Tecnología

Cómo el miedo a la poesía ‘hizo’ a la primera programadora de la historia

Escrito por Raquel C. Pico

Una charla en el madrileño Museo del Romanticismo recupera la figura de Ada Lovelace, la primera programadora de la historia.

La vida de Lord Byron es una de las más agitadas de la literatura del siglo XIX y ayudó a convertir al poeta en el paradigma del héroe romántico. Tuvo una hija con su hermanastra, tuvo otra hija con la hermanastra de la posteriormente famosa Mary Shelley y tuvo otra (la primera en realidad) con la única mujer con la que estuvo casado. Esta hija, Augusta Ada Byron, se convertirá con el paso del tiempo en una brillante matemática, gracias en parte a la escandalosa vida de su padre.

La madre de Ada Byron, que tras casarse se convirtió en Ada Lovelace, el nombre con el que pasó a la historia, Annabella Milbanke, quiso borrar desde la infancia de Ada cualquier inclinación hacia el mundo de la poesía. Nada le aterraba más que la hija pudiese parecerse al padre, Lord Byron, y acabar teniendo una vida trágica, escandalosa y romántica como la del escritor. Por ello, desde pequeña, Ada Byron estuvo rodeada de  profesores de matemáticas, que le dieron una completa formación científica, muy superior a lo que podía esperarse de una mujer de su época.

Además de recibir una fuerte formación, Ada Lovelace se benefició de la clase social en la que había nacido y fue presentada en sociedad. Consiguió formar parte de la sociedad Bluestocking, fundada por una mujer, una “intelectual”, como explicaba Francesca Mereu, miembro de Women in Arts and Technology, durante una charla en el madrileño Museo del Romanticismo sobre el papel de Ada Lovelace en la ciencia del siglo XIX y su repercusión en el mundo actual. Entrar en esa sociedad le permitió a Ada Lovelace conocer a Mary Sommerville, la científica del siglo XIX, que se convirtió en su tutora y que le presentó a Charles Babbage, el hombre clave en la carrera matemática de Ada.

“Aunque Ada Lovelace se casó y tuvo 3 hijos, su madre siguió marcando su vida”, señalaba Mereu al auditorio, lo que explica que Lovelace pudiese continuar dedicándose de forma tan intensa a la investigación matemática en un momento en el que la palabra conciliación ni se había inventado. La madre de Ada tenía algo así como “un acuerdo con su marido” para que Lovelace pudiese seguir estudiando matemáticas. “Fue una suerte”, apunta. Por ello, aunque se casó en 1835 a los 20 años, su carrera no se paró.

Cuando era una adolescente, Ada había escuchado una conferencia sobre la máquina diferencial de Babbage y se mostró muy interesada en la invención. “Era la única persona en la sala que podía entender cómo funcionaba la máquina”, indica Mereu. En el 33, Babbage empieza a trabajar en la máquina analítica, que se inspiraba en el funcionamiento del telar de Jacquard, que usaba tarjetas perforadas para dibujar las hojas y las flores de los tejidos, que es el primer computador moderno. La máquina no llegó a construirse porque Babbage no conseguía los fondos para ello. En su peregrinación para hacerse con capital para su máquina, llegó a Turín para dar una charla en la que explicó su funcionamiento. Un científico italiano Federico Menabrea asistió a esas charlas y publicó un resumen en francés. Ese texto será lo que una a Babbage y a Lovelace para la posteridad.

Un editor británico pidió a Ada Lovelace que tradujese el texto al inglés para difundir en el país esas ideas. La edición inglesa se publicó acompañada de una notas al pie redactadas por Ada Lovelace (y firmadas con sus iniciales ya que, como explicaba a la audiencia Mereu, no estaba nada bien visto en la época que una mujer escribiese artículos científicos)y que al final superaron en tamaño al texto original. En una de esas notas, Lovelace explica la lógica de la programación de la máquina. “Un logro increíble para la época”, destaca Mereu.

El paso del tiempo demostró que lo que Ada Lovelace había escrito podía ser considerado los comienzos de la programación y su figura, que había quedado oscurecida ante la historia ante el empuje de Babbage e incluso de ser hija de un personaje como Lord Byron, está ahora en plena recuperación. “Ada es un ejemplo de mujer”, indicaba en su ponencia Francesca Mereu.

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Raquel C. Pico