Tecnología

Analizamos las Google Glass

Escrito por Daniel de Blas

En TICbeat hemos podido probar las novedosas Google Glass, un dispositivo que puede suponer un cambio tan importante en nuestras vidas como los ordenadores, Internet o los smartphones.

Las Google Glass son uno de los dispositivos que más interés despiertan en la actualidad. De momento, sólo hay unas pocas repartidas por el mundo (en España, de hecho hay sólo dos) que se están utilizando para desarrollar aplicaciones, para realizar pruebas y para poco a poco “evangelizar” o para enseñar a los expertos, periodistas y público en general, la revolución que nos quiere traer Google y que puede ser el siguiente gran salto tecnológico después de los smartphones y las tabletas.

En TICbeat hemos podido probar las Google Glass, gracias a Víctor Sánchez Belmar, CEO de la empresa Mashme.tv (una startup española que crea aplicaciones de videoconferencia), desarrollador de aplicaciones para Android y Google, que es uno de los dos afortunados poseedores de unas Glass en nuestro país. Por ahora, estas Google Glass son casi prototipos con un elevado precio (unos 1.600 dólares) y que sólo unos pocos pueden adquirir y menos todavía tienen la aprobación de Google para mostrar a los demás las gafas en esta labor de evangelización.

 

 

Se espera que las Google Glass lleguen al mercado no antes de finales de 2014, entre otras cosas porque al ser una nueva categoría de producto, Google tiene mucho interés en darle “la forma correcta” y quiere evitar que una fecha de salida prematura trunque el futuro de las gafas. Así, de momento vamos a tratar de explicar que son hoy las Google Glass y tratar de ver cómo pueden cambiar nuestras vidas tecnológicas.

 

Por fuera

Lo primero que llama la atención de las Google Glass cuando las tienes delante es eso… que no llaman la atención. Quizá cuando ves las fotos en Internet crees que todo el que las lleva tiene un aspecto de cyborg, o de profesor loco, o algo así, pero cuando conocimos a Víctor Sánchez, tardamos unos segundos en darnos cuenta de que ya llevaba las Google Glass puestas y no sencillamente unas gafas de sol. Por supuesto, sin los cristales que se colocan en las gafas para hacerlas unas gafas de sol (o unas gafas convencionales), son mucho más indiscretas, pero nos ha llamado la atención lo desapercibidas que pasan en general. Este es sin duda uno de los puntos “peliagudos” de las Google Glass, ya que las gafas pueden hacer fotografías y grabar vídeo con una terrible discreción. Y no sólo pasan desapercibidas sino que, al menos en esta versión, no hay nada que indique que están haciendo una foto o grabando un vídeo.

 

La experiencia

Una de las cosas que a uno más le intriga con respecto a las Google Glass es “qué se siente” al usarlas. Y lo cierto es que esa “sensación” o “experiencia” es distinta a la de cualquier otro dispositivo electrónico: es distinto que un smartphone, que un ordenador o que unas gafas de visualización como las que usas para ver películas o juegos. Con las Google Glass, una vez ajustadas, sólo notas una tenue zona borrosa en tu campo de visión en la parte superior derecha al elevar al mirada. No están allí continuamente, porque están pensadas para no estorbarte, sino que tienes que buscar su imagen con los ojos, lo que hace que cuando las estás usando, sin darte cuenta parece que tienes una especie de “tic” en la mirada. Esto es algo que puedes comprobar si tienes la oportunidad de charlar con alguien que las está usando, enseguida notarás que a veces hace un gesto extraño con el ojo y es sencillamente que está mirando la imagen de las gafas.

Como hemos comentado, la imagen se ve como un recuadro en la zona superior derecha de tu campo de visión. Esta imagen se ve pequeña pero muy nítida, como si fuese un panel de información que surge en tu visión de la realidad. Por otro lado, el contraste y el brillo dependen de a dónde estés mirando y varía mucho cuando estás mirando a un lugar en sombra o a una zona muy iluminada. Otra cosa a la que hay que adaptarse es a la colocación de las gafas, porque depende de cómo la pongas verás mejor o peor la imagen, o más “dentro” o más fuera de tu campo de visión. Esto, al principio cuesta un poco más pero después es algo muy rápido y natural, según nos explica Víctor Sánchez.

 

 

La idea es que la información que te ofrecen las Google Glass se superponga a lo que estas viendo y no lo sustituya. Es como tener una “ayuda” que se une a tu experiencia real, de manera que no tienes que ir cambiando entre lo que ves en tu dispositivo y en la realidad porque ves las dos cosas al tiempo. Así, la sensación es muy especial y enseguida te das cuenta de los novedoso que es y de las posibilidades que tiene.

 

 

El sonido, por su parte, se transmite por vibración sobre el hueso de la cabeza, en lugar de necesitar un auricular. Esto tiene la ventaja de que hace las gafas más cómodas y permite que su sonido no interfiera en lo que escuchas del exterior. Sin embargo, en nuestras pruebas nos ha parecido que el sonido no tiene mucho volumen y a veces, las respuestas de voz no son del todo inteligibles cuando hay ruido ambiente. Así, no tenemos claro que puedas tener una conversación telefónica en un lugar ruidoso con las gafas, de manera que quizá podría haber un auricular complementario que puedas conectar al estilo de los manos libres Bluetooth (aunque lo cierto es que ya serían muchos aparatos en la cabeza).

 

 

En este vídeo oficial de Google tienes una (algo dulcificada) aproximación a lo que se siente con las Google Glass y como es la interacción con el dispositivo. Será más aproximada, por supuesto, si como en el vídeo, en un mismo día montas en globo, saltas en paracaídas, haces patinaje artístico, muestras modelos en una pasarela o desciendes en snowboard antes de correr por el aeropuerto, mientras tus Google Glass te indican a qué puerta de embarque te debes dirigir.

El manejo

Como casi todo el mundo sabe, las Google Glass se manejan usando comandos de voz al estilo de los asistentes como Siri de Apple o Google Now. Por el momento, las gafas sólo entienden órdenes en inglés, pero nos ha sorprendido que no tienes que tener un “inglés nativo” o una pronunciación muy perfecta para usarlas. Según nos explica Víctor Sánchez, propietario de las gafas, aunque de momento estén en inglés, la tecnología de reconocimiento de voz está ya en castellano porque es la misma que usa Google Now, de manera que no habrá problema en este sentido cuando las gafas salgan al mercado dentro de casi un año.

 

 

Además del manejo por voz, las gafas se usan con una banda táctil en la patilla derecha que funciona de forma parecida a la “Click Wheel” de los antiguos iPod. Con ella vas deslizando hacia atrás o hacia delante y puedes hacer tap o doble tap para seleccionar elementos o activar funciones. Esta es también una de las cosas  a las que tienes que acostumbrarte (aunque es cuestión de minutos), ya que parece que es muy fácil de usar, pero como no estás mirando la patilla de las gafas, tienes que hacer como un violinista y (salvando las distancias) saber dónde está la patilla para hacer tap o deslizar sin mirar.

Por otro lado, las gafas no sólo se activan con las órdenes de voz o con la interfaz táctil, sino que son capaces de interpretar tus giros de cabeza, de manera que pueden hacer cosas muy impresionantes, como por ejemplo, usar un navegador GPS en el que la imagen se va orientando a medida que mueves la cabeza, de modo que ya no tienes que estar moviendo el smartphone para ver en qué dirección tienes que ir, porque sencillamente al mover la cabeza vas viendo cómo cambia el mapa.

 

Las aplicaciones

Como hemos mencionado, las Google Glass superponen información a tu visión de la realidad, de manera que, a partir de ahí, la imaginación es el límite. En nuestras pruebas del dispositivo, hemos visto como puedes, desde hacer búsquedas en Internet, consultar los mensajes de correo electrónico, leer páginas web (en versión “mobile” de momento), hasta usar aplicaciones de videoconferencia como las que desarrolla Mashme.tv, o dejarte guiar por un navegador GPS que te indica en qué dirección debes avanzar de la manera más natural que hemos visto nunca. Además, es curioso que las gafas guardan una especie de historial temporal del uso que has hecho de ellas a lo largo del día, de manera que deslizando hacia atrás puedes volver a consultar ese e-mail que has leído hace una hora o recordar la reunión que has tenido por la mañana. Es como una especie de “diario de sesiones” que te puede servir mucho de ayuda si eres algo despistado. Lo que no hacen las gafas (y sería ciertamente una función que a algunos nos encantaría) es recoger además instantáneas de manera desatendida, algo que sería muy interesante para tener una especie de “diario de vida” como si fuese una película de las que se toman a intervalos o “time lapse”. Así, cuando al llegar a casa te pregunten “¿que tal el día?” podrías contarlo con todo detalle… y hasta con fotografías.

Vídeo y fotografía

Como hemos mencionado, otra de las funciones que destacan los usuarios de las Google Glass son las funciones para tomar fotografías o grabar vídeo en primera persona. Las gafas se sujetan de forma muy sólida, de manera que puedes usarlas como una cámara deportiva y grabar cuando corres, montas en bicicleta o cuando juegas al baloncesto sin mucho problema. Además, llevar las gafas te evita, primero tener que hacer el gesto de sacar el móvil o la cámara y activarlos (una maniobra peligrosa si vas conduciendo o en bicicleta), y después el tener que sujetar el smartphone o la cámara mientras grabas o haces la foto.

 

 

¿Hechas para espías y cotillas? En este punto es en el que surge la controversia con respecto a las Google Glass y la privacidad ya que, como hemos mencionado, en esta primera versión las gafas no llevan nada que indique que estás grabando o que has hecho una foto. En la versión final, Google ha indicado que podría haber algún tipo de LED indicador de que la cámara está grabando, pero es evidente que será fácil que surjan aplicaciones o modificaciones de las gafas que eliminen este testigo.

Así, en el futuro tendrás que acostumbrarte a que, cuando te miren con unas Google Glass, podrían estar grabándote, igual que cuando ves a alguien que saca un smartphone, puede estar discretamente grabando un vídeo. Por eso mismo, si entras en un vestuario con ellas puestas, no te asombres si la gente se siente molesta y, del mismo modo, si te sientas en el tren con alguien enfrente que lleva unas Glass, quizá le puedes pedir amablemente que no te grabe o sencillamente cambiarte de asiento (lo mismo que pasaría si ves que saca un smartphone y que lo sujeta en una postura en la que podría estar grabándote).

La cuestión es que, igual que hemos tenido que asumir que hay cámaras en nuestros teléfonos, tabletas y en todo tipo de gadgets, así como en comercios y en casi cualquier sitio público; tendremos que acostumbrarnos a que las hay en dispositivos como las Google Glass. Por supuesto, surgirán problemas como estos y habrá lugares en los que incluso pueda prohibirse su uso, pero sencillamente tendremos que ir adaptando nuestras costumbres como hemos hecho con otros dispositivos.

 

Una nueva experiencia… ¿para todo el mundo?

Como hemos mencionado, la experiencia de usar un dispositivo como las Google Glass es realmente nueva e interesante, y el cómo te muestra la información junto a tu visión real tiene unas posibilidades impresionantes. Sin embargo, para convertirse en un dispositivo de uso masivo, todavía tiene algunas barreras que superar. La primera, está relacionada con el manejo de las Google Glass. Aunque nos hemos adaptado a los ratones de los ordenadores y a las interfaces táctiles de tabletas y smartphones, la mayoría de los usuarios no estamos acostumbrados al manejo de dispositivos por voz (sólo hay que ver el limitado éxito de tecnologías como el asistente Siri de Apple). Por otro lado, tampoco están desarrolladas las interfaces para un dispositivo como las Google Glass. Lo único que tienes ahora mismo es la superficie táctil de la patilla en la que puedes deslizar hacia un lado u otro, o hacer tap y doble tap con el dedo. Del mismo modo, hay aplicaciones como las mencionadas de los mapas que funcionan con la orientación de la cabeza usando los acelerómetros y el giróscopo del dispositivo. Sin embargo, nada impide que las gafas tengan en el futuro otros botones extra o que incorporen formas alternativas de manejo como el control ocular, de manera que con todo esto (o con las nuevas formas de interactuar que surjan) es con lo tendremos que “aprender” y “definir” esta nueva categoría de dispositivo.

En conclusión, y con la humildad de haberlas probado sólo de manera muy rápida, lo que podemos decir es que hemos pasado de ser bastante escépticos con respecto a las Google Glass, a ser casi “creyentes”. Es verdad que es un producto que tiene mucho que madurar y que definirse, y en el que los cambios y mejoras que surjan en el hardware pueden tener un impacto importante. Por ejemplo, tenemos el hecho de dónde y cómo están colocadas las gafas y el campo de visión que ocupan: hoy en día, como hemos explicado, la imagen de las Google Glass es un pequeño cuadro que debes buscar con la mirada, pero en el futuro, las gafas podrían moverse a voluntad para ocupar el lugar que desees en tu campo visual, así como para mostrarte una imagen más pequeña o más grande según necesites.

Del mismo modo, aunque ya hay muchas aplicaciones nacidas para las Google Glass, en realidad estamos todavía adaptando funciones e interfaces que vienen de dispositivos como los smartphones y los ordenadores, pero en el futuro iremos viendo aplicaciones que darán una mayor entidad y utilidad a las gafas y que probablemente no serían útiles en otros dispositivos. Esto es lo que hace que, como nos explica Víctor Sánchez, para crear programas para las Google Glass es necesario que tengas unas, y no basta con sencillamente tener las herramientas de programación o un emulador en el ordenador, porque tienes realmente que sentir lo que se percibe con las gafas y cómo interactúas con las aplicaciones que estás creando.

Como decía hace algunas semanas Tim Cook, CEO de Apple, las Google Glass no son a día de hoy un producto para un público masivo, pero yo no les perdería la pista porque en muy poco tiempo pueden ser mucho más que un gadget para fanáticos de la tecnología y convertirse en ese nuevo dispositivo que cambie nuestras vidas, como han hecho el teléfono, la televisión, los ordenadores, Internet o los smartphones. Por nuestra parte, ya estamos deseando tener unas, pero como parece que hasta dentro de un año no estarán disponibles, de momento: “OK Glass… ten paciencia”.

Desde TICbeat queremos dar las gracias a Víctor Sánchez Belmar, CEO de Mashme.tv, por su amabilidad y su genial demostración de las Google Glass.

 

Sobre el autor de este artículo

Daniel de Blas

Periodista especializado con más de 18 años de experiencia en tecnología. He sido director de publicaciones como Macworld (dedicada al mundo Apple) o TechStyle (dedicada a electrónica de consumo).