punto último de la cadena de valor: la fidelización del cliente. Por medio de estas promociones personalizadas, mostradas durante la conexión WiFi, podemos conocer mejor el perfil (si acepta una promoción de hamburguesas y no hace caso a las de comida sana, determinaremos que es un amante de la alimentación rápida, por ejemplo) y adecuar todavía más los productos y servicios que ofrecemos, reduciendo el stock al poder predecir mejor la demanda y estableciendo patrones de consumo que nos ayuden en esta travesía por el Big Data generado desde algo tan simple como un ‘hotspot’ de Internet.

Sobre el autor de este artículo

Alberto Iglesias Fraga

Periodista especializado en tecnología e innovación que ha dejado su impronta en medios como TICbeat, El Mundo, ComputerWorld, CIO España, Kelisto, Todrone, Movilonia, iPhonizate o el blog Think Big de Telefónica, entre otros. También ha sido consultor de comunicación en Indie PR. Ganador del XVI Premio Accenture de Periodismo y Finalista en los European Digital Mindset Awards 2016.

  • Sergi Sole

    Por mi experiencia en BestFreeWiF, decir que un pequeño bar o restaurante, dificilmente va a tener suficiente tráfico como para monetizar este servicio. Otra cosa son los centros comerciales, aeropuertos, etc … que tienen muchas más conexiones. Aunque para ese pequeño bar, restaurante u hotel, el sólo hecho de ganar en márketing, posiblemente sea mayor que la cuota que se paga por el servicio.