Tecnología

¿Cómo afectaría a España un pulso electromagnético?

Escrito por Marcos Merino

Un ataque de este tipo (aunque los PEM también pueden producirse de manera natural, a través de una tormenta solar) podría mandar, potencialmente, a cualquier país de vuelta a la Edad de Piedra.

Llamamos pulsos electromagnéticos a las ráfagas cortas (pero de gran intensidad) de radiación electromagnética que pueden ser causadas por diversos factores, como nuestro propio sol (a través de una tormenta solar especialmente virulenta, como ocurrió en 1859 durante el ‘evento Carrington’) o una explosión nuclear.

En este último caso, la explosión libera una gran cantidad de radiación gamma que provoca, a su vez, una ‘lluvia’ de electrones capaz de alterar campos magnéticos. Las bombas nucleares destinadas a provocar PEMs deben explotar a una gran altitud, demasiada para provocar víctimas directas, pero sus efectos pueden sentirse en un área mucho más extensa: una explosión a casi 100 kilómetros de altura afectaría en un radio de más de 1100 kilómetros.

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El pulso electromagnético no mata ni hiere, por sí mismo, a nadie. Su notable capacidad destructiva deriva, por tanto, de su poder para interrumpir el suministro eléctrico y dañar, en general, cualquier dispositivo preparado para funcionar con electricidad, de tal manera que en unos segundos una bomba PEM podría dejar sin luz a todo un país, al tiempo que su red de comunicación móvil y los sistemas GPS dejarían de funcionar, se inutilizarían los cables submarinos, la mayoría de los coches se quedan ‘fritos’ (excepto si conduces alguna joya ‘vintage’) y las aeronaves de su espacio aéreo se desploman.

El alcance real de un EMP entra, en parte, en el campo de la especulación, pues nunca se ha lanzado un ataque de este tipo sobre un país: podría ‘simplemente’ causar gravísimos daños o devolver en pocos minutos parte de un continente a la Edad de Piedra, no se sabe. Pero sí hay algo que se sabe con total seguridad: un ataque de este tipo requiere de mucha menor precisión para causar daño, y al explosionar en los niveles superiores de la atmósfera, resulta enormemente difícil de neutralizar, al contrario que los ataques nucleares ‘tradicionales’, a los que cabe oponer escudos antimisiles.

¿Está preparada España para afrontar un PEM?

El Congreso de los Diputados aprobó en 2012, por unanimidad, un plan de prevención ante tormentas solares que instaba al Parlamento Europeo (PE) y a la Comisión Europea (CE) a diseñar un protocolo de actuación que garantice la distribución eléctrica y las telecomunicaciones en casos de tormenta solar.

Sin embargo, las autoridades españolas no han tomado desde entonces medida alguna al respecto, al margen de construir un gigantesco búnker de más de 10.000 metros cuadrados en Torrejón de Ardoz, compartido entre el Centro de Operaciones Aéreas Combinadas de la OTAN y la Defensa Aérea Nacional española y recubierto de cobre con el fin de permanecer funcional tras un PEM.

Por ello, el Observatorio del Clima Espacial de la Asociación Española de Protección Civil para el Clima Espacial y el EMP (AEPCCE) lleva tiempo insistiendo en la necesidad de adoptar protocolos de reacción e implementar medidas preventivas al respecto, siguiendo el camino marcado por el Decálogo preventivo de la Protección Civil de Extremadura, pionero en España en esta materia.

“La amenaza EMP tiene que empezar a ser tomada en serio de una vez y hay que empezar a transmitírselo también con normalidad -como una buena practica preventiva- a toda la población del país y no sólo a la población de una única Comunidad Autónoma. La población civil tiene que poder saber que existe una pequeña posibilidad real de que algo así sucediese, conocer cuáles serían sus principales efectos y saber qué es lo que tendrían que hacer en ese caso desde el primer momento, como llevamos casi 5 años explicando”, afirman desde la AEPCCE.

Vía | Lifehacker / Nueva Tribuna

Sobre el autor de este artículo

Marcos Merino

Marcos Merino es redactor freelance y consultor de marketing 2.0. Autodidacta, con experiencia en medios (prensa escrita y radio), y responsable de comunicación online en organizaciones sin ánimo de lucro.